“Se atrevió con una masculinidad sensible, pero no débil”: de Olivia Rodrigo a TikTok, por qué The Cure obsesiona a esta generación

Pasó en el festival Glastonbury del año pasado. Olivia Rodrigo, estrella pop estadounidense de 22 años, sacó a un invitado sorpresa en su concierto en el escenario principal. “Posiblemente sea el mejor letrista que haya salido de Inglaterra”, dijo, y daba la bienvenida a “una leyenda de Glastonbury y mi héroe personal”. Se trataba de Robert Smith, vocalista y líder de The Cure, la banda ochentera que regresa al festival Primavera Sound este viernes en Barcelona y que sigue obsesionando a los más jóvenes. Aquellos himnos sensibles y crepusculares se han convertido un reflejo de las experiencias actuales. Además de inspirar y colaborar con nuevos artistas y bandas, canciones de hace casi medio siglo como Lullaby, Boys Don’t Cry o Pictures of You suenan en series, comedias románticas y novelas que exploran la nueva complejidad adolescente. Por eso no fue extraño ver a Rodrigo y Smith juntos sobre el escenario cantando otros dos hits imbatibles de la banda: Friday I’m in Love y Just Like Heaven. Cien mil personas corearon las letras al unísono. Todos se las sabían.

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 La banda vuelve al Primavera Sound este viernes convertida en referente inmortal, sonando en las series, películas y libros que exploran la adolescencia actual  

Pasó en el festival Glastonbury del año pasado. Olivia Rodrigo, estrella pop estadounidense de 22 años, sacó a un invitado sorpresa en su concierto en el escenario principal. “Posiblemente sea el mejor letrista que haya salido de Inglaterra”, dijo, y daba la bienvenida a “una leyenda de Glastonbury y mi héroe personal”. Se trataba de Robert Smith, vocalista y líder de The Cure, la banda ochentera que regresa al festival Primavera Sound este viernes en Barcelona y que sigue obsesionando a los más jóvenes. Aquellos himnos sensibles y crepusculares se han convertido un reflejo de las experiencias actuales. Además de inspirar y colaborar con nuevos artistas y bandas, canciones de hace casi medio siglo como Lullaby, Boys Don’t Cry o Pictures of You suenan en series, comedias románticas y novelas que exploran la nueva complejidad adolescente. Por eso no fue extraño ver a Rodrigo y Smith juntos sobre el escenario cantando otros dos hits imbatibles de la banda: Friday I’m in Love y Just Like Heaven. Cien mil personas corearon las letras al unísono. Todos se las sabían.

A diferencia de otras bandas ochenteras o noventeras que pasarán por el Primavera Sound hasta el sábado y que también tienen conexiones con las nuevas generaciones —el shoegaze de Slowdive se escucha en las revisiones queer del cine de Gregg Araki y triunfa en TikTok—, existen varias razones por las que el grupo gótico del thatcherismo más salvaje suene ahora que la angustia existencial tensa la mandíbula del 99%, que es la forma moderna de llamar a la clase trabajadora. The Cure trajo el giro afectivo del rock, no solo en la estética, sino en la forma, rompiendo a su manera con los cánones de género e identidad sin miedo al qué dirán. “The Cure se atrevieron a revelar un tipo de masculinidad poco representada: vulnerable, melancólica, introspectiva. Robert Smith apostó por significarse públicamente tan lejos del estereotipo rockero que él mismo ha acabado deviniendo un nuevo arquetipo. De algún modo, muestra a un hombre afectado pero no afeminado, sensible pero no débil, soñador pero no ingenuo. Y sobre todo, un hombre que no representa una amenaza para las mujeres”, apunta el crítico y divulgador cultural Oriol Rosell. Además de por lo evidente —la inmortalidad de su música—, la fluidez estética y sentimental de la banda no ha sido el único motivo por el que sigue fascinando.

