El libro de moda tiene cerca de 2.800 años y, a diferencia de la canción del verano, de fórmula tan pegajosa como efímera, ha logrado pervivir desde sus cantos originales hasta las múltiples versiones que atraviesan los siglos. Gracias a la última de ellas, la película de Christopher Nolan, la Odisea es el libro más comprado por estos días.
Hay tantas Ítacas como versiones de la Odisea. Uno es de donde están sus libros
El libro de moda tiene cerca de 2.800 años y, a diferencia de la canción del verano, de fórmula tan pegajosa como efímera, ha logrado pervivir desde sus cantos originales hasta las múltiples versiones que atraviesan los siglos. Gracias a la última de ellas, la películade Christopher Nolan, la Odisea es el libro más comprado por estos días.
Todos llevamos en la memoria un verano y un viaje. Por eso, al leer los infortunios de Odiseo –Ulises para los latinos– a su regreso de la guerra de Troya, uno entiende que la verdadera tragedia es no saber cómo volver a casa, que siempre acecha la tentación de ser en otra parte.
Ítaca es una idea largamente destilada en el tiempo. El poeta Kavafis lo supo, el horizonte justifica el camino. “Ítaca te ha dado un viaje hermoso. Sin ella no te habrías puesto en marcha. Pero no tiene ya más que ofrecerte.”
Hay tantas Ítacas como versiones de la Odisea. Para mí, por ejemplo, Ítaca es la promesa de una reunión, la de mi biblioteca, dispersa en varias ciudades que quizá nunca confluyan en un solo sitio. Uno es de donde están sus libros y yo, a estas alturas, soy un veracruzano de ninguna parte.
“No hay otros mundos, pero sí hay otros ojos”, cantaba El último de la fila. Y por eso, para algunos, Aquiles tiene la gallardía de Brad Pitt y, para otros, el Agamenón de Nolan, con esa armadura negra, es francamente Batman. Mientras los nostálgicos acuden a la traducción de José Manuel Pabón (Gredos, 1982), hace casi una década apareció la de Emily Wilson, la primera mujer en publicar una versión completa en inglés en toda la historia (W.W. Norton & Company, 2017). Más de sesenta hombres la precedieron desde 1614.
Pero si tuviera que elegir una versión, sería la de la Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana de la UNAM, la colección más importante en Latinoamérica de griegos y latinos. Fue dirigida por Rubén Bonifaz Nuño de 1966 a 2013, su período más productivo, con más de 100 volúmenes nuevos.
¿Y quién fue Rubén Bonifaz Nuño? Ante todo, un poeta. Pero, para mí, es además un griego de cabellos blancos nacido en Córdoba, Veracruz, que versionó casi 80 obras grecolatinas. Frente a la palabra traducción, prefería “versión rítmica”, porque aspiraba a que el lector escuchara al autor, “como pasa la luz a través de un vidrio”. Se afanó en trasladar al español el sentido, pero también el pulso y la música del verso original. Loco del ritmo, Bonifaz rescató un compás casi extinto –un acento fijo, insólito, en mitad de cada línea– y lo volvió su firma. Hizo una espléndida versión de la Ilíada cuidando la música del verso y construyó frases como “la optimación de Diomedes” –lo que los filólogos clásicos llaman la aristeia–, que bien pudiera ser el título de un vallenato sabrosón. Y es que Odiseo imaginado por don Rubén bien pudo haber pronunciado otro verso antiguo, jarocho, sitiado de oralidad: “Me agarra la bruja, me lleva a su alcoba, me abraza, me besa, me chupa, me soba.”
El poeta Bonifaz encargó a Pedro C. Tapia, alumno suyo y profesor de griego, una versión de la Odisea, porque no había una en México con las características de la colección: una edición bilingüea partir del texto griego crítico de referencia. Continúa la premisa de Bonifaz: no buscar solo la exactitud literal, sino un texto con ritmo poético en español, fiel al original. Tapia leyó la Odisea en griego, inglés, español y alemán antes de escribir la suya y confiesa que a veces tuvo que sacrificar el ritmo por el sentido. Tardó 12 años en completar el encargo, dos más que Odiseo en volver a casa. En 2023, recibió el Premio Internacional Rubén Bonifaz Nuño, como un homenaje “a dos de los más ilustres helenistas que ha dado el México contemporáneo”.
“Del varón muy versátil cuéntame, Musa”. Así arranca su versión. Los argumentos van y vienen en torno a los inicios. La de Wilson lo traduce como “un hombre complicado”, poniendo el foco en el género. Pero lo cierto es que la Odisea, siguiendo a Albrecht Dihle –uno de los grandes filólogos clásicos alemanes del siglo XX–, es menos rígida y heroica, más moderna, realista y rica en la psicología de los personajes que la Ilíada. Los dioses dejan más espacio a las decisiones de los humanos. El héroe griego se conmueve, llora, escurre una lágrima furtiva frente a Argos, su perro fiel, que muere en cuanto lo reconoce. Toda felicidad es efímera, se sabe.
Ahora que el verano está aquí con todo su vigor, habría que tumbarse en la playa con ese librote como un acto de rebeldía, pensando en otro mar, en la promesa de las Musas y en la esperanza de ese lugar al que siempre queremos volver.
EL PAÍS
