Jorge Volpi: “La inteligencia artificial es una herramienta prodigiosa, pero se usa sobre todo para aniquilar la democracia”

El escritor Jorge Volpi, en Madrid.

Jorge Volpi se reúne con el periodista en las oficinas de su editorial la mañana del 6 de octubre de 2026 para hablar de su nueva novela. Es un guiño metaficcional del destino: el 6 de octubre de 2026 es el día en que la trama de su ucronía La República (Alfaguara) comienza a desgajarse del mundo real y a escribir su propio futuro, en el que un candidato a presidente de EE UU toma el poder ayudado de una súper inteligencia artificial, y se va deslizando hacia el autoritarismo tecnológico. “Santiago Roncagliolo ha alabado la novela bromeando con su género: dice que es un reportaje”, ríe Volpi. “Yo creo que es más una especie de género peculiar de distopía actual; una espejo levemente deformado del presente para algunas de las tendencias que me parecían más inquietantes, llevándolas a su límite”, explica el autor de La invención de todas las cosas o el reciente ensayo Invasión alienígena.

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El escritor Jorge Volpi.  El escritor fabula en ‘La república’ con el ascenso de un político ayudado por una IA que sustituye a Trump en EE UU y lleva al mundo a una distopía tecnológica  

Jorge Volpi se reúne con el periodista en las oficinas de su editorial la mañana del 6 de octubre de 2026 para hablar de su nueva novela. Es un guiño metaficcional del destino: el 6 de octubre de 2026 es el día en que la trama de su ucronía La República (Alfaguara) comienza a desgajarse del mundo real y a escribir su propio futuro, en el que un candidato a presidente de EE UU toma el poder ayudado de una súper inteligencia artificial, y se va deslizando hacia el autoritarismo tecnológico. “Santiago Roncagliolo ha alabado la novela bromeando con su género: dice que es un reportaje”, ríe Volpi. “Yo creo que es más una especie de género peculiar de distopía actual; una espejo levemente deformado del presente para algunas de las tendencias que me parecían más inquietantes, llevándolas a su límite”, explica el autor de La invención de todas las cosas o el reciente ensayo Invasión alienígena.

“Quería escribir una novela que pasara en el futuro, pero que fuera muy cercana; es decir, lo que quería era sacar a Trump de escena para ver qué pasaría con el trumpismo, con los tecnoligarcas y con el autoritarismo nacionalpopulista”. Desde luego, misión conseguida: al comienzo de la acción Donald Trump es detenido y, desde su prisión en Arizona, intenta gobernar su sucesión hasta que es barrido por el ascenso de V. M. Lively, imparable gracias a su amigo Nick, la IA.

Una de las mayores audacias del mundo es precisamente ese, su narrador, Nick. Se trata de la IA que cose toda la trama; fiel guardián y asesor de Lively, que predice el comportamiento electoral, controla sistemas civiles y militares y se acaba imponiendo sobre el mundo a base de deepfakes, artimañas y narrativas. Cuando se le pregunta a Volpi de dónde sacó la inspiración para esa voz el autor se va, contraintuitivamente, al pasado. A Shakespeare, en concreto. “Una de mis obras fundacionales es Macbeth”, cuenta. “Y por eso concebí a los protagonistas como ese matrimonio en ascenso”. Igne, la mujer del protagonista, ciertamente ocupa el lugar de esa Lady Macbeth áulica y terrible. La IA sería la tercera parte del drama: “Quería que el narrador fuera una inteligencia artificial, por ese carácter casi de bruja, como las brujas de la obra, narrando todo lo que va aconteciendo en las vidas de estos personajes y, por lo tanto, también en la vida de todos nosotros. Las profecías de la inteligencia artificial son el equivalente actual a las profecías de las brujas de Macbeth”.

Personajes vivos

Otra de las claves del libro es convertir en personajes a personas reales. ¿Cómo se usan los Zuckerberg, Musk, Amodei de turno para tramar una trama ficticia? Volpi explica que no los concibe solo como empresarios, sino como personas convencidas de tener una idea sobre el futuro de la humