Michele Spotti y Ted Huffman impulsan una ‘Carmen’ desnuda en Les Arts

Cuando Léon Carvalho, recién nombrado director de la Opéra-Comique, dudaba si reponer Carmen tras la muerte de Georges Bizet, Ludovic Halévy atribuyó sus reticencias a la intérprete que había estrenado el papel protagonista, la temperamental Célestine Galli-Marié: “Dio al personaje una interpretación demasiado realista. Quizá interpretó la Carmen de Mérimée, pero no la nuestra”.

Seguir leyendo

‘Carmen’

Música de Georges Bizet. Libreto de Henri Meilhac y Ludovic Halévy basado en Carmen (1845) de Prosper Mérimée.

Vasilisa Berzhanskaya, mezzosoprano (Carmen), Charles Castronovo, tenor (José), Davide Luciano, barítono (Escamillo), Ruth Iniesta, soprano (Micaëla), Manuel Fuentes, bajo-barítono (Zuniga), Isaac Galán, barítono (Moralès), Aitana Sanz, soprano (Frasquita), Lora Grigorieva, mezzosoprano (Mercédès), Cristòfol Romaguera, barítono (Le Dancaïre), Matías Sebastián Herrera, tenor (Le Remendado).

Escola Coral Veus Juntes (Directoras: Marta Mármol, Roser Gabaldó)

Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats (Director: Luis Garrido)

Cor de la Generalitat Valenciana (Director: Jordi Blanch Tordera)

Orquestra de la Comunitat Valenciana.

Dirección musical: Michele Spotti.

Dirección de escena: Ted Huffman.

Palau de les Arts, 2 de octubre. Hasta el 15 de octubre

 La ópera valenciana vuelve a firmar la mejor apertura de temporada lírica en España con una nueva producción del título de Bizet, coproducida con Ginebra, que brilla por su dirección musical y escénica más que por su reparto, encabezado por Vasilisa Berzhanskaya  

Cuando Léon Carvalho, recién nombrado director de la Opéra-Comique, dudaba si reponer Carmen tras la muerte de Georges Bizet, Ludovic Halévy atribuyó sus reticencias a la intérprete que había estrenado el papel protagonista, la temperamental Célestine Galli-Marié: “Dio al personaje una interpretación demasiado realista. Quizá interpretó la Carmen de Mérimée, pero no la nuestra”.

El libretista había edulcorado con Henri Meilhac a la gitana de la novela de 1845, que roba, tiene un marido tuerto en presidio y atrae a un inglés a una emboscada. La Salle Favart era un teatro de familias, donde se concertaban entrevistas matrimoniales, y allí solo cabía una cigarrera caprichosa. Carmen no regresó a París hasta 1883, con una soprano ligera, Adèle Isaac, primera Olympia de Los cuentos de Hoffmann, elegida precisamente para desterrar el realismo de su creadora.

Esa disyuntiva entre la Carmen de Mérimée y la de Bizet vertebra la nueva producción con la que el Palau de les Arts inauguró el viernes su temporada 2026-2027. Y vuelve a situar la apertura valenciana por encima de las del Teatro Real y el Liceu. No solo por el estreno absoluto de una coproducción con el Grand Théâtre de Genève, sino por el equilibrio y la brillantez de sus direcciones musical y escénica.

El régisseur neoyorquino Ted Huffman, recién nombrado director general del Festival de Aix-en-Provence, parte de una austeridad radical. No hay telón y la escenografía de Nadja Sofie Eller se limita a un tablado ligeramente elevado, rodeado de sillas que ocupan el coro y el cuerpo de danza. En el primer acto todos visten igual, con pantalón negro y camiseta blanca de tirantes; los soldados se distinguen únicamente por una gorra militar.

Huffman ya había hecho algo parecido en Aix, en el verano de 2025, con Billy Budd, reducido por Oliver Leith a cuatro instrumentistas. Cantantes y músicos vestían allí de blanco sobre un pequeño tablado del mismo color. Bastaba una gorra o una chaqueta de oficial para cambiar de personaje. Luis Gago describió aquella propuesta en estas páginas como “una poderosa y emocionante versión en miniatura”. Una austeridad que, en el caso de Carmen, remite inevitablemente a La tragédie de Carmen de Peter Brook (Bouffes du Nord, 1981).