Para Rosell, autor del ensayo musical Un cortocircuito formidable (Alpha Decay), Robert Smith no solo es quien se pinta la raya del ojo quejándose de que los chicos no puedan llorar, es un espejo para romper con los mandatos heredados. “Smith es una figura sumamente atractiva para los chicos que no se sienten cómodos con la idea del éxito-por-la-fuerza que impone el canon rockero. Justamente esta libertad, la posibilidad de zafarse de lo tradicional —que simultáneamente reconoce la “profundidad” de quien la ejerce—, es lo que hace que lo emo siga apelando a tantos jóvenes. De algún modo, significa reconocerlos como personas ‘complejas’, multidimensionales”, aclara.

Eso explica que, aunque les separaban 44 años de diferencia, el dúo de Olivia Rodrigo y Robert Smith en Glastonbury cruzara todo nicho algorítmico en redes. Referente de mileniales, zetas y alphas, la veinteañera que se convirtió en fenómeno global con una balada sobre sacarse el carné de conducir a los 17 tras su primera ruptura amorosa entonaba los himnos sentimentales de sus padres (Generación X) y de los boomers tardíos. No se podía oficiar mejor tregua en la guerra generacional. La banda de Robert Smith ha inspirado parte del tercer álbum de estudio de la artista, You Seem Pretty Sad for a Girl So in Love, que se pondrá a la venta el próximo 12 de junio pero del que ya se han avanzado dos canciones: Drop Dead —cuyo tercer verso es “Te sabes toda la letra de Just like Heaven”— y, homenajeando ya en el nombre, The Cure. Cuando The New York Times preguntó a la artista por qué un grupo de rock formado en 1976 en Crawley ha influido tanto a una chica de California que nació en el siglo XXI, ella lo tuvo claro: “Al componer canciones, el sentimiento siempre es lo primero. Yo siempre había sido fan de The Cure, pero desde que conocí a Robert Smith y pasé tiempo con él, volví a escuchar a todas esas bandas de new wave. Quería escribir canciones sobre cómo se siente al estar enamorada. Y el amor se siente así para mí: es esa vibración, es esa cualidad emocional”.

Rodrigo no está sola homenajeando a la banda. Johnny Marr, guitarrista de The Smiths, ve en Billie Eilish, otra diva de nueva generación, a “la versión moderna de The Cure”. El trío escocés de electrónica pop Chvrches colaboró con Robert Smith para su tema How Not To Drown y Phoebe Bridgers, que acaba de sobrepasar la treintena, ha versionado Friday I’m in Love en el romance juvenil que reventó la audiencia del nuevo consumo por atracón en las series: El verano en que me enamoré. No es la única serie de instituto que tira de su repertorio emo. En Sex Education sonó Boy’s Don’t Cry y en Stranger Things, A Forest.

Se ha analizado por qué The Cure es un grupo reincidente en las comedias románticas del cine y es la banda en la que también se refugiaba Blanca, la adolescente protagonista de Fuego en la garganta, la novela de Beatriz Serrano que fue finalista del Planeta en 2024. Su heroína es una extraña en su casa, en su instituto y en la ciudad en que vive. “Que a ella le guste The Cure, igual que más adelante se interesa por Joy Division, no es circunstancial. Esa banda sonora recoge ese momento trascendental vital donde dejas de mirar hacia adentro, dejas de fijarte en tus padres, dejas de fijarte en tus amigos y empiezas a mirar hacia afuera”, apunta la autora, que reflexiona sobre por qué escuchar a The Cure sirve como refugio para tantos sin importar el momento vital: “Es como volver a una cápsula del tiempo emocional, hacia un momento en el que nos estábamos descubriendo”.

Este viernes, se espera una mezcla de estilos, edades y apariencia entre el público del festival Primavera Sound en procesión a las 22.00 horas, cuando aparezca el rey crepuscular en Mordor (cómo se apoda cariñosamente al espacio que ocupan los dos escenarios que más público acogen). A diferencia del año pasado, en el que las tres cabezas de cartel (Charli XCX, Chappell Roan y Sabrina Carpenter) marcaron el tono a la hora de vestir en el festival, no todo el mundo irá de negro ni llevará un eyeliner marcado. Pero, como en Glastonbury, prácticamente todos, sin importar la fecha de su DNI, corearán las letras de su cápsula emocional particular.

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