Damien Jalet, coreógrafo: “No era fácil ser gay en los noventa. Por suerte, yo tenía a Madonna y Almodóvar”

Con 16 años, Damien Jalet (Uccle, Bélgica, 50 años) estaba dentro del armario y, lo que es peor, dentro de un instituto católico bruselense lleno de homófobos e ignorantes. “No era fácil ser gay en los noventa. No había referentes y el cine reflejaba la homosexualidad de manera negativa. Los gais siempre enfermaban o morían. Siempre les pasaba algo malo”, recuerda el coreógrafo franco-belga en conversación con EL PAÍS, minutos antes de dar una charla en Matadero Madrid. “Por suerte, yo tenía a Madonna y a Almodóvar. Hacía las coreografías de Erotica [disco de la estadounidense] en la iglesia y veía todas las películas de Pedro: Tacones lejanos, Átame, Laberinto de pasiones, Mujeres al borde de un ataque de nervios, Todo sobre mi madre… De adolescente, Madonna era mi madre y Almodóvar mi padre. Cuando los veía, sentía que podía formar parte de esa familia”.

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 Sus trabajos para la reina del pop y el rapero Yung Lean son virales y este domingo compiten en los MTV Video Music Awards  

Con 16 años, Damien Jalet (Uccle, Bélgica, 50 años) estaba dentro del armario y, lo que es peor, dentro de un instituto católico bruselense lleno de homófobos e ignorantes. “No era fácil ser gay en los noventa. No había referentes y el cine reflejaba la homosexualidad de manera negativa. Los gais siempre enfermaban o morían. Siempre les pasaba algo malo”, recuerda el coreógrafo franco-belga en conversación con EL PAÍS, minutos antes de dar una charla en Matadero Madrid. “Por suerte, yo tenía a Madonna y a Almodóvar. Hacía las coreografías de Erotica [disco de la estadounidense] en la iglesia y veía todas las películas de Pedro: Tacones lejanos, Átame, Laberinto de pasiones, Mujeres al borde de un ataque de nervios, Todo sobre mi madre… De adolescente, Madonna era mi madre y Almodóvar mi padre. Cuando los veía, sentía que podía formar parte de esa familia”.

Más de tres décadas después, Jalet forma parte de esa ansiada familia. Es asesor creativo y coreógrafo de la reina del pop y amigo del director manchego. “Es gracioso cómo las personas a las que admiro de joven se han convertido en colaboradores. No fue algo premeditado o planeado, se dio de manera orgánica”, apunta en su paso por la capital, donde ha dado un coloquio en el marco de un ciclo organizado por Cineteca y Centro Danza Matadero centrado en su contribución a la industria de los videoclips.

Las entradas para escuchar a Jalet en Madrid volaron. Entre el público estaba el mismísimo Almodóvar y la actriz Irene Escolar, deseosos por escuchar las impresiones del bailarín sobre sus colaboraciones con Thom York, Björk o la propia Madonna. Jalet creó las coreografías de la ambición rubia para su gira The Celebration Tour y es el artífice de las contorsiones y acrobacias que hace la artista de Michigan en el filme de promoción de su último disco, el exitoso Confessions II. El videoclip de 14 minutos, en el que hay apariciones estelares de la supermodelo Kate Moss, la DJ Honey Dijon y la cantante Arca, entre otros, aspira a llevarse el premio a mejor coreografía en los MTV Video Music Awards que se celebran este domingo en Los Ángeles. Madonna, nominada en 11 categorías, será la encargada de abrir la ceremonia. Será su primera actuación en el show en 23 años. Naturalmente, Jalet estará detrás de sus pasos de baile.

“Madonna sigue teniendo una curiosidad casi infantil. Se sigue asombrando y hace muchas preguntas. Y es increíblemente educada, muy cultivada. Puedes estar una hora hablando con ella sobre el cine de Pasolini. Es una cinéfila”, explica. “Con Pedro [Almodóvar] ocurre lo mismo: lleva mucho tiempo trabajando, pero no ha perdido la curiosidad”, apunta.

El coreógrafo competirá consigo mismo en los MTV Video Music Awards de este domingo. También está nominado por su pieza de danza para Storm, el hipnótico videoclip de Gener8ion y el rapero sueco Yung Lean que este año “rompió” internet. El vídeo viral, dirigido por Romain Gravas, hijo de Costa-Gavras, tiene más de cinco millones de reproducciones en YouTube. Las redes están inundadas de vídeos de usuarios anónimos imitando el baile final en la escalinata del colegio, clímax del gamberrismo adolescente.

“Lo de Storm ha sido una locura”, reconoce. “Nunca imaginé que iba a tener este alcance global. Para mí es una pieza de danza contemporánea hecha en el patio de un colegio belga durante un día precioso. Nada más”.

Jalet repite en varias ocasiones que se sigue considerando un coreógrafo de nicho, pero hace tiempo que dejó de serlo. En 2018 trabajó con el director italiano Luca Guadagnino en Suspiria, el remake del clásico de terror de Darío Argento. En el filme, el baile es el lenguaje secreto de las brujas, capaz incluso de matar. “Suspiria marcó un antes y un después, disparó mi popularidad”.

En 2024, volvió a incursionar en el cine, esta vez con Emilia Pérez, la polémica cinta de Jacques Audiard. En ella, el baile se convierte en una herramienta de resistencia y arma liberadora. “En México no hablo de Emilia porque la odiaron. La gente está deseosa de saltar a la división, a la polarización. Lo vi con la controversia que generó la película allí. Fue un momento complejo para todos”, admite.