La tensión se impone desde el principio gracias a una dirección de actores que combina la movilidad del coro con el dinamismo de los bailarines coreografiados por Pim Veulings. A partir de ahí, el vestuario de Astrid Klein evoluciona a la vista del público con total naturalidad: vestidos de noche en el segundo acto, grandes gabanes con los que los contrabandistas se protegen del frío de la sierra en el tercero y un colorido más folclórico en el cuarto, donde Escamillo aparece con traje goyesco. Apenas descienden del peine algunos elementos escenográficos, como los que evocan la taberna de Lillas Pastia.

El aspecto más discutible de la propuesta es la intervención de varios actores que introducen la acción en español e invitan al espectador a imaginar lo que no se ve sobre el tablado. Sus palabras proceden de la novela de Mérimée, como deja claro la presentación de José: como deja claro la presentación de José: un navarro que mató a un hombre tras un partido de pelota y huyó a Sevilla para escapar de la justicia. Son alocuciones amplificadas que a veces se superponen a las introducciones musicales, como la del coro de entrada, Sur la place, y otras se apoyan en pasajes de melodrama. El recurso tiene una intención didáctica, pero es ajeno a la ópera y resulta innecesario.

Tras el descanso, los actos tercero y cuarto se encadenan sin pausa y sin abandonar la austeridad, aunque con gran efecto teatral. Lo demostró, al final del tercero, la reaparición de Micaëla para avisar a José de que su madre agoniza. También funcionó muy bien otra licencia de Huffman: un tablao flamenco con nueve bailarinas, que enlazó con la aragonesa del tercer entreacto. El cuarto acto se abrió con una espectacular lluvia de confeti junto a la plaza de toros, mientras el coro señalaba a la cuadrilla desde el proscenio, como en la ya clásica producción de Calixto Bieito.

La versión de la partitura volvió a ser, como sucedió hace diez meses en el Teatro Real, un discutible refrito de la edición de Fritz Oeser de 1964, con recortes y diálogos hablados mínimos, pese a que existen ediciones mucho más acreditadas, como la de Robert Didion (Schott) y, sobre todo, la de Paul Prévost (Bärenreiter). Incluyó, además, alguna concesión a los recitativos que Ernest Guiraud compuso tras la muerte de Bizet, como el que precede al aria de Micaëla en el tercer acto. Con todo, el resultado funcionó bien en lo dramático, pese a las abundantes e innecesarias restituciones de Oeser, como el pasaje que reproduce casi literalmente el final del preludio y dilata el lanzamiento de la flor de Carmen a José en el primer acto.

La dirección musical del milanés Michele Spotti, de 33 años, titular de la Ópera de Marsella y próximo principal director invitado de la Deutsche Oper de Berlín, fue el otro gran pilar de la función. Supo activar a la excelente Orquestra de la Comunitat Valenciana, pero también dejarla tocar para que la música fluyera, con una gran calidad de empaste, fraseo y nervio desde el festivo preludio inicial. En los dos primeros actos faltó cierta profundidad, carencia que compensó tras el descanso con unos actos finales excelentemente delineados.

Lo evidenciaron los entreactos: el segundo, de enorme poesía, y sobre todo la citada aragonesa, cuyo nombre se debe a Guiraud y no a Bizet, convertida en el mejor momento orquestal de la noche por su tensión, colorido y nervio. Destacaron los soberbios solos del oboísta Christopher Bouwman y los violines comandados con brío por el concertino Gjorgi Dimcevski. A ello se sumó una precisa atención a los conjuntos y a los solistas, que confirma la prometedora batuta que el italiano ya había mostrado aquí en Ernani y en el díptico de Ravel y Puccini.

