El mar de todos los veranos… y de todos los inviernos

Una imagen de la película ‘En islas extremas’ (2024), basada en el libro homónimo de la escocesa Amy Liptrot.

Una escena que podría ser la habitual: son las ocho de la mañana, quizás las nueve, de un sábado del mes de enero. En la playa de la Barceloneta un hombre pasea a su perro y una pareja de corredores deja una estela de camisetas color flúor. En el mar está el escritor y nadador Jordi Ballart Macabich (L’Hospitalet de Llobregat, 61 años). El agua está a 13 grados, pero a pesar de eso a Ballart le gusta. Y no está solo. Le acompañan más personas, hombres y mujeres. A ellos, y a él mismo, les dedica su último libro, Ocho grados. Los nadadores de invierno, publicado en catalán el año pasado (MésLlibres) y cuya traducción al español publica el próximo mes de septiembre la editorial Barlin. Es una obra híbrida, entre el ensayo, la narrativa personal y el libro de viajes, que explora cómo la natación en el mar, todo el año y especialmente en los meses más fríos, favorece la salud física y mental.

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El nadador y escritor Jordi Ballart, en una imagen cedida por el escritor.Jordi Ballart en Boston, con varias nadadoras, tras un baño invernal, en una foto cedida por el escritor.Portada de 'Ocho grados. Los nadadores de invierno' (Barlin Libros), de Jordi Ballart, en una imagen cedida por la editorial. Jordi Ballart detalla en ‘Ocho grados. Los nadadores de invierno’ cómo la relación con el mar ayuda a mejorar la salud física y mental. Es otro gran ejemplo de libros de autores nadadores  

Una escena que podría ser la habitual: son las ocho de la mañana, quizás las nueve, de un sábado del mes de enero. En la playa de la Barceloneta un hombre pasea a su perro y una pareja de corredores deja una estela de camisetas color flúor. En el mar está el escritor y nadador Jordi Ballart Macabich (L’Hospitalet de Llobregat, 61 años). El agua está a 13 grados, pero a pesar de eso a Ballart le gusta. Y no está solo. Le acompañan más personas, hombres y mujeres. A ellos, y a él mismo, les dedica su último libro, Ocho grados. Los nadadores de invierno, publicado en catalán el año pasado (MésLlibres) y cuya traducción al español publica el próximo mes de septiembre la editorial Barlin. Es una obra híbrida, entre el ensayo, la narrativa personal y el libro de viajes, que explora cómo la natación en el mar, todo el año y especialmente en los meses más fríos, favorece la salud física y mental.

“El título se debe a que ocho grados es la temperatura del agua más fría en la que he nadado, en aguas abiertas”, explica Ballart. “Empecé a nadar en invierno porque me gusta mucho el mar y pensé que por qué no alargar la temporada y nadar también fuera de los meses de verano. Además, en los meses de frío es cuando el contacto con la naturaleza es más intenso, porque hay menos gente y tienes las playas para ti solo”.

La escocesa Amy Liptrot describe en su libro En islas extremas cómo la natación en las gélidas aguas de las islas Orcadas le ayudó a superar su alcoholismo. El libro se convirtió en 2024 en una película dirigida por Nora Fingscheidt, con guion de la propia Liptrot y protagonizada por Saoirse Ronan.

En el mismo mar que Liptrot nadará también, para alejarse del deterioro de su matrimonio, la escritora y arqueóloga Victoria Whitworth, como ha contado en Swimming with Seals (Nadar con focas), que no está traducido al español. Y la irlandesa Ruth Fitzmaurice describe en I Found My Tribe (Encontré mi tribu), también sin traducir, cómo el mar de Greystones, en Irlanda, fue su consuelo después de que su marido fuera diagnosticado con una enfermedad neuronal progresiva.

Los de Liptrot, Whitworth y Fitzmaurice son tres muestras de un subgénero literario que la literatura anglosajona ha bautizado como waterbiographies y que Ballart describe en Los nadadores de invierno. Un elemento común a estas obras, señala el autor de L’Hospitalet de Llobregat, es el poder sanador del agua fría para superar depresiones y situaciones traumáticas. Es también el caso de Ballart, que incluye en el libro su propia relación terapéutica con la natación en el mar.

Ballart conoce bien la literatura anglosajona porque vivió muchos años en Gran Bretaña, donde se tituló como doctor en sociolingüística por la Universidad Queen Mary de Londres. Y señala que en España, a pesar de estar rodeada de mares con una temperatura mucho más agradable que la de los británicos e irlandeses, este tema apenas aparece en la literatura. En su libro anterior, titulado Línia de flotació y publicado en catalán, ya Ballart destacaba esta ausencia temática en la literatura marina de nuestro país.

“Es una cuestión a la que le he dado muchas vueltas, pero no acierto a saber el porqué”, dice el escritor. “Por un lado, pienso que en Inglaterra hay más tradición de nadar en aguas abiertas. En el mar, en lagos, en ríos. En España hay pocos libros sobre esto, quitando algunos que tratan de la natación desde el punto de vista competitivo. También pienso que aquí tal vez hay pocos escritores que naden o pocos nadadores que escriban”, bromea. En las letras inglesas sí hay numerosos ejemplos de la conexión entre la natación y la literatura, con clásicos como los poetas John Keats, Samuel Coleridge y Lord Byron, y el ensayista y periodista Thomas de Quincey, entre otros.

En busca de los “amigos del agua fría”, como los denomina, Ballart recorre varias costas españolas, las de Cataluña, A Coruña y el País Vasco. Pero también las de Boston y Brighton, donde se encuentra con personas que creen que los baños en el mar no son solo cosa del verano. Aunque admite que es una decisión “purista”, Ballart únicamente entrevista a los que nadan sin neopreno. Entre estos nadadores de invierno destacan las mujeres. Algunas han pasado por un cáncer de mama y han encontrado en el mar un lugar que las ha ayudado en su curación.

“Las mujeres que salen en el libro y que han pasado por un cáncer de mama aseguran que nadar en el mar les ayudó a superar la enfermedad”, dice Ballart. “Una de ellas explica que el agua fría la revitaliza y cuenta cómo, después de la quimioterapia, nadar en el mar la ayudaba a sentirse limpia. Por las investigaciones médicas sabemos que el agua fría ayuda a paliar los efectos secundarios de la medicación y también ayuda con las inflamaciones y refuerza el sistema inmunitario. Y tiene un efecto mental”, continúa. “El agua fría es un shock para el cuerpo y el cuerpo provoca una respuesta adaptativa que después es beneficiosa en situaciones de estrés o de ansiedad”. Para los que quieran comprobar estos efectos saludables, el libro incluye un apéndice con algunos consejos para nadar en aguas frías.

La estrecha relación entre las costas y el turismo hace que un nadador de invierno como Jordi Ballart encuentre en los meses con temperaturas más bajas unos mares y unas playas muy distintos que en verano. También las localidades marítimas cambian, a veces de forma radical, lo que hace que en ocasiones Ballart hable de “pueblos fantasma”, que son los que están llenos a rebosar en verano, pero apenas reciben con un par de bares abiertos a los que acuden a ellos en invierno. Es el caso de varios pueblos de la Costa Brava que Jordi Ballart recorre en el libro. Sobre ellos escribe esto: “Con el paso de los años he llegado a entender que, aunque la imaginería colectiva que tenemos de los pueblos de la Costa Brava los sitúa en verano, su verdadera alma, lo que permanece, pertenece al invierno. Esta es la facultad del frío: preservar la esencia”.

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