¿Pizza de E.T. hecha con mortadela? Así son las creaciones de Asier Sanz que aparecen en ‘Pizza Movies’

“Estas pizzas parecen hechas por un niño”. Eso dice alguien en un momento de la película Pizza Movies, de Carlo Padial (cuyo guion firman también Desirée de Fez y Carlos de Diego), en la que una crítica de cine en crisis con su profesión (Judit Martín) decide dejarlo todo y montar junto a su marido (Berto Romero) una pizzería donde toda la carta está inspirada en clásicos de Hollywood como Parque Jurásico, E.T. El extraterrestre, Indiana Jones o Psicosis.

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 Inspiradas en escenas y personajes icónicos del cine, las obras de este humorista gráfico y artista del ‘collage’ se han convertido en la sensación de ‘Pizza Movies’, la cinta protagonizada por Judit Martín y Berto Romero  

“Estas pizzas parecen hechas por un niño”. Eso dice alguien en un momento de la película Pizza Movies, de Carlo Padial (cuyo guion firman también Desirée de Fez y Carlos de Diego), en la que una crítica de cine en crisis con su profesión (Judit Martín) decide dejarlo todo y montar junto a su marido (Berto Romero) una pizzería donde toda la carta está inspirada en clásicos de Hollywood como Parque Jurásico, E.T. El extraterrestre, Indiana Jones o Psicosis.

Pero resulta que esas pizzas no están hechas por un niño, sino por el ilustrador, humorista gráfico y artista del collage Asier Sanz (Bilbao, 1969), aunque sí que es posible que haya algo de inspiración infantil en ellas. “Yo empecé a hacer caricaturas con comida porque, en los desayunos, jugaba con mi hija a hacer dibujos con las cosas que sobraban en la mesa. Las poníamos en un plato y hacíamos una especie de monstruitos con dos avellanas, un poco de ColaCao y un trozo de lechuga mordisqueada”. Tras ese descubrimiento fortuito, Asier empezó, literalmente, a jugar con la comida para crear unos collages que le han traído muchas alegrías. El primero con el que se hizo viral fue uno que le dedicó a Donald Trump en 2017, a quien retrató con varias lonchas de mortadela y un plátano emulando su característico peinado. “La verdad es que yo mismo, haciendo estas cosas, me siento como un niño”, reconoce.

Asier llegó al proyecto de Pizza Moviesgracias a Xabier Uria, productor audiovisual y codirector del Festival Internacional de Cortos y Videoclips Caostica de Bilbao, que le dio su nombre a Carlo Padial cuando este andaba en busca de alguien que pudiera hacer las peculiares creaciones gastronómicas que aparecen en la película. El director barcelonés le pasó a Asier los 15 títulos que barajaba para las pizzas de la cinta y le pidió una de prueba. Asier le envió un vídeo con una Marilyn Monroe hecha con jamón de York, lonchas de queso y medio tomate cherry como boca y recibió un rotundo “sí” de Padial. “Como dirían en Casablanca, ese fue el comienzo de una gran amistad”, cuenta el artista.

Para la película buscaban que las pizzas tuvieran gracia y algo de fantasía, que fueran especiales, pero que al mismo tiempo pareciera que las podía hacer cualquiera, que tuvieran ese toque de torpeza e imperfección. Todas fueron hechas a mano, minuciosamente, por Asier en el set de rodaje en Barcelona. Y aunque las películas estaban claras desde el principio, hubo un cierto margen para la improvisación. La pizza que homenajea a 2001: Una odisea del espacio nació al final de una de las jornadas, con los pocos ingredientes que quedaban en la nevera: tomate, unas aceitunas y un huevo, cuya yema recrea el “ojo” anaranjado de la inquietante computadora HAL 9000.

“Cuando trabajas con comida real tienes que tener cuidado, porque a medida que pasa el tiempo los ingredientes cambian. El borde del queso se pone feo, los espaguetis se van quedando secos y ya no tienen la misma curvatura… Es como una labor de joyería fina”, explica Asier. De hecho, tiene muy claro que el negocio de Pizza Movies solo puede funcionar en la ficción, porque en el momento en el que mueves un poco las pizzas, los ingredientes se descolocan y se desvirtúa el parecido de los retratos. Y, sobre todo, porque estarían malísimas. En ellas, prima la estética sobre el sabor. “Por ejemplo, en la de Indiana Jones, el pantalón lo hice con ColaCao, la chaqueta con pasas de Corinto, y luego lleva aceitunas y queso provolone”. A ver quién es el valiente que se come eso.

