
Sebastiana Calfuqueo apenas ha podido contener las lágrimas al hablar de su madre. La artista mapuche, nacida en Santiago de Chile hace 35 años, presentaba ayer en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza Cautín, su primera exposición individual en Europa, cuando la emoción interrumpió varias veces su relato. “Para mí esta muestra es el cierre de un proceso muy largo y muy bello”, explicó. Es también un homenaje a su cultura, a sus ancestros y a quienes resistieron antes que ella. Y, sobre todo, a su madre, fallecida mientras desarrollaba el proyecto.
La artista chilena presenta su primera exposición individual en Europa, un recorrido por el río Cautín atravesado por el duelo, la memoria y la defensa del territorio
Sebastiana Calfuqueo apenas ha podido contener las lágrimas al hablar de su madre. La artista mapuche, nacida en Santiago de Chile hace 35 años, presentaba ayer en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza Cautín, su primera exposición individual en Europa, cuando la emoción interrumpió varias veces su relato. “Para mí esta muestra es el cierre de un proceso muy largo y muy bello”, explicó. Es también un homenaje a su cultura, a sus ancestros y a quienes resistieron antes que ella. Y, sobre todo, a su madre, fallecida mientras desarrollaba el proyecto.
La exposición propone recorrer el río Cautín en sentido contrario a su curso: comienzan en el mar, en su desembocadura, y avanza por el interior de la región chilena de La Araucanía —a unos 700 kilómetros al sur de la capital, Santiago de Chile—, hasta acercarse a su nacimiento en la falda sur del volcán Lonquimay y en la cordillera de Las Raíces. El itinerario funciona como una geografía y como una narración. Para Calfuqueo, el Cautín no es únicamente un cauce de agua, sino un territorio formado por especies, comunidades, memoria y relaciones entre distintas formas de vida. “El río se extiende al cielo”, señaló la artista durante la presentación.
El mar adquiere, además, un significado particular. En la cosmovisión mapuche que atraviesa el proyecto, está asociado con la muerte, el duelo y el cierre de un ciclo. Por eso la primera obra, un video sobre su relación con el mar y el río, está dedicada a su madre. Ella no era mapuche, era chilena, y fue acogida por la familia mapuche de la artista después de que su abuelo la expulsara de casa por estar embarazada de un hombre indígena. Calfuqueo creció así entre dos mundos: la ciudad de Santiago y el territorio y la comunidad de sus antepasados.

El recorrido por el Cautín también permite a la artista hablar de una relación con el agua alejada de la idea de recurso. La exposición aborda la contaminación del río y la privatización del agua en Chile, al tiempo que plantea una concepción del territorio en la que las distintas formas de vida no ocupan posiciones jerárquicas. “La defensa de la vida” incluye, en sus palabras, el agua, los animales, las plantas y “los espíritus que habitan ese espacio”.
Esa visión de un territorio atravesado por distintas formas de vida, materiales y experiencias se traslada también a las obras de esta artista trans. Las cerámicas de inspiración mapuche se transforman en animales autóctonos, como nutrias o ranas, y reciben acabados tóxicos —con esmaltes y pinturas que contienen plomo— que aluden a la contaminación del río. Los bordados combinan cartografías occidentales con criaturas y elementos del universo mapuche. El pelo sintético aparece convertido en mapa que desciende de las faldas del volcán hasta su desembocadura en el Pacífico. Tradición y tecnología, naturaleza y contaminación, memoria personal e historia colectiva conviven sin buscar una imagen idealizada del territorio.

El azul profundo ocupa un lugar central en toda la obra. Calfuqueo, que significa “pedernal azul” en mapudungun, lo relaciona con el agua y el cielo, pero también con una idea de belleza profundamente arraigada en su cultura. La artista reivindica además el brillo y la platería, elementos de la tradición de su pueblo que, recuerda, fueron incorporados a partir del contacto colonial para después ser apropiados y transformados por la propia comunidad. “Para nosotras, el brillo y el destello de la platería es algo que usamos o portamos como forma de protección”, ha señalado.
La exposición también se sitúa frente a la historia de la colonización. Su comisaria, Marina Avia (Madrid, 35 años), ha subrayado durante la presentación la importancia de que el primer destino de Cautín sea Madrid, “por la responsabilidad histórica de España en los procesos coloniales”, antes de viajar a Santiago de Chile en 2027 (donde se presentará en el Centro Cultural La Moneda). Después está previsto que llegue a The Wallach Art Gallery de la Universidad de Columbia, en Nueva York, en 2028.

Calfuqueo no quiere que la muestra quede reducida al duelo. “No es una exposición sobre el dolor, es una celebración de la muerte, el duelo, el nacimiento y la cultura”, ha explicado. Cautín, que podrá visitarse del 6 de octubre de 2026 al 17 de enero de 2027, recorre un territorio desde la mirada de quienes lo habitan y cuenta una historia de memoria, lucha y resistencia.
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