Aventuras con un parche en el ojo

Una leve intervención ocular que me ha hecho llevar tapado el ojo izquierdo unos días y luego ver muy borroso (no se les ocurra ir a visitar así, como hice yo, la exposición Desenfocado, que acoge ahora Caixaforum Barcelona) me ha conducido a repasar la lista de grandes personajes tuertos de la historia y la ficción. Cuando vives la experiencia en tu propia piel, descubres, aparte del aire aventurero y fiero que te da el parche, lo de muy mala leche que te pone no ver por un lado, y lo difícil que es, por ejemplo, batirte en duelo o mirar por un catalejo si te equivocas de ojo.

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 Una leve intervención ocular invita a repasar la lista de grandes personajes tuertos de la historia y la ficción  

Una leve intervención ocular que me ha hecho llevar tapado el ojo izquierdo unos días y luego ver muy borroso (no se les ocurra ir a visitar así, como hice yo, la exposición Desenfocado, que acoge ahora Caixaforum Barcelona) me ha conducido a repasar la lista de grandes personajes tuertos de la historia y la ficción. Cuando vives la experiencia en tu propia piel, descubres, aparte del aire aventurero y fiero que te da el parche, lo de muy mala leche que te pone no ver por un lado, y lo difícil que es, por ejemplo, batirte en duelo o mirar por un catalejo si te equivocas de ojo.

Cada cual tendrá sus tuertos favoritos, pero yo, si he de escoger, me quedo de entrada con dos, uno real y otro ficticio. El primero es Claus von Stauffenberg, el valiente coronel del Estado Mayor alemán que le puso la bomba a Hitler en las postrimerías de la II Guerra Mundial. Stauffenberg había perdido el ojo izquierdo (el mismo que llevo tapado mientras escribo estas líneas) en Túnez, en febrero de 1943, a causa de un ataque aéreo que le costó también la mano derecha y dos dedos de la izquierda, entre otras heridas. Cómo, mutilado así, pudo introducir y montar su artefacto explosivo en la Guarida del Lobo es sorprendente (y explica en parte que fallara). Me imagino la sensación opresiva de sentirte tan limitado en el cuartel general del Führer, rodeado de tantos nazis y observando a Hitler solo a medias, y se me hace un nudo en el estómago. También me pongo con mucha angustia en el lugar de Stauffenberg mirando con su único ojo en sus últimos momentos al pelotón de fusilamiento a la luz de los faros de un coche en el patio del Bendlerblock, la noche de la fracasada Operación Valquiria.

Como al mutilado conde, le faltaba un ojo también a otro arrojado personaje de la segunda contienda, John Pendlebury, arqueólogo y agente británico fusilado por los enojados paracaidistas alemanes —Pendlebury había organizado la correosa resistencia local— durante la sangrienta invasión aerotransportada de Creta en mayo de 1941. En este caso, el ojo era también el izquierdo, aunque la pérdida fue de niño al herirse con unos espinos. Ambos, Stauffenberg y Pendlebury empleaban ojos de cristal (yo no he tenido que llegar a tanto, afortunadamente), alternando con el parche. Y se cuenta que Hitler pidió que le enviaran el ojo (artificial) del británico para certificar su muerte. Un tercer militar sin un ojo que combatió en la Segunda Guerra Mundial es el muy condecorado francocanadiense Léo Major, le fantôme borgne, el fantasma tuerto, que lo perdió (el izquierdo) en 1944, poco después de desembarcar en Normandía y a causa de la granada de fósforo arrojada por un SS. Ello no fue óbice para que continuara en la brecha y hasta como francotirador (!), y capturara en los Países Bajos, él solo, a 93 soldados alemanes, con lo complicado que sería contarlos. Luego se reenganchó para luchar en la guerra de Corea. Varios pilotos volaron con un único ojo en la segunda contienda, entre ellos el piloto de Zero japonés Saburo Sakai. El as de la Luftwaffe Karl-Wilhelm Hofmann usaba un parche porque a resultas de una herida en el izquierdo, no enfocaba bien.

Decía que tengo un tuerto de ficción favorito, y este es el inolvidable vikingo Einar que encarna Kirk Douglas en Los vikingos, de Richard Fleischer (1957). A Einar, que había perdido el ojo (también el izquierdo: estoy en sintonía) al lanzarle a la cara su rival y hermano putativo Eric (Tony Curtis) un halcón, que ya es manera de que te desgracien la vista, le recuerdo sobre todo tratando de ajustar la visión con el parche para lanzar hachas a fin de cortar las trenzas a una joven acusada por su marido de adulterio (con el propio Einar). Eso es más desaconsejable con un solo ojo incluso que visitar la exposición Desenfocado.

En lo de perder un ojo, por cierto, Einar no hacía sino seguir la tradición escandinava que nos lleva a otro ilustre tuerto, el dios Odín, del que se dice que sacrificó uno de los suyos (de nuevo el izquierdo) para obtener el don de la visión profética. Los cómics de Thor y sus versiones cinematográficas muestran a su padre Odín con un parche dorado, incluso a veces integrado en el casco asgardiano. Sin salir de Marvel, tenemos ese gran tuerto (ojo izquierdo, a causa de la metralla nazi) que es Nick Fury.

Si hablamos de parches en el ojo, es obligado referirnos a los piratas. El más famoso de ficción, Long John Silver no llevaba (bastante tenía con lo de la pierna), pero la iconografía clásica suele brindarnos piratas, bucaneros y corsarios tuertos, entre ellos el patoso Ragetti de Piratas del Caribe. En realidad, parece que el uso del parche era para conservar la buena visión de al menos un ojo al pasar de la cubierta del barco a los niveles inferiores y viceversa sin deslumbrarse, de forma que se podía apuntar mejor las armas personales y la artillería del buque. No sabría decir, aún no he practicado lo bastante. El único otro pirata con problemas de visión que me viene a la cabeza es Pew, nefasto y malhadado mensajero de La isla del tesoro, pero era totalmente ciego: no sé si vale por dos piratas tuertos.

