Una noche en el Reina Sofía, cuando El Guernica se queda a oscuras

Cuando se apagan las visitas, comienza otra vida; pasillos vacíos, linternas encendidas y un museo que nunca duerme del todo Cuando se apagan las visitas, comienza otra vida; pasillos vacíos, linternas encendidas y un museo que nunca duerme del todo  Cuando se apagan las visitas, comienza otra vida; pasillos vacíos, linternas encendidas y un museo que nunca duerme del todo EL PAÍS

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