María Pagés: remembranza con mantón (y coraje)

¿Por qué remembranza? Porque ―oh, maravillosa sutileza más que rica del castellano― la remembranza no es exactamente el recuerdo a secas, es algo más. Es la memoria ciertamente adornada, guarnecida, armada con los elementos que la hacen paisaje o ambiente; están los personajes recordados, pero en situación, en una escena recompuesta con algunos detalles que quien recuerda, puede modificar, alterar o desechar. Esto pasa así en el extraordinario filme Providence (1977), de Alain Resnais, donde aquel escritor en el ocaso convoca a algunos muertos, los sienta a su mesa y cambia, en su imaginario, el color de los muros o las vestiduras: la remembranza es también un acto poético de creación, y esto es lo que parece reconocer en la película citada un brillante John Gielgud que, en parte, está volviendo a encarnar a Próspero, casi su otra piel teatral.

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 ¿Por qué remembranza? Porque ―oh, maravillosa sutileza más que rica del castellano― la remembranza no es exactamente el recuerdo a secas, es algo más. Es la memoria ciertamente adornada, guarnecida, armada con los elementos que la hacen paisaje o ambiente; están los personajes recordados, pero en situación, en una escena recompuesta con algunos detalles que quien recuerda, puede modificar, alterar o desechar. Esto pasa así en el extraordinario filme Providence (1977), de Alain Resnais, donde aquel escritor en el ocaso convoca a algunos muertos, los sienta a su mesa y cambia, en su imaginario, el color de los muros o las vestiduras: la remembranza es también un acto poético de creación, y esto es lo que parece reconocer en la película citada un brillante John Gielgud que, en parte, está volviendo a encarnar a Próspero, casi su otra piel teatral. Seguir leyendo  

¿Por qué remembranza? Porque ―oh, maravillosa sutileza más que rica del castellano― la remembranza no es exactamente el recuerdo a secas, es algo más. Es la memoria ciertamente adornada, guarnecida, armada con los elementos que la hacen paisaje o ambiente; están los personajes recordados, pero en situación, en una escena recompuesta con algunos detalles que quien recuerda, puede modificar, alterar o desechar. Esto pasa así en el extraordinario filme Providence (1977), de Alain Resnais, donde aquel escritor en el ocaso convoca a algunos muertos, los sienta a su mesa y cambia, en su imaginario, el color de los muros o las vestiduras: la remembranza es también un acto poético de creación, y esto es lo que parece reconocer en la película citada un brillante John Gielgud que, en parte, está volviendo a encarnar a Próspero, casi su otra piel teatral.

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