Los Patos, la pareja de creadores que cambiaron la efervescencia de París por la calma de Asturias sin perder el color

Hay algo muy contemporáneo en la historia de Los Patos. Dos creativos que abandonan París, una de las mecas del diseño europeo, para instalarse junto al Cantábrico y, desde allí, seguir trabajando para algunas de las marcas, arquitectos e instituciones culturales más importantes del mundo. Pero esta historia también tiene un componente muy humano: el hastío de la vida en la gran ciudad, la necesidad de bajar el ritmo y el deseo de criar a sus dos hijas cerca del mar. La verdadera pregunta no es por qué dejaron la capital francesa, sino qué encontraron en Salinas, un pequeño pueblo asturiano, para no querer volver.

Seguir leyendo

 El proyecto de Matteo Mastronardi e Inés Iglesias se gestó en la capital francesa y, tras 16 años, recaló en Salinas, donde tienen su estudio gráfico. Desde allí trabajan su ecosistema visual, que plasman en sus creaciones para arquitectos, firmas e instituciones culturales, así como en su marca de toallas  

Hay algo muy contemporáneo en la historia de Los Patos. Dos creativos que abandonan París, una de las mecas del diseño europeo, para instalarse junto al Cantábrico y, desde allí, seguir trabajando para algunas de las marcas, arquitectos e instituciones culturales más importantes del mundo. Pero esta historia también tiene un componente muy humano: el hastío de la vida en la gran ciudad, la necesidad de bajar el ritmo y el deseo de criar a sus dos hijas cerca del mar. La verdadera pregunta no es por qué dejaron la capital francesa, sino qué encontraron en Salinas, un pequeño pueblo asturiano, para no querer volver.

“Somos arquitectos de lo visual”, dice Matteo Mastronardi, mitad de Los Patos. Y esta definición tiene sentido, porque ellos no son solo un estudio de diseño gráfico. Su trabajo consiste en construir ecosistemas visuales completos donde cada detalle pasa por un mismo filtro estético y emocional. Mucho color, sentido del humor, referencias culturales y la obsesión de que todo sea un poco más bello, más amable, más lúdico.

Esta historia comienza entre Roma y París. A finales de los años 2000, Mastronardi vivía en la capital francesa y trabajaba en proyectos colectivos de diseño y creación contemporánea. Estaba muy vinculado al Centquatre-Paris, uno de los espacios culturales más activos de la ciudad. Un amigo común le habló de Inés Iglesias, que entonces vivía en Roma y trabajaba como diseñadora y video jockey bajo el nombre artístico Pinta y Colorea. Creaba universos visuales en directo para conciertos, festivales y piezas escénicas, como una especie de DJ de imágenes y atmósferas. Él la contrató para colaborar. Trabajaron juntos, primero a distancia y después en persona durante un festival de performance en París. “Y ya no nos volvimos a separar”, recuerda ella.

Pasados unos meses, se mudó a Francia. Era 2009. Ella venía del mundo del arte digital, las instalaciones visuales y la noche electrónica. Él, de un universo más ligado al diseño y la dirección de arte. La mezcla de los dos se convirtió en 2011 en Los Patos. El nombre nació casi por accidente. Mientras Iglesias estudiaba Animación 3D, ella y sus compañeros seguían fascinados el fenómeno de Pocoyó, especialmente a Pato, aquel personaje amarillo que marcó a toda una generación creativa. Empezó a llamar “Pato” a Mastronardi, y él a ella “Pata”, y el estudio acabó heredando el apodo. “No nos quedó otra opción”, asegura Iglesias entre risas. Su estética tampoco tardó en consolidarse. Frente al minimalismo que dominaba entonces el diseño europeo, ellos apostaron por el color, la emoción y mucha alegría. “Queríamos cambiar los códigos”, explican. Su lema desde el principio fue visual happiness (felicidad visual).

La industria del lujo y la arquitectura entendieron rápidamente su lenguaje. Trabajaron con el arquitecto japonés Shigeru Ban, Premio Princesa de Asturias de la Concordia en 2022. Esta colaboración les abrió definitivamente las puertas del circuito internacional de arquitectura. Después llegaron proyectos para Givenchy, Lancôme, La Prairie, L’Oréal, LVMH, Hennessy y la histórica productora francesa Gaumont. También desarrollaron cápsulas creativas para A.P.C. y colaboraciones con Le Bon Marché, algo así como el Harrods parisino. Recientemente también han presentado una colaboración con la marca de calzado Walkinpitas, una colección de alpargatas ultracoloridas y cómodas que encaja perfectamente con el universo visual, optimista y playful que define todo lo que hacen.

