Cien años del Lyceum Club Femenino, el grupo de mujeres que inventó la modernidad en España

Hay lugares en Madrid que custodian la memoria y uno de ellos es la Plaza del Rey. Hace exactamente un siglo, sobre las estructuras de sus muros, se escuchaban las voces de mujeres que con firmeza discutían sobre leyes, poesía, ciencia o literatura, en una España que todavía las prefería mudas, devotas y confinadas al espacio doméstico. Por eso hoy volvemos nuestra mirada hacia el Lyceum Club Femenino, el lugar donde todas ellas hacían comunidad. No se trata de un ejercicio de nostalgia, sino de un acto de estricta justicia histórica porque allí, en el corazón de Madrid, se encendió el motor intelectual del feminismo moderno en nuestro país.

 El espacio llegó a superar las 721 socias y supuso un lugar de discusión para abogadas, escritoras o pintoras. Una exposición recupera ahora su legado  

Hay lugares en Madrid que custodian la memoria y uno de ellos es la Plaza del Rey. Hace exactamente un siglo, sobre las estructuras de sus muros, se escuchaban las voces de mujeres que con firmeza discutían sobre leyes, poesía, ciencia o literatura, en una España que todavía las prefería mudas, devotas y confinadas al espacio doméstico. Por eso hoy volvemos nuestra mirada hacia el Lyceum Club Femenino, el lugar donde todas ellas hacían comunidad. No se trata de un ejercicio de nostalgia, sino de un acto de estricta justicia histórica porque allí, en el corazón de Madrid, se encendió el motor intelectual del feminismo moderno en nuestro país.

Para entender el impacto que supuso la inauguración del Lyceum Club en el año 1926, es necesario despojarse del presente. En aquella España gobernada por la dictadura militar de Primo de Rivera, el Código Civil trataba a las mujeres como eternas menores de edad. La esfera pública les estaba vetada y sus opiniones políticas, cercenadas.

Tània Balló, comisaria de la exposición que podrá visitarse hasta el próximo 22 de enero de 2027 en la Fundación Ortega-Marañón de Madrid (antigua Residencia de Señoritas) y que conmemora el centenario de creación de esta institución, nos explica cómo «fue el resultado de muchas otras experiencias previas, especialmente de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, creada en 1918, ya que muchas de sus socias fueron también fundadoras del Lyceum».

Sin embargo, la idea no fue un pasatiempo burgués. Las crónicas de la época y los estatutos de la asociación dejaban claro que su objetivo no era entretener a las damas de la alta sociedad, sino dotar a las mujeres españolas de una habitación propia colectiva desde la que conquistar la ciudadanía plena. Balló señala que «es importante no reducir el Lyceum a un club homogéneo de aristócratas o intelectuales, pues su composición fue más plural y su crecimiento se apoyó en redes personales, profesionales y familiares».

Entre sus instalaciones no solo había salones para el debate, sino una excepcional biblioteca, salas de exposiciones y despachos donde se redactaron las primeras propuestas de reforma legal a favor de los derechos femeninos. «Entre sus iniciativas destacó la exposición de pintura y escultura de Helena y María Sorolla, celebrada con motivo de la inauguración del club, o conferencias de Angélica Palma o María Luz Morales. Se trataba de visibilizar y reconocer a las mujeres como autoras, artistas e intelectuales y no solo de incorporarlas como público», apunta la comisaria de la exposición.

Hojear el registro de socias del Lyceum Club (que llegó a contar con al menos 721 integrantes) es recordar a las grandes mujeres de la Edad de Plata de la cultura española. A la cabeza del proyecto se situó María de Maeztu, una de las pedagogas más brillantes del siglo XX. En el campo del derecho destacaron las abogadas Clara Campoamor y Victoria Kent, que compartieron en el Lyceum el espacio de debate donde fraguaron sus argumentos jurídicos. La literatura y la poesía encontraron su refugio en figuras de la talla de Zenobia Camprubí, Ernestina de Champourcín, Concha Méndez o Carmen Conde. También Elena Fortún, las pinturas de Ángeles Santos y los diseños escenográficos de Victorina Durán sentaron las bases del epicentro de una generación que reclamaba su lugar en la historia a golpe de talento y determinación.

La constitución del Lyceum Club en la sociedad madrileña de los años 20 dividió a la opinión pública. «La creación de un espacio de mujeres con autonomía propia generó incomprensión y críticas en sectores que consideraban que las mujeres debían permanecer dentro de los roles tradicionales», explica Balló. A pesar de todo ello, el Lyceum supo tejer una alianza fundamental con los hombres más avanzados de su tiempo. Intelectuales, científicos y poetas como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Miguel de Unamuno o José Ortega y Gasset no solo defendieron la existencia del club, sino que acudían con regularidad a sus salones e impartían conferencias allí. «Es importante no generalizar, ya que la actitud de los hombres hacia el Lyceum no fue uniforme. Al concebirse exclusivamente como una asociación de mujeres, la relación con los intelectuales hombres fue diversa. Los más cercanos a un posicionamiento conservador las atacaron, pero muchos otros apoyaron la iniciativa», detalla Balló.

El estallido de la Guerra Civil en 1936 y la posterior victoria del franquismo terminaron con la aventura del Lyceum Club Femenino, aunque la asociación no desapareció de forma inmediata. Muchas de sus integrantes tomaron el camino del exilio y otras sufrieron el silencio de ser borradas de la historia. Su sede pasó a manos de la Sección Femenina de Falange, que instaló allí el Círculo Cultural Medina en 1941. Sin embargo, cien años después, el legado de todas estas mujeres sigue recordándonos que la modernidad fue una conquista que merece ser contada y que, aunque muchas de sus reivindicaciones han sido conquistadas, seguimos luchando por una sociedad más justa e igualitaria.

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