17.45 del pasado 1 de mayo. Línea 9 del metro de Madrid. Dos jóvenes veinteañeros mantienen una encendida conversación que los aísla del resto de los viajeros. No discuten, simplemente intercambian opiniones. La sorpresa surge cuando el tren llega a la estación de Núñez de Balboa y ambos se acercan a la puerta de salida. ¡Están hablando de toros! “¿En tu opinión, cuáles son los criterios que se deben cumplir para un indulto?“, pregunta uno de ellos. Salen y siguen con sus historias taurinas. Detrás, otra pareja de la misma edad se encamina hacia la línea 5, en dirección a la estación de Ventas. Van a los toros, sin duda; las almohadillas que llevan en las manos los delatan.
Siete aficionados, un torero, un ganadero, un representante de la Comunidad de Madrid y uno de los empresarios de Las Ventas analizan el ciclo taurino madrileño
17.45 del pasado 1 de mayo. Línea 9 del metro de Madrid. Dos jóvenes veinteañeros mantienen una encendida conversación que los aísla del resto de los viajeros. No discuten, simplemente intercambian opiniones. La sorpresa surge cuando el tren llega a la estación de Núñez de Balboa y ambos se acercan a la puerta de salida. ¡Están hablando de toros! “¿En tu opinión, cuáles son los criterios que se deben cumplir para un indulto?“, pregunta uno de ellos. Salen y siguen con sus historias taurinas. Detrás, otra pareja de la misma edad se encamina hacia la línea 5, en dirección a la estación de Ventas. Van a los toros, sin duda; las almohadillas que llevan en las manos los delatan.
Ambas escenas son tan reales como insólitas se antojan en pleno siglo XXI. Que cuatro hijos de la generación Z sean seguidores de un espectáculo supuestamente rancio, cruento, que escenifica la muerte de un animal a la vista del público, denostado por la progresía y gran parte de la escena política, y contrario supuestamente a los valores que la juventud parece destinada a defender, no deja de ser una sorpresa morrocotuda y un misterio complicado de resolver.
Lo cierto es que hace ya algunos años que la juventud se ha convertido en la noticia taurina más sobresaliente. En la Feria de San Isidro de este 2026, que comienza este viernes, se han agotado los 700 abonos gratuitos de temporada para menores de 25 años, y más de 1.000, del mismo tramo de edad, ha comprado abonos para la feria a precios superreducidos, según la empresa Plaza 1, gestora de Las Ventas. Además, la misma fuente añade que, en más de 1.500 operaciones, los jóvenes han utilizado el Bono Cultural, una ayuda pública directa de 400 euros a quienes cumplen 18 años para disfrutar de actividades culturales.
Pero no solo de jóvenes se alimenta el ciclo madrileño en 2026. Este año se ha batido el récord de abonados, con un total de 18.520 de las 22.964 localidades del aforo, lo que supone un aumento de 940 respecto a la cifra del año pasado.
Y todo ello con una cartelería de toros y toreros —23 corridas, dos espectáculos de rejoneo y tres novilladas del 8 de mayo al 14 de junio— que luce muy pocos alicientes, carente de innovaciones, y que, al parecer y paradójicamente, no convence más que a una minoría. A pesar de ello, 10 tardes han colgado ya el cartel de no hay billetes.
Algunas de la docena de voces consultadas para este reportaje sostienen que la política está en la raíz del cambio de actitud de los jóvenes. Es el caso del torero Saúl Jiménez Fortes, anunciado dos tardes en la feria isidril: “Hoy asisten a los toros muchos más jóvenes que hace 10 años”, señala, “y creo que se acercan como contrapunto a esa ideología que pretende hurtarnos parte de nuestra identidad. En esa rebeldía, han encontrado un espectáculo auténtico en un mundo dominado por la superficialidad y la manipulación”.
A Carlos Rodríguez-Villa, presidente de la Asociación El Toro de Madrid, le sorprende la cantidad de jóvenes que acude a los toros. “No sé si es un movimiento reivindicativo y una actitud contestataria frente a ciertas políticas, pero es muy positivo”, valora. “Lo que debemos hacer es formarlos para que se queden como aficionados”.
Entre quienes están convencidos de que en el acercamiento de la juventud a los toros existe un importante componente político, se encuentra Fátima Halcón, presidenta de la Fundación de Estudios Taurinos y profesora titular de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla. “Los jóvenes protagonizan una reacción contra lo instituido política y socialmente”, afirma, “y se acercan a un mundo que se critica pero que desconocen”.
Juan Salazar, reconocido estudioso de la tauromaquia e impulsor de recorridos taurinos por Madrid, también está convencido de la existencia de un componente político en este fenómeno juvenil. “Si desde el Gobierno central hay una tentación de prohibición, se produce un rechazo claro, lo que concede a la fiesta un perfil político que me produce pena, porque los toros han carecido siempre del barniz político que ahora se le pretende dar”, defiende.
“Sea como rebeldía social o respuesta política, lo cierto es que la juventud está volviendo a la fiesta de los toros”, resume Rafael Cabrera, presidente de la Unión de Bibliófilos Taurinos. “Me da la impresión de que interviene la política, pero estos jóvenes se incorporan sin una base sólida de conocimientos, lo que perjudica a la fiesta y beneficia a las empresas porque les permite aumentar la recaudación”. Agustín Montes, ganadero de Montealto, tampoco entra en los motivos, pero observa: “Lo que sí estoy comprobando con gran sorpresa es que ahora son los chavales los que llevan a los padres a los toros, y eso es muy positivo”.
El fenómeno, según algunos expertos, se observa sobre todo en la capital. El director gerente del Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid, Miguel Martín, señala: “Aunque me consta que hay un movimiento en todas las plazas de España, en Madrid ha habido un importante revulsivo y relevo generacional en el público que asiste a los festejos taurinos”.
Los más jóvenes apuntan algunas claves. Jorge Carvajal, vicepresidente de la asociación taurina juvenil Chenel y Oro, asegura que la discoteca que la empresa de Las Ventas monta cada tarde después de los festejos es una herramienta fundamental para acercar a los jóvenes. Para Pablo González, 22 años, que ha estudiado marketing y trabaja como pintor de las rayas del tercio en el ruedo de Las Ventas, las redes sociales tienen un papel capital como impulsoras del movimiento juvenil taurino. Y Candela Ortega, abonada de 20 años, opina que el personaje de Morante de la Puebla ha atraído a muchos jóvenes a los toros, si bien hace hincapié en que “la discoteca de la plaza sigue siendo un atractivo fundamental”. “Plaza 1 ha hecho un trabajo extraordinario, no siempre reconocido, con las terrazas abiertas después de los festejos”, añade Simón Casas, empresario de Las Ventas. “Es una forma de atraer a los jóvenes sin que afecte a la seriedad de los espectáculos. Madrid no tiene casetas como Sevilla, y quien toma una copa puede volver”.
El cartel
Respecto al cartel de la Feria de San Isidro, los criterios se dividen. El presidente de la Asociación El Toro opina que es “bastante mediocre”, al igual que Rafael Cabrera, quien señala que “son muy parecidos a los del año pasado”. El vicepresidente de Chenel y Oro considera que “los carteles no están rematados”, y Pablo González celebra que haya “oportunidades para los más jóvenes”. Hoy comienza el largo serial de toros, toreros y un público que buscará la diversión antes que la emoción. De ahí que todos los consultados reconozcan que la formación de los nuevos espectadores, jóvenes y maduros, es imprescindible para la pervivencia del espectáculo.
EL PAÍS
