Cuándo el cuerpo de los árboles habla y cuenta su propia historia

La piel de una persona habla de ella, de su forma de ser o de sus rutinas diarias. Las famosas patas de gallo despiertan a cada sonrisa, y muestran la alegría hecha surcos. Las manchas afloran con los años, muchas cultivadas por la exposición al sol, mientras que por aquí y por allá pueden aparecer cicatrices de viejos duelos con el tiempo y con la enfermedad, muescas que son fruto del daño reparado y vivo tejido victorioso sobre la adversidad. Como en los seres humanos, los seres vegetales también enseñan cuerpos en los que leer su devenir: de dónde proviene la mayor cantidad de luz que ilumina su existencia, la dirección en la que sus raíces han de escarbar para llegar al agua.

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 Como la piel de las personas, la de las plantas leñosas también muestra marcas que reflejan el paso del tiempo y los cambios del entorno con una claridad imposible de ocultar  

La piel de una persona habla de ella, de su forma de ser o de sus rutinas diarias. Las famosas patas de gallo despiertan a cada sonrisa, y muestran la alegría hecha surcos. Las manchas afloran con los años, muchas cultivadas por la exposición al sol, mientras que por aquí y por allá pueden aparecer cicatrices de viejos duelos con el tiempo y con la enfermedad, muescas que son fruto del daño reparado y vivo tejido victorioso sobre la adversidad. Como en los seres humanos, los seres vegetales también enseñan cuerpos en los que leer su devenir: de dónde proviene la mayor cantidad de luz que ilumina su existencia, la dirección en la que sus raíces han de escarbar para llegar al agua.

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