A Naty (55 años, Barcelona) siempre le llamó atención la fotografía. Conoció el proyecto Traspassant l’Objectiu en 2022, mientras estaba interna en el Centro Penitenciario Brians 1. Años antes, un alto cargo del Departamento de Justicia de Cataluña le había comentado a la Fundació SETBA, especializada en reinserción a través del arte, que hacía falta una iniciativa cultural para mujeres presas. Se puso en marcha en 2020, bajo la dirección de Marta Fàbregas, para despertar el interés por la cultura, visibilizar al colectivo y sensibilizar a la población.
Decenas de iniciativas buscan la reinserción social de los internos a través del teatro, el dibujo, la pintura, la fotografía y la literatura
A Naty (55 años, Barcelona) siempre le llamó atención la fotografía. Conoció el proyecto Traspassant l’Objectiu en 2022, mientras estaba interna en el Centro Penitenciario Brians 1. Años antes, un alto cargo del Departamento de Justicia de Cataluña le había comentado a la Fundació SETBA, especializada en reinserción a través del arte, que hacía falta una iniciativa cultural para mujeres presas. Se puso en marcha en 2020, bajo la dirección de Marta Fàbregas, para despertar el interés por la cultura, visibilizar al colectivo y sensibilizar a la población.
Son 200 mujeres las que han participado en las 17 ediciones, entre 2020 y 2026, en los centros de Brians 1 (Sant Esteve Sesrovires), Ponent (Lleida), Wad-Ras (Barcelona) y Mas d’Enric (Tarragona). Diez sesiones, dos por semana, de una hora y media cada una, en grupos de 20 alumnas. La edad media es de 38 años y más de la mitad tiene un nivel de estudios básico. No piden conocimientos previos de fotografía, solo un buen comportamiento y horarios compatibles. Se enfocan bastante en la fotografía de retrato, porque permite hablar de vulnerabilidad e identidad. “Cómo nos vemos, nos juzgamos, nos sentimos y nos mostramos a los demás”, diceMarta Fàbregasen una entrevista con el equipo por vídeollamada. Todo el trabajo se refleja en la autoestima de las estudiantes. “A las primeras sesiones suelen venir en chándal y sin arreglar. En la tercera sesión traen dos outfits y vienen maquilladas”, cuenta Cristina Sampere, directora de SETBA. La confianza se traduce también en una mayor valoración de sus conocimientos. “Por ejemplo, una mujer mayor y analfabeta nos dijo que cuando saliera de prisión haría una fotografía a su nieto con luz cenital y en plano americano”. Un 95% de las participantes ha mejorado su autoestima, un 40% ha mejorado sus relaciones con el grupo y un 62% ha hecho nuevas amistades, según los datos de la organización.
“Mi objetivo era la mentoría”, recuerda Naty. Su temática fue Ritos y creencias dentro del centro penitenciario, con Marta Fàbregas como guía. “Me remueve mucho, porque soy creyente desde siempre. La religión me ayudó a tener la capacidad para aguantar todo”, explica la alumna. Un 73% completa el curso y una de cada tres se presenta para realizar un reportaje individual junto a una fotógrafa profesional.
Este es el primer año que conceden dos becas de iniciación a la fotografía con el Instituto de Estudios Fotográficos de Cataluña, ante las ganas de un 94% de seguir la formación una vez en libertad. Naty comenzará las clases en octubre. Con tres años participando del proyecto, asegura que “la experiencia ha sido brutal”. “No imaginé que sería así. ¡Qué va! Esto está cogiendo cara y ojos”, ríe. Su reportaje fue parte de un libro y se difundió en festivales y exposiciones.

Hay alumnas que al salir de prisión contactan con la fundación para seguir involucradas y visibilizar el proyecto. “Defender que han cometido errores pero que tienen derecho a la reinserción es un acto político”, explica Fàbregas. “Nunca aparecerá el rostro de alguien que tiene una víctima fuera. Somos muy cuidadosos, no blanqueamos el delito”, asegura Sampere. “Conozco a dos personas que tienen fotografías suyas en los libros y que vuelven a su país, Brasil, diciendo ‘Al menos me llevo algo bueno”, celebran orgullosas en el equipo.
Cosmorama, el arte en prisiones
En 1987, en la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense, un alumno que estuvo preso en la antigua cárcel de Segovia le preguntó a su profesor por qué no llevaban el conocimiento de la universidad a las cárceles. Así nacieron las Aulas de Cultura, reconocidas en 2017 por el Premio Nacional de Fomento a la Lectura y Escritura. Detrás del proyecto está Solidarios para el Desarrollo, una entidad de voluntariado que trabaja con personas en exclusión social —entre ellas los presos— con actividad en Madrid, Sevilla, Granada y Murcia.
Álvaro Crespo, coordinador del programa en prisiones, explica que estas actividades han ido en aumento. En diciembre de 2025, los ministerios de Cultura e Interior acordaron realizar un proyecto de intervención en el ámbito penitenciario para impulsar la cultura como herramienta de tratamiento. Será ejecutado por la Fundación Gabeiras y tendrá un piloto en los centros de Madrid VII, Valencia Antoni Asunción y A Lama (Pontevedra), enfocado en la población femenina. Quienes cumplan medidas y penas alternativas, serán recibidos por el Centro Dramático Nacional, la Compañía Nacional de Teatro Clásico, el Museo Nacional del Romanticismo y el Museo Nacional de Cerámica. “Yo creo que las instituciones se dan cuenta de que la cultura sirve para trabajar asuntos transversales y efervescentes en prisión como la salud mental, las adicciones o los colectivos desfavorecidos”, reflexiona Crespo. “Como sociedad tenemos la obligación de ofrecer la posibilidad a aquellos que no han podido tener determinados impulsos, en este caso culturales”.