Algo que fascina sobre la figura de este artista multidisciplinar es su asombrosa capacidad para moverse entre el mainstream y los márgenes, entre lo popular y la cultura académica, difuminando las fronteras entre la danza contemporánea, el cine y las artes visuales. Su obra atraviesa el terror, el musical, la moda, el teatro, el videoclip, el cine de vanguardia y el documental. “No tengo que hacer ningún esfuerzo para pasar de un registro a otro”, señala. “Fui criado de esa manera. Crecí frente a un televisor en la edad dorada de la MTV y los videoclips. Jonathan Glazer y Spike Jonze hacían vídeos que eran arte, aportaban un punto de vista artístico a un género popular”.

Cuando trabaja con artistas como Madonna, Elton John o Björk, Jalet también aspira a aportar un poco de la rigurosidad y singularidad de la danza a la música más comercial. Pero aclara que sus incursiones en la industria musical son una pequeña parte de su trabajo. En enero estrenará en España Mirage, un espectáculo de danza contemporánea que inaugurará la temporada 2027 de Centro Danza Matadero. El montaje es su primera creación para el Ballet del Gran Teatro de Ginebra, que dirige Sidi Larbi Cherkaoui. Las entradas se agotaron en pocos días.

En Mirage (Espejismo, en español), explora el cuerpo humano en relación con la materia y con los fenómenos de transformación de la naturaleza. “Los espejismos conectan con la idea de la ilusión y con el desierto. Ahora mismo estamos inmersos en un gran espejismo. España y Francia se están convirtiendo en desiertos”, explica. “La gente empieza a darse cuenta de que el calentamiento global es real porque lo estamos sintiendo en nuestras carnes. Este verano, Marine Le Pen prometió más aires acondicionados. Es absurdo. Con un poco de suerte, la crisis será tan seria que la gente entenderá que la extrema derecha no va a dar respuestas al cambio climático”.

Le preocupa el auge de la ultraderecha en Europa. “Vivimos dos guerras mundiales y el fascismo, pero la gente tiene una memoria muy corta”, lamenta. Francia, su segundo hogar, es un buen ejemplo. Según los expertos, Agrupación Nacional podría ganar las elecciones presidenciales en abril de 2027. “Estoy extremadamente aterrado. Gran parte de mi obra la he presentado en Francia y sé que un triunfo de la extrema derecha tendría una repercusión inmediata en la cultura. Pero no solo estoy preocupado por la cultura. Estoy preocupado por la ecología, la democracia, los derechos de las minorías y del colectivo LGTBIQ+. Le Pen se define como alguien que quiere proteger la identidad nacional, pero está impaciente por colaborar con los enemigos de esa identidad, que son Rusia y Estados Unidos. Es una contradicción muy loca”.

Las coreografías de Jalet tienen un estilo visualmente impactante y contemporáneo y se caracterizan por cierta oscuridad y extrañeza. Sus piezas siempre invitan a reflexionar sobre el cuerpo, que funciona como territorio de conflicto. “Todo el mundo dice que mi trabajo parece hecho por la inteligencia artificial, pero es anti-IA. Mi danza tiene una calidad que parece imposible, pero está hecha por humanos. Eso es importante en estos tiempos en los que el cuerpo está desapareciendo y se está volviendo obsoleto. No sabemos qué hacer con nuestros cuerpos porque las máquinas hacen todo por nosotros. Tenemos coches sin conductores, restaurantes sin camareros… La danza nos recuerda todo lo que somos capaces de hacer y que la tecnología no puede reemplazarnos”.

Parte de la popularidad de su obra se debe a las redes sociales. Sus coreografías se viralizan en TikTok e Instagram. La gente las aprende y repite. Hoy, todo el mundo baila por un like. “Tiene sentido. El baile nos transporta a algo auténtico y vivo, a los orígenes, a tiempos en los que ni siquiera éramos humanos”, reflexiona.

No obstante, tiene sentimientos encontrados con las redes. “Nunca ha sido más fácil conocer a personas o tener intimidad. Pero estas plataformas también nos provocan una sensación de entumecimiento, de falta de especificidad. La gente pasa demasiado tiempo frente a las pantallas”, lamenta. Él toma cada vez más distancia de la tecnología. “Hemos perdido la capacidad de aislarnos y concentrarnos. Estamos increíblemente distraídos. Estamos saturados de información: de la más trivial a la más existencial. Todo es igual de importante y, al final, nada es importante”.

En medio de todo este ruido, sus coreografías nunca pasan inadvertidas. Son llamativas, captan la atención del público e invitan a reconectar con la experiencia física. “Hacer deporte, tener sexo… usar nuestro cuerpo da sentido a nuestra existencia. Ahora, por ejemplo, tenemos mucho calor. Lo estamos sintiendo y eso nos obliga a pensar y reflexionar sobre el calentamiento global”.

Sueña con trabajar con Almodóvar, su ídolo de la infancia, y con otros artistas con los que comparte su visión del mundo. Hay una larga lista de estrellas de la música que quieren colaborar con él, pero se toma muy en serio la elección de cada nuevo proyecto. “Kanye West, Jay Z o Coldplay no me interesan. No quiero amplificar la masculinidad dominante. Quiero amplificar el poder femenino, asegurarme de que mi trabajo está al servicio de mis convicciones”, dice. “Por eso trabajo con Madonna, icono feminista y del colectivo y una de las pocas que en los años ochenta y noventa hablaba sobre proteger a los enfermos de sida”.

Se rumorea que en esa lista de celebridades que quieren trabajar con Jalet está Rosalía. La artista catalana ya contó con el griego Dimitris Papaioannou, otro de los grandes nombres de la danza contemporánea, en su Lux Tour. Él no confirma ni desmiente una posible colaboración. Titubea, se muerde los labios y no responde. Su cuerpo, como su danza, habla por sí solo.

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