La mezzo rusa Vasilisa Berzhanskaya posee condiciones admirables para el papel titular: una voz amplia, densa y uniforme, con un centro poderoso y agudos brillantes. Pero su Carmen resulta fría y poco creíble. Cantó muy bien la habanera, aunque sin sensualidad, pese a que Spotti mantuvo desde el foso la pulsión danzable de principio a fin; en la seguidilla, nadie creyó que sedujera a José. Mejoró en el extenso dúo del segundo acto y alcanzó sus mejores momentos tras el descanso: un brillante couplet en el trío de las cartas y un intenso dúo final, que Huffman resuelve con José estrangulándola con su cinturón.

El tenor estadounidense Charles Castronovo siguió siendo un José poco interesante, de sonidos guturales y estrangulados, y con demasiado vibrato. Sin embargo, la dirección musical y la escénica contribuyeron a mejorar el personaje que cantó en el Real, con mayor atención a los detalles. Se notó en el aria de la flor, con un bellísimo diálogo con los violonchelos: el si bemol agudo llegó en fortísimo y con tensión, pero supo apianar después. Creció con el estallido de rabia que cierra el tercer acto y en el dúo final.

El barítono italiano Davide Luciano, que este verano cantó el mismo papel en Salzburgo, exhibió otra voz excelente, de buena proyección, articulación y graves sólidos, pero sin seducción. Sus couplets se beneficiaron del acompañamiento flexible y propositivo de Spotti, aunque actuó sin magnetismo y nadie puede creerse que Carmen se enamore de él. La soprano aragonesa Ruth Iniesta, que repetía apertura de temporada tras el Faust del año pasado, fue una Micaëla convincente y la que mejor francés cantó de los cuatro protagonistas, pese a un vibrato algo estridente desde su dúo con José. Brilló en su aria del tercer acto, con buen fraseo, proyección y matices.

Entre los secundarios, cumplió el barítono zaragozano Isaac Galán como Moralès, encargado de abrir la ópera, y el bajo-barítono valenciano Manuel Fuentes aportó un Zuniga de timbre idealmente oscuro. Muy bien la Frasquita de Aitana Sanz y la Mercédès de Lora Grigorieva; menos convincentes estuvieron Cristòfol Romaguera y Matías Sebastián Herrera como Le Dancaïre y Le Remendado, tanto en el quinteto del segundo acto como en el sexteto del tercero. Los coros actuaron con brillantez: la Escola Coral Veus Juntes junto a la Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats y un Cor de la Generalitat Valenciana muy bien equilibrado tuvieron su mejor momento en el festivo Les voici! que abre el cuarto acto.

Halévy temía una Carmen demasiado realista. La de Berzhanskaya tiene el problema contrario: le sobra voz y le falta verdad. Parafraseando al libretista, cantó la Carmen de Bizet, pero no la de Mérimée. De esta se encargó Huffman con las palabras de la novela; de aquella, Spotti, con una batuta que hizo brillar la partitura en el foso y sobre el desnudo escenario de Les Arts.

‘Carmen’

Música de Georges Bizet. Libreto de Henri Meilhac y Ludovic Halévy basado en Carmen (1845) de Prosper Mérimée.

Vasilisa Berzhanskaya, mezzosoprano (Carmen), Charles Castronovo, tenor (José), Davide Luciano, barítono (Escamillo), Ruth Iniesta, soprano (Micaëla), Manuel Fuentes, bajo-barítono (Zuniga), Isaac Galán, barítono (Moralès), Aitana Sanz, soprano (Frasquita), Lora Grigorieva, mezzosoprano (Mercédès), Cristòfol Romaguera, barítono (Le Dancaïre), Matías Sebastián Herrera, tenor (Le Remendado).

Escola Coral Veus Juntes (Directoras: Marta Mármol, Roser Gabaldó)

Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats (Director: Luis Garrido)

Cor de la Generalitat Valenciana (Director: Jordi Blanch Tordera)

Orquestra de la Comunitat Valenciana.

Dirección musical: Michele Spotti.

Dirección de escena: Ted Huffman.

Palau de les Arts, 2 de octubre. Hasta el 15 de octubre

 Feed MRSS-S Noticias

Interesante