Faltaban apenas unas horas el viernes pasado para la presentación en el Espacio Telefónica de Madrid de Donde el agua trabaja, la novela ganadora del I premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat. El libro había llegado hace unos meses a las tiendas de México, Colombia y Argentina y desembarcaba ahora en España. El autor premiado con 20.000 euros, David Silva Rojas, peruano de 46 años que ha vivido dos décadas en Japón y es abogado, se había desplazado a Madrid y tenía previsto seguir la gira de presentación este mes de octubre por Barcelona, Sevilla y Cádiz. Pero el plan se truncó abruptamente cuando EL PAÍS dio la noticia de que su libro está escrito por IA al 99%, según el detector Pangram, como pudo comprobar este periódico.
El programa Pangram señala que el libro de David Silva Rojas, ‘Donde el agua trabaja’, está escrito por IA al 99% y la editorial Almadía anuncia una revisión en profundidad
Faltaban apenas unas horas el viernes pasado para la presentación en el Espacio Telefónica de Madrid de Donde el agua trabaja, la novela ganadora del I premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat. El libro había llegado hace unos meses a las tiendas de México, Colombia y Argentina y desembarcaba ahora en España. El autor premiado con 20.000 euros, David Silva Rojas, peruano de 46 años que ha vivido dos décadas en Japón y es abogado, se había desplazado a Madrid y tenía previsto seguir la gira de presentación este mes de octubre por Barcelona, Sevilla y Cádiz. Pero el plan se truncó abruptamente cuando EL PAÍS dio la noticia de que su libro está escrito por IA al 99%, según el detector Pangram, como pudo comprobar este periódico.
La presentación y la gira fueron suspendidas. Silva Rojas no ha hecho declaraciones y ha regresado a Perú. El sello Almadía sí emitió un comunicado en el que señala la relación de confianza entre autor y editorial como una base fundamental de su labor y subraya que “desde la apertura de la convocatoria, las bases y el protocolo del premio establecieron la prohibición del uso de inteligencia artificial en la escritura de las obras”.
En esta primera edición del premio el equipo de la editorial hizo una primera criba entre los más de 2.000 manuscritos recibidos y dejó en 100 las obras seleccionadas. De ahí, un nuevo corte que las redujo a 25 hasta que finalmente el jurado deliberó sobre 10 obras hasta elegir Donde el agua trabaja como la ganadora.
Silva vivió desde muy joven en Japón y su formación literatura se consolidó en los programas de escritura dramática de Gagoi y en talleres del guion del NHK Buna Center, señala su biografía. Según fuentes de la editorial, el viernes se puso en contacto con el autor, que en medio de un ataque de ansiedad, logró calmarse e hiló algunas frases: Silva Rojas se ofreció a dejarse investigar con profundidad, enseñar el trabajo de escritura previo y someterse a cualquier pesquisa para demostrar su inocencia.
¿Pude ahora una investigación interna de la editorial Almadía desmentir las conclusiones de Pangram? Imaginando que el autor mostrara los avances en el proceso creativo, sus manuscritos anteriores y la evolución del texto, ¿es posible borrar el juicio de una máquina o se tratará de ofrecer algún matiz?
El aterrizaje en la élite literaria de las sospechas del empleo de la IA en obras premiadas está siendo duro y en Almadía han aprendido que junto a programas de edición, distribución y comercialización, hoy hay que tener un programa que analice cada obra.
La editorial mexicana, dirigida por Guillermo Quijano, y para cuyo premio ha contado con las reconocidas escritoras Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda en el jurado, exponía que durante la lectura de la novela no pensaron que se hubiera usado IA generativa. Y señala: “Nos preocupa un escenario en el que confiemos a las máquinas la producción de textos y la autoridad definitiva para juzgar su procedencia. Los detectores pueden aportar información, pero sus resultados requieren interpretación”. La editorial realizará una “revisión detallada” antes de hacer públicas sus conclusiones. La segunda convocatoria del premio ya está abierta hasta el 22 de diciembre para novelas inéditas de entre 30.000 y 50.000 palabras escritas en español.
Este primer caso en la literatura en español de detección de escritura por IA en una obra premiada se suma a otras muchas polémicas, como la que ha rodeado en Francia a la obra C’était ça ou mourir, retirada de las candidatas al premio Goncourt. Su autor, el escritor haitiano-canadiense Thélyson Orélien, ha negado el uso de la IA, pero sí ha reconocido plagio en algunas de sus obras anteriores. “Como jurado observo que la presencia de novelas generadas parcial o totalmente por IA se ha convertido en algo habitual en los premios del último año”, apuntaba en redes sociales la escritora Espido Freire. Otros, como Jorge Carrión, han señalado que “los textos escritos por IA también han sido escritos por humanos: la IA no se ha escrito sola”, o se han preguntado, como Azahara Palomeque, “¿qué te hace escritor si no escribes?”.
Valerie Miles, editora de Granta en español y directora literaria del premio Diana Zaforteza, fallado esta misma semana, considera fundamental “apoyar a los editores que pasan por este trance” y reivindica el papel de los premios a obra inédita aunque “el número de manuscritos recibidos ha dejado de ser importante”.
En conversación telefónica con este periódico, Miles se refiere al caso del cuento del autor Jamir Nazir, publicado por la edición británica Granta, que negó haberlo escrito con IA, pero dijo haber usado softwares de dictado y haber utilizado su teléfono para editar el cuento. “En estas detecciones ¿qué es lo que se entiende por la escritura hecha por IA? Hay que ir con cuidado con los señalamientos hasta saber qué ha pasado exactamente”, dice, y recuerda que en sus clases en el máster de creación literaria en la Pompeu Fabra todos los textos son por defecto analizados para detectar plagios. “La cuestión es cómo marcar los límites. Quizá habrá que crear algún sello de calidad que certifique que se trata de una obra literaria hecha por una persona. Ha llegado el momento de hablarlo entre todos los editores y ver qué sistema se puede aplicar para la verificación de las obras”.
Tanto la recepción de manuscritos como las comprobaciones sobre la creación original de una obra tendrán que ser repensados, sostiene Miles. “En literatura comercial en el mercado anglosajón el único objetivo es vender y por eso no importa si está hecho con IA. Se ha impuesto esa postura. Pero en la creación literaria hay que proteger la labor humana y ver cómo se hace”. Mientras se instaura por defecto el empleo de filtros que permitan detectar el uso de IA de los manuscritos y se marcan las normas a seguir, la tecnología sigue avanzando y el mundo literario se juega su prestigio.
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