Suena a cliché, pero lo cierto es que, en la película, las pizzas son un personaje más. Lo fueron, incluso, en el propio rodaje. “El último día que estuve ahí, las puse todas en fila sobre la mesa y me despedí de ellas. Les di las gracias por habérmelo hecho pasar tan bien y deseé que volaran muy alto. Estaba ahí todo el equipo y empezaron a aplaudir, fue muy emotivo. De alguna manera, yo siento que las cosas tienen su propia energía y siempre trato de llevarme bien con los alimentos, porque me tienen que dar su lado más mágico”, cuenta Asier.

El de Pizza Movies ha sido uno de sus proyectos más especiales, pero Asier se gana la vida, fundamentalmente, como humorista gráfico. Dibuja una tira diaria para el Grupo Noticias y lleva 35 años haciendo una tira en Deia después de los partidos oficiales del Athletic Club de Bilbao. Además, ha trabajado para El País Semanal, El Jueves, Mongolia o Mundo Deportivo, entre otros, así como para medios de Estados Unidos, Francia, Brasil o Nueva Zelanda, y ha recibido multitud de premios. “Me siento un privilegiado, porque empecé a publicar mis chistes en los periódicos con 20 años y ahí seguimos”.

Cuando empezó a crear caricaturas con comida, Asier descubrió un nuevo camino creativo. Desde entonces, dice que cada vez que va al mercado, entra en éxtasis. “Así me llegan muchas de las ideas. De repente, veo una berenjena y digo ‘joder, si es como la nariz del entrenador del Athletic’. Entonces la compro y empiezo a jugar con ella. Es muy divertido. Luego ya, dependiendo del personaje y de lo que me provoque, soy más o menos amable, más o menos satírico”. Los ingredientes que utiliza no siempre tienen un significado más profundo, pero sí que intenta que haya una cierta intención, tanto en la forma como en el fondo. “Al rey Felipe, por ejemplo, lo hice con mariscos. Estoy dando a entender que este tío debe vivir bien”. A veces, también ocurren casualidades: “Después de hacer a Trump con el plátano y las lonchas de mortadela me enteré de que, en inglés, cuando llamas a alguien ‘banana head’ [cabeza de plátano] le estás llamando loco, y que cuando dices que alguien está ‘full of baloney’ [en Estados Unidos, el baloney es un embutido similar a la mortadela] es que está todo el día diciendo tonterías. Así que es una imagen redonda, tanto a nivel visual como narrativo».

Esta caricatura de Trump llegó a exponerse en el Design Museum de Londres y fue la primera de las muchas que el artista y humorista le ha dedicado al presidente de Estados Unidos, a quien ha retratado con una chuleta, una manzana mordida, la yema de un huevo, lonchas de jamón y queso dentro de un pan de hamburguesa o un pollo frito, y fuera del ámbito culinario, con bayetas sucias y trozos de papel higiénico.

No es el único político que ha sido “víctima” de sus collages: a Angela Merkel la recreó, como no podía ser de otra manera, con patatas y salchichas, a Boris Johnson con los ingredientes típicos de un desayuno inglés, a Emmanuel Macron con queso y a Giorgia Meloni con trozos de melón. En el ámbito local, ha inmortalizado a Salvador Illa con butifarras o a José Luis Martínez-Almeida con patatas, pimientos y ajos, y también a personalidades fuera de la primera línea política, como el Papa Francisco —con granos de trigo y arroz—, Juan Carlos I —cuya cara apareció por sorpresa dentro de una ostra—, Elon Musk —a quien retrató con embutidos y espaguetis— o el golfista Jon Rahm —con un montón de legumbres—.

En sus collages a veces incluye elementos digitales, por lo general le gusta trabajar con comida y objetos reales, con los que va jugando hasta dar con el rostro que está buscando. “Las manos tienen su propia inteligencia. Igual tú has pensado una cosa, pero cuando te pones a trabajar, te sale otra. Y para mí eso es mágico”. Estos collages son pura prueba y error. Cada uno es una aventura nueva, pero como dice Asier, “hay que errar con entusiasmo. Hacer este tipo de trabajos siempre es una aventura, porque nunca sé cómo van a quedar, así que hay que arriesgar y, además, hay errores muy creativos que te acaban descubriendo cosas nuevas”.

 EL PAÍS

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