La muerte de Marjane Satrapi no es solo un suceso relevante para el universo de la novela gráfica, sino un momento en el que quienes defendemos los derechos humanos decidimos callar nuestras voces para honrar a una que no volveremos a oír. Ciertamente, la gran mayoría la conoció por su faceta literaria gracias a la genialidad de Persépolis, pero Marjane era mucho más que eso. Representaba a la disidencia valiente que, mucho antes de afincarse en Francia en los años noventa, jamás se calló a la hora de abanderar los derechos fundamentales de todos, sin importar las condiciones individuales. Su memoria será, por tanto, imborrable, pues siempre luchó sin miedo por el valor más sagrado de todos: la libertad.
La muerte de Marjane Satrapi no es solo un suceso relevante para el universo de la novela gráfica, sino un momento en el que quienes defendemos los derechos humanos decidimos callar nuestras voces para honrar a una que no volveremos a oír. Ciertamente, la gran mayoría la conoció por su faceta literaria gracias a la genialidad de Persépolis, pero Marjane era mucho más que eso. Representaba a la disidencia valiente que, mucho antes de afincarse en Francia en los años noventa, jamás se calló a la hora de abanderar los derechos fundamentales de todos, sin importar las condiciones individuales. Su memoria será, por tanto, imborrable, pues siempre luchó sin miedo por el valor más sagrado de todos: la libertad. Seguir leyendo
La muerte de Marjane Satrapi no es solo un suceso relevante para el universo de la novela gráfica, sino un momento en el que quienes defendemos los derechos humanos decidimos callar nuestras voces para honrar a una que no volveremos a oír. Ciertamente, la gran mayoría la conoció por su faceta literaria gracias a la genialidad de Persépolis, pero Marjane era mucho más que eso. Representaba a la disidencia valiente que, mucho antes de afincarse en Francia en los años noventa, jamás se calló a la hora de abanderar los derechos fundamentales de todos, sin importar las condiciones individuales. Su memoria será, por tanto, imborrable, pues siempre luchó sin miedo por el valor más sagrado de todos: la libertad.
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