
Leo Rizzi (Ibiza, 27 años) tiene cierto aire a un joven Mick Jagger, una modestia que su aspecto de estrella no hacía presagiar y una querencia por la filosofía poco habitual entre las nuevas figuras del pop en español. Habla como un uruguayo, con sus giros y digresiones (sus padres son de allí y pasó parte de su infancia en el país), aunque su acento suena algo levantino, fruto de sus años estudiando Bellas Artes en Valencia. Atiende en la oficina de su discográfica en Madrid mientras ultima una gira que arranca este jueves en Barcelona y con la que recorrerá España.
El músico inicia una gira por España para presentar su nuevo disco e intenta escapar de la sombra de su éxito más viral, ‘Amapolas’, y conciliar sus ideales con las exigencias de la industria
Leo Rizzi (Ibiza, 27 años) tiene cierto aire a un joven Mick Jagger, una modestia que su aspecto de estrella no hacía presagiar y una querencia por la filosofía poco habitual entre las nuevas figuras del pop en español. Habla como un uruguayo, con sus giros y digresiones (sus padres son de allí y pasó parte de su infancia en el país), aunque su acento suena algo levantino, fruto de sus años estudiando Bellas Artes en Valencia. Atiende en la oficina de su discográfica en Madrid mientras ultima una gira que arranca este jueves en Barcelona y con la que recorrerá España.
Presentará su segundo disco, La belleza de las flores (Warner), inspirado en el pensamiento de Byung-Chul Han. Su desafío es salir de la alargada sombra de Amapolas, el éxito viral que acumula más de 350 millones de reproducciones en Spotify y sigue eclipsando el resto de su repertorio, cada vez más arriesgado y complejo.
Pregunta. En el disco habla de fe, devoción y rituales. ¿Se ha vuelto religioso?
Respuesta. Prefiero hablar de mística. Los artistas somos como alquimistas: debemos crear cosas con significado, rituales y vínculos fuera de un sistema que solo prioriza el capital. Mi dios es lo natural y la escucha de lo natural. Cuanto más nos alejamos de la naturaleza, más aspiramos a cosas que no tienen valor.
P. ¿Es de los que necesitan abrazar un árbol de vez en cuando para estar en paz?
R. Eso es. A los 19 años viví en una comunidad que practicaba la autosostenibilidad. Después hice un curso en Portugal sobre recuperación de terrenos áridos y gestión del agua, algo muy relevante ahora, con el enorme consumo de la inteligencia artificial. La naturaleza tiene mucho que enseñarnos. Si tienes una pregunta, acércate a un árbol y siéntate a observarlo. Encontrarás todas las respuestas.
P. Tiende a repetir algunas palabras en sus versos. ¿Hay alguna palabra de la que haya abusado?
R. Río. La tengo quemada. Admito que a veces la utilizo porque no sé qué decir en un verso. También repito bastante luz y oscuridad. Me estoy quitando.
P. Su primer disco tomó prestados versos de Rubén Darío y este se inspira en Byung-Chul Han. ¿Necesita un padrino literario para cada álbum?
R. Eso parece. Cada etapa de mi vida está marcada por un libro. No me las voy a dar de intelectual, porque tampoco leo tanto, pero las lecturas me ayudan a entender lo que siento. Byung-Chul Han puso palabras a cosas que ya estaba experimentando.
P. Otro de sus mayores referentes es Brigitte Vasallo.
R. Su libro Pensamiento monógamo, terror poliamoroso me rompió los esquemas. Fui a varias conferencias suyas. Me interesa su comparación entre monogamia y capitalismo, y su reflexión sobre cómo hemos capitalizado los afectos. Desmontó la idea que tenía del amor.
P. ¿Se pasó al poliamor?
R. He experimentado con varios formatos y ya no descarto nada. Todo depende de las personas y del momento que vivas. Al amor no puedes ponerle una cárcel ideológica. El poliamor me parece una propuesta utópica para la que nuestro sistema todavía no está preparado. En las relaciones abiertas puede haber una falta de compromiso contraria a lo que plantea Brigitte Vasallo, que es construir redes afectivas muy sólidas. Al final, lo importante siempre es cuidar a tu gente.
P. Es curioso, porque sus canciones suenan bastante románticas y monógamas, incluso un poco antiguas.
R. Es verdad, pero no descarto romper esa barrera. Los artistas nos vamos reformulando. He escrito cosas con las que ya no estoy de acuerdo. Quiero defender un amor universal, más que un modelo clásico de monogamia heterosexual.