Diseñaron además escenografías para desfiles de moda, bicicletas, colchones o relojes. “Queríamos crear identidad para cualquier cosa”, explica Iglesias. Incluso Apple adquirió dos de sus obras para sus oficinas en Londres, un collage de Mastronardi y una pieza de Iglesias, heredera de aquella etapa en la que llenaba festivales internacionales con videoinstalaciones vectoriales y animaciones digitales. “Tenía un universo visual muy personal”, recuerda Mastronardi. “Pero cuando Los Patos empezaron a crecer, la noche fue quedando atrás; si queríamos triunfar no podíamos estar de clubbing”.

Los Patos creadores

Después de 16 años en París empezaron a sentir que necesitaban aire. La pandemia terminó de precipitar una idea que ya llevaba tiempo rondando. Los padres de Iglesias tenían un apartamento en Salinas y ellos escapaban siempre que podían gracias al vuelo directo París-Asturias. “Salíamos un viernes y en dos horas estábamos en la playa”, recuerda ella. Primero compraron una casa pensando únicamente en reformarla poco a poco. Pero después llegó el teletrabajo y lo cambió todo. Mantuvieron durante un tiempo el apartamento y el estudio parisino, aunque muchos clientes ni siquiera percibieron el traslado. “La gente seguía trabajando con nosotros como si estuviéramos allí”, apunta Mastronardi.

Hoy viven a pocos minutos del mar y del aeropuerto. Su empresa continúa operando en París, y ellos trabajan desde Asturias con la misma red internacional de clientes. “Cuando sales por la puerta aquí hay calma. En París vivíamos rodeados de ese FOMO constante, esa ansiedad que te hace sentir que siempre deberías estar en otro sitio haciendo algo más interesante”.

Volver toallas Los Patos

La maternidad también transformó su manera de entender el diseño. Hablan constantemente de ética, sostenibilidad y responsabilidad estética. “Cuando eres padre piensas mucho más en lo que dejas a las siguientes generaciones”, asegura Mastronardi. Esa reflexión terminó derivando incluso en un nuevo proyecto empresarial nacido directamente de su vida asturiana:Volver, una firma de toallas contemporáneas creada, literalmente, de una frustración playera. “Nos dimos cuenta de que todas las toallas eran horribles, de equipos de fútbol, de Madonna, de Bon Jovi…”, dice Iglesias entre risas. Querían algo distinto, piezas contemporáneas, gráficas y sostenibles, alejadas de la lógica del fast fashion. Así nació Volver, que funciona mediante pequeñas cápsulas limitadas alejadas del calendario clásico de la moda. Fabrican solo cuando han vendido gran parte de la colección anterior, reduciendo excedentes y apostando por un enfoque más sostenible. Su último lanzamiento, Adventure of Wonder (Aventura del asombro), ya se vende en Europa y Japón, donde cuentan incluso con pop ups en Osaka y Tokio. “Las buenas ideas nacen de las frustraciones”, resumen entre risas.

Los Patos creadores

Quizá por eso su trabajo sigue manteniendo una parte lúdica, incluso ingenua en el mejor sentido. Sus diseños transmiten una alegría casi infantil. “Con la precisión de un arquitecto y la pasión de un niño”. Una filosofía que conecta perfectamente con muchos de los proyectos culturales en los que trabajan actualmente en Asturias. Entre ellos, desarrollan desde hace años la identidad visual de la Ópera de Oviedo y, desde hace algo más de un año, están inmersos en uno de los proyectos culturales más ambiciosos del territorio: la candidatura de Oviedo a Capital Europea de la Cultura 2031. Para ellos, el reto era claro: “Poner Oviedo en el mapa europeo”. El proyecto, explican, les atrajo precisamente por ese equilibrio entre identidad local y vocación internacional que ellos mismos llevan años practicando. Y quizá también por eso Oviedo los eligió a ellos, por esa mezcla de mirada europea y raíz local.

Porque quizá Los Patos sean precisamente eso, una mezcla extraña y bastante luminosa de sofisticación, despreocupación y felicidad. Diseñadores globales que un día entendieron que el verdadero lujo no estaba necesariamente en París, sino en salir del estudio y encontrarse el mar de frente. Quizá es ahí donde reside la verdadera clave de su historia. Haber comprendido que es posible trabajar para el mundo desde un lugar en el que se respira paz.

 EL PAÍS

Interesante