En el mundo clásico tenemos los cíclopes, a los que se puede considerar bastante tuertos. Las hermanas grises, engañadas por Perseo, tenían un solo ojo para las tres. Uno de mis romanos favoritos, Horacio Cocles, el héroe del puente Sublicio y de Macaulay, capitán de la puerta, defensor de las cenizas de sus padres y los templos de sus dioses, se apellidaba así, Cocles, por ser tuerto, a causa de un combate según algunas fuentes. Curiosamente, al igual que Cocles, uno de los personajes míticos de Roma, era tuerto también el mayor enemigo que tuvo la ciudad eterna: Aníbal. El general cartaginés perdió el ojo derecho (y todos sus elefantes menos uno, que debían costar un ojo de la cara, y perdón por el chiste) durante el arduo cruce de los Alpes para invadir Italia, lo que no le afectó para conseguir victorias con gran visión estratégica como la de Trasimeno o la de Cannas.

Tuerto asimismo (ojo derecho), a causa de una flecha que le hirió durante la campaña contra la colonia ateniense de Metone, era el padre de Alejandro Magno y creador del ejército que le permitió conquistar Asia, Filipo II de Macedonia. Le trató la herida (gracias desde aquí por la información oftalmológica a los doctores Miserachs y Castillo) el célebre médico griego Critóbulo, un as en el uso de la así llamada “cuchara de Diocles”, instrumento muy efectivo para retirar puntas de flecha.

No tuvo la suerte de Filipo de sobrevivir a un flechazo en el ojo el rey sajón Harold, alcanzado durante la batalla de Hastings (1066), así que solo podemos considerarlo tuerto un rato muy corto. También sería tuerto Hagen, el legendario guerrero rival y némesis de Sigfrido, lo que no le impidió acertarle al héroe donde más le dolía.

Entre los militares famosos tuertos destaca, por supuesto, Moshé Dayán, al que le quedaba el parche como a nadie (he tratado de colocármelo así y no es fácil, claro que yo tengo mucho más pelo). Perdió el ojo (izquierdo) cuando luchaba en la Segunda Guerra Mundial contra los franceses de Vichy, al recibir un disparo mientras miraba por los prismáticos y entrarle cristales en el globo ocular. He de matizar que si buscamos a alguien que haya ejemplificado lo bien que puede quedar un parche de ojo (en este caso provisionalmente) hemos de referirnos a Alain Delon encarnando al guapo Tancredi Falconeri, el oportunista sobrino garibaldino del Príncipe Fabrizio de El Gatopardo. Ahora caigo en la casualidad de que un tuerto que nos impactó tanto en nuestra juventud (gracias por recordármelo, Toni Polo), el irredento malvado Falconetti de Hombre rico, hombre pobre, tenía un apellido casi homónimo del personaje de Lampedusa. ¿Casualidad o un guiño (!) del novelista Irwin Shaw al clásico?

También era tuerto el general Wavell (ojo izquierdo, Ypres). Y en la ficción, al igual que el Stauffenberg de Tom Cruise en Operación Valquiria, el coronel de la Abwehr Max Radl (James Duvall) en otra película de nazis: Ha llegado el águila. Ah, y casi me dejo al almirante Nelson (ojo derecho, al entrarle tierra de un cañonazo en el asedio de Calvi), que debía guiñarle el bueno a Lady Hamilton. Entre las mujeres tuertas, la princesa de Éboli (gran combinación de parche en ojo derecho con gorguera). Se le atribuye sufrir estrabismo (severo) o haber recibido una estocada de florete practicando con un paje, que es más romántico (y doloroso). Otra mujer con parche era la piloto de Fórmula 1 María de Villota (ojo derecho, terrible accidente como piloto de pruebas para Marussia en 2012, a resultas del que murió un año después tras parecer recuperarse).

En este repaso no podemos dejar de mencionar cuántos directores de cine han sido, paradójicamente, tuertos: Fritz Lang, John Ford, Raoul Walsh, Nicholas Ray y —da que pensar— no les salieron malas películas. Sin dejar el cine, mezclando actores y personajes, Rochefort, el secuaz de Richelieu, que lleva parche en las adaptaciones cinematográficas de Los tres mosqueteros, pero no en la novela; Elle Driver, la asesina tuerta de Kill Bill; Sammy Davis Jr., Peter Falk (retinoblastoma en el ojo derecho), el Snake Plissken de Kurt Russell de Rescate en Nueva York (1980), la aviadora naval Francesca Cook de Angelina Jolie en Sky Captain and the World of tomorrow, el villanesco Diácono de Dennis Hopper en Waterwold, el pistolero cazarrecompensas Rooster Cogburn de John Wayne y (remake) Jeff Bridges en Valor de ley… Incluso a Sauron lo podríamos considerar tuerto, ya que estamos.

Pintores como Degas sufrieron problemas oculares. No olvidemos al torero del parche, Juan José Padilla, El pirata (ojo izquierdo, cornada). Entre los escritores, Alice Walker, Tísner y Joyce (glaucoma, ojo izquierdo). Y Rushdie, tras el último atentado.

Y hasta aquí hemos llegado, que se me emborrona ya la vista: “Este que —de Neptuno hijo fiero—/ De un ojo ilustra el orbe de su frente,/ Émulo casi del mayor lucero”, Polifemo.

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