P. Otra contradicción: se inspira en filósofos anticapitalistas, pero publica en una multinacional.
R. Lo asumo. Hay que convivir con las incoherencias desde la humildad. Lo importante es transmitir mensajes valiosos, independientemente de quién los emita. Estar en una multinacional no me impide defender mis ideas. Necesitamos utopías hacia las que caminar sin juzgarnos por no haber llegado todavía.
P. Y otra más: se hizo famoso gracias a TikTok, pero ahora cuestiona la viralidad.
R. Bueno, yo no empecé en TikTok. A los 12 años ya subía vídeos a YouTube. Y antes de eso, tocaba en el restaurante de mis padres en Punta Ballena. Antes del éxito de Amapolas había construido una comunidad que encontraba refugio en mis canciones. Desde una posición privilegiada es fácil decir que no hay que producir. Pero los alquileres están altísimos y la gente de clase obrera necesitamos trabajar para comer, porque yo no vengo de una familia rica. Eso no impide que defienda mis utopías. Si no tenemos utopías, estamos muertos.
P. Otra cosa que desprenden sus canciones es la necesidad de soledad.
R. Totalmente. Vivo en el campo, fuera de Madrid, rodeado de gallos y escuchando la brisa. Me gusta salir y divertirme, pero necesito un refugio. A veces me cuesta desenvolverme socialmente y necesito pasar cuatro horas solo para regularme.
P. ¿Le da rabia que Amapolas eclipse el resto de su producción?
R. Al principio, sí. Después de aquel éxito quería conseguir otro igual y me frustraba que ninguna canción llegara tan lejos. Ahora lo llevo mejor. La compuse en mi cuarto, con 22 años, cuando ni sabía nada de la industria musical. No pretendía romper el mercado. En cualquier caso, no le tengo manía. Me sigue gustando, está muy cuidada y bien producida.
P. ¿Qué relación mantiene con su propia belleza?
R. Tengo conflictos con el culto al físico. A nadie le disgusta que le digan guapo, pero a veces vas a presentar una canción y terminan preguntándote más por tus rizos que por tu música. Y eso me molesta. Soy un disfrutón y no quiero estar obsesionado con el gimnasio ni luchar contra la vejez. Parece que todos debamos ser eternamente jóvenes, delgados e impolutos. Yo quiero envejecer y que mi cuerpo adopte su forma natural.
“A nadie le disgusta que le digan guapo, pero me molesta que me hablen más de mis rizos que de mi música”
P. Aclaremos el misterio de Operación Triunfo. ¿Le echaron o se fue?
R. Me fui. Acompañé a mi hermana al casting para la edición de 2018 y, estando ya en la cola, decidí presentarme. Pasé dos fases y, aquel verano, mientras trabajaba en Peñíscola, me llamaron para una tercera prueba en Madrid. Mis productores me aconsejaron que, si quería dedicarme a la música, apostara por una carrera a largo plazo, porque tenía un disco en marcha con ellos. Les hice caso. Cuando llamé para renunciar, el chico no se lo creía: “¿En serio no vas a venir?”. Fue una decisión agridulce, pero no me arrepiento. Era muy pequeñito y desde entonces he cambiado mucho. Ya no escucho a Justin Bieber. Hoy prefiero a Kings of Leon o Leon Bridges.
P. En Aquí nadie se puede morir imagina un mundo sin pasaportes ni banderas. ¿No es un poco ingenuo, visto cómo está el mundo?
R. Pues sí. La compuse en un momento en que había tocado fondo, así que habla de sentimientos, pero también habla de nuestra situación como comunidad mundial. Es un himno a la defensa de las ideas hasta el final, incluso cuando eso implique sufrir, y al hecho de no vendernos.
P. ¿Le preocupa el futuro político?
R. Antes no me posicionaba, pero no quiero ser un artista de marca blanca. Con la crisis de vivienda y el auge de la ultraderecha tenemos que movilizarnos. Siempre doy la chapa a otros artistas para formar un colectivo. Si no nos unimos, los de arriba se nos comen. ¿Qué interés tienen en nosotros aparte de que seamos simples consumidores y sigamos produciendo? Siento que hay miedo a pronunciarse porque todo está polarizado. Esta entrevista puede provocar ataques de gente que piensa lo contrario que yo, y eso da un poco de vértigo. Pero no por eso me voy a callar.
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