El pabellón de España en la Bienal de Venecia suspende su inauguración por una huelga contra Israel

La Bienal de Venecia vivió este viernes una jornada sacudida por la huelga convocada contra la participación de Israel en la gran cita del arte contemporáneo, que forzó el cierre total o parcial de una veintena de pabellones nacionales. Entre ellos se encontraba el de España, que suspendió su inauguración oficial y acabó cerrando en un clima de confusión por el choque entre el equipo artístico, partidario de sumarse a la protesta, y los responsables institucionales del espacio, dependiente del Ministerio de Exteriores.

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 El equipo artístico, partidario de sumarse a la protesta, chocó con los responsables institucionales del espacio en una jornada en la que cerraron una veintena de expositores nacionales en protesta contra la participación del país en la cita artística  

La Bienal de Venecia vivió este viernes una jornada sacudida por la huelga convocada contra la participación de Israel en la gran cita del arte contemporáneo, que forzó el cierre total o parcial de una veintena de pabellones nacionales. Entre ellos se encontraba el de España, que suspendió su inauguración oficial y acabó cerrando en un clima de confusión por el choque entre el equipo artístico, partidario de sumarse a la protesta, y los responsables institucionales del espacio, dependiente del Ministerio de Exteriores.

El pabellón, que expone una celebrada instalación de la inmensa colección de postales del artista Oriol Vilanova, abrió con normalidad a primera hora, pero suspendió los discursos y el cóctel de la apertura oficial, prevista para el mediodía. Durante la mañana, la presión para sumarse a la huelga mediante un cierre total fue creciendo a medida que los pabellones vecinos bajaban la persiana o suspendían parte de su actividad.

Pasada la una de la tarde, el equipo artístico decidió cerrar el pabellón. En la puerta se colocó un cartel que anunciaba a los visitantes: “Debido a la huelga del equipo artístico, el pabellón permanecerá cerrado todo el día”. Poco después, un coordinador vinculado a la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), a cargo de la gestión del pabellón, abrió de nuevo la puerta, retiró el aviso y recriminó al equipo que no tenía derecho a cerrar de forma unilateral, según varios asistentes. La escena dio paso a una cadena de llamadas y consultas jerárquicas entre responsables institucionales.

Primero se autorizó un cierre temporal hasta las 3 de la tarde desde el Ministerio de Cultura, pese a que la competencia sobre el pabellón corresponde a Exteriores. Después, tras nuevas consultas con cargos del Gobierno y en vista de la inactividad creciente en el recinto, se decidió clausurar definitivamente el espacio durante el resto de la jornada. El comisario del pabellón, Carles Guerra, sostiene que la posición del equipo era clara desde hacía días. “Tanto el artista como yo éramos partidarios de cerrar. El equipo artístico se quería sumar a la huelga, aunque nos dejaron claro que la decisión sobre el cierre no dependía de nosotros. Hoy era el día de la inauguración, por lo que el resultado ha sido muy accidentado”, resumió Guerra.

La huelga, convocada por Art Not Genocide Alliance (ANGA) —el colectivo más activo contra la presencia de Israel en acontecimientos culturales—, junto a asociaciones locales y sindicatos culturales, alteró el funcionamiento habitual de las dos sedes de la Bienal en los Giardini y el Arsenale, y convirtió la última jornada de la preapertura reservada a prensa, comisarios y profesionales en una protesta de alcance internacional, justo antes de que la cita abra mañana, sábado, sus puertas a todos los públicos. La huelga tenía dos ejes: denunciar la presencia del pabellón israelí y lo que los activistas consideran una operación de legitimación cultural de Israel en plena ofensiva sobre Gaza, pero también protestar contra la precariedad de muchos trabajadores culturales que sostienen grandes eventos como la Bienal de Venecia.

La protesta afectó a pabellones como los de Austria, Bélgica, Egipto, Japón, Países Bajos, Corea del Sur, Francia, Finlandia, Luxemburgo, Polonia, Eslovenia, Turquía, Malta, Chipre, Ecuador, Irlanda, Portugal, Líbano, Reino Unido, Suiza, Lituania o Qatar, aunque con grados de adhesión distintos. Algunos cerraron todo el día, mientras que otros lo hicieron solo durante unas horas o suspendieron actividades concretas. Dentro de la exposición principal, algunas obras fueron cubiertas, intervenidas con banderas palestinas o acompañadas por carteles de apoyo, como las de los artistas Tabita Rezaire o Alfredo Jaar, que incorporaron signos de solidaridad.

La movilización culminó con una manifestación de unos 2.000 participantes, que partió de la vecina Via Garibaldi en dirección al pabellón israelí, situado en el Arsenale.

La protesta se inscribe en una Bienal marcada por la controversia. Al rechazo a la participación de Israel se suma el regreso de Rusia al certamen por primera vez desde la invasión de Ucrania en 2022, así como la dimisión en bloque in extremis del jurado internacional encargado de conceder los premios, que también fueron suspendidos y sustituidos por una distinción al mejor pabellón y al mejor artista que concederá el público al término de esta edición, en noviembre. La Bienal de Venecia, por su parte, ha defendido su compromiso con la libertad de expresión y el pluralismo, y ha reiterado su oposición a vetar la participación de países en el certamen.

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