En una televisión plagada de programas de entrevistas que repiten una y otra vez invitados (¿cuántas veces han aparecido estas semanas José Sacristán, María del Monte o Lolita en sus televisores?¿Hay algo más por saber de su vida?), hay que reconocer a El hormiguero que, gracias a sus enormes datos de audiencia, constancia y veteranía, sigue reuniendo en su plató a invitados de lo más eclécticos y exclusivos (los más originales los tiene La revuelta). Un día van los Brangelina de su época, Tom Holland y Zendaya, y el día siguiente se te presenta junto a las hormigas el duradero jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo. Eso no significa, claro, que las entrevistas sean por ello más interesantes, pero los nombres que todos quieren, al menos los consiguen.
En una televisión plagada de programas de entrevistas que repiten una y otra vez invitados (¿cuántas veces han aparecido estas semanas José Sacristán, María del Monte o Lolita en sus televisores?¿Hay algo más por saber de su vida?), hay que reconocer a El hormiguero que, gracias a sus enormes datos de audiencia, constancia y veteranía, sigue reuniendo en su plató a invitados de lo más eclécticos y exclusivos (los más originales los tiene La revuelta). Un día van los Brangelina de su época, Tom Holland y Zendaya, y el día siguiente se te presenta junto a las hormigas el duradero jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo. Eso no significa, claro, que las entrevistas sean por ello más interesantes, pero los nombres que todos quieren, al menos los consiguen. Seguir leyendo
En una televisión plagada de programas de entrevistas que repiten una y otra vez invitados (¿cuántas veces han aparecido estas semanas José Sacristán, María del Monte o Lolita en sus televisores?¿Hay algo más por saber de su vida?), hay que reconocer a El hormiguero que, gracias a sus enormes datos de audiencia, constancia y veteranía, sigue reuniendo en su plató a invitados de lo más eclécticos y exclusivos. Un día van los Brangelina de su época, Tom Holland y Zendaya, y el día siguiente se te presenta junto a las hormigas el duradero jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo. Eso no significa, claro, que las entrevistas sean por ello más interesantes, pero los nombres que todos quieren, al menos los consiguen.
La visita este martes de Zendaya y Tom Holland (a riesgo de que mucho de su público ni los conozca) no ha sido más que un evento de pura promoción para hablar de Spider-Man: Brand New Day, que se estrena el 29 de julio en España. Incluso cuando se han salido un poco para mencionarLa Odisea y sobre cómo dirige Christopher Nolan, ya que ambos aparecen también en esa superproducción y además se estrena antes (el 16 de julio), hasta se han sentido incómodos. Porque los actores venían a España con Sony y la película de Marvel, y no por Universal y la historia homérica.
Por eso en este programa ya grabado han decidido que era mejor hablar de una de esas cuestiones que siempre dan dolores de cabeza a Pablo Motos: ¿Ya le han puesto cremallera para hacer pis al traje del lanzarredes?. La respuesta era sí. El presentador al menos esta vez se ha cohibido y ha decidido no repetir su clásico de cómo se ruedan las escenas de sexo en las películas. Más allá de eso, se dedicaron a vender una película que nadie ha visto todavía, dijeron que la cuarta entrega es más emocional, madura y con más enemigos mientras los protagonistas tratan de salvar su olvidado amor. De paso, Holland hasta colocó una promoción encubierta de la cerveza sin alcohol que él mismo ha creado (con sus manitas de superhéroe). Había que vender todos los productos.
Porque Holland ya sabe a lo que viene. Era la primera vez para Zendaya en El hormiguero (Motos tuvo que aprender a pronunciar su nombre), pero el inglés ya había estado aquí tres veces, desde que comenzó a interpretar a Spiderman en Capitán América: Civil War en 2016 y todavía no conocía a su mujer. Eso ayudó a que estuviera mucho más cómodo. Nada que ver con ese niño que acudió a la gala de los Goya por Lo imposible y que no entendía nada de lo que pasaba.
Como dos de las mayores estrellas del mundo, los dos ya tienen tablas para venderte una película, para enseñar a Pablo Motos a hacer ganchillo (el presentador dejó claro que no había visto ese material en su vida, no vaya a ser que dudemos de su hombría) o para poner caras de interesados mientras unos bomberos explican cómo funciona una capa para evitar que ardan las superficies y los bosques (“Mi objetivo es que todas las noches se aprenda algo en la tele”, avisa el presentador a sus invitados, como si el suyo fuera un programa cultural que no hubiéramos visto nunca). También dejaron dos recomendaciones cinéfilas. Holland apostó por Obsession, del youtuber Curry Baker, y Zendaya dijo que volvería a ver siempre Prisioneros(de su director de Dune, Denis Villeneuve) e Interestellar.
Pero no hubo preguntas por Rosalía en Euphoria, ni por su boda (que hoy mismo han confirmado), ni por la IA que se ha usado en internet para falsear esa celebración y ni siquiera por su relación, aunque las miradas de Zendaya ya hablaran por sí solas. Esto iba solo de Spider-Man, y esos más de mil millones que haría este superhéroe aunque se saltaran cualquier promo.
Este ha sido el culmen de un viaje/vacaciones que Zendaya y Tom Holland se han hecho estos días por un Madrid un poco tróspido. Que si compras en Las Rozas Village, que si cenar en Cava Baja en La Latina, que si abrir la fan zone de España para el Mundial… Solo faltaba ir a El hormiguero con Pablo Motos. Ni siquiera ha habido demasiadas entrevistas con la prensa, y la película no podía proyectarse. Cosas de Hollywood.
Tras 20 años en antena, ya no es noticia que Hollywood sea territorio de El hormiguero. Lejos quedaron las primeras visitas de Will Smith. Hoy todo está más controlado y medido. Salvo lo que viene en el previo y después de que se vayan los invitados. Antes de que entraran por la puerta, las hormigas estaban haciendo chistes de alargamientos. Cuando se fueron, la mesa de debate pasó a hablar de las heridas de Illia Topuria (Pablo Motos acudió con el boxeador a la Casa Blanca para ver a su amigo recibir una monumental paliza a gritos de USA), la corrupción de Leire o el caso Zapatero. Porque, no se olviden, mañana viene Feijóo, que también está de promoción, pero con una muy diferente.
EL PAÍS