El Centro de Arte Dos de Mayo (CA2M), en Móstoles, trabaja con distintas organizaciones para impulsar el arte contemporáneo en las prisiones españolas. Tania Pardo, directora del museo, cuenta: “Pensé en cómo poner en práctica el arte como una herramienta de transformación social y qué puede hacer un museo para hablar de arte y reclusión”. Formaron un grupo de investigación con expertas y, en paralelo, levantaron el programa Cosmorama junto a Solidarios, que organiza charlas y talleres con artistas en la prisión de Soto Del Real. Además tienen una sala de exposiciones en el módulo 8 del mismo centro y un certamen de dibujo abierto a todas las cárceles del país. “Mucha gente está en la cárcel por sus circunstancias vitales, no han visto otra cosa. Hay muchos que descubren ahí su conexión con el arte”, sostiene Pardo, quien defiende que iniciativas así vengan desde un museo público: “Todo lo que es ajeno nos importa y creo que el CA2M es una respuesta para eso. El arte está atravesado por lo social, no lo puedo concebir de otra manera”.
Taxio Ardanaz dictó talleres en Cosmorama el pasado febrero: “La cárcel me toca. Hace más de 20 años estuve preso por participar en una campaña de desobediencia civil contra el Ejército y pasé por la prisión militar de Alcalá de Henares”, dice. El vínculo también lo tiene como artista, puesto que, el próximo 23 de septiembre, publicará una investigación que le ha llevado 10 años sobre grafitis y otros restos gráficos de la Guerra Civil y la posguerra en espacios de reclusión.

“Si en algo tengo confianza dentro de esta gran maraña que supone el arte, es en la práctica artística, y cuando se hace desde un lugar de sinceridad o de tranquilidad con uno mismo, no tiene mucho fallo”, dice cuando se le pregunta por el talento de sus alumnos. Al revisar los dibujos, se nota que muchos tienen conocimientos de cómic, anime o cultura urbana.
Una obra que sirve de reflejo
Cuando estaba desarrollando su monólogo teatral Luchadoras, que utiliza el contexto de la lucha libre para denunciar la violencia machista, la actriz mexicana Carla Novi pensó que nada cambiará si no se pone el foco sobre los agresores. “Me parece importante visibilizar los feminicidios y las desapariciones forzadas, pero quería ver por qué nos están matando”, cuenta después de una función de Bestias en Madrid, que se inspira en el Barlinnie Special Unit, un experimento de reforma penitenciaria que operó entre 1973 y 1994 en una prisión en Escocia, donde usaban el arte como tratamiento.
Novi conoció a John Malon cuando vivía en Glasgow. Había estado en prisión y se iniciaba en el mundo de la poesía. “No cayó otra vez en esa vida. Si funcionó para él, tiene que funcionar para otras personas”, pensó ella. Entonces se enteró del antiguo proyecto escocés y escribió Bestias sin imaginar que sería presentada en prisiones. Pero tras una función, voluntarias de Solidarios la invitaron a la prisión de Valdemoro, el pasado marzo. “No teníamos ni idea de qué iba a pasar. Cuando apagaron las luces, empezaron a silbar, a gritar cosas, como adolescentes”, recuerda.
En la primera escena, Novi interpreta a un preso. “Con este personaje se empiezan a reír, pero cuando empiezo a hablar como ellos, se metieron en la historia y se emocionaron muchísimo”. Incluso, cuenta, un chico salió de la sala porque no quería que sus compañeros lo vieran llorar. Se emoció porque nunca había visto teatro, y desde ese día bailó en su celda. “Cuando me contaron esto me dije que teníamos que volver a los centros penitenciarios”. Se lo comentó a Carlos de Matteis, director de la sala madrileña Plot Point, quien le propuso hacer funciones y reunir fondos para una gira por prisiones. Bestias ha sido presentada en Valdemoro, Soto Del Real, Segovia, Navalcarnero y Aranjuez, y actualmente están de gira por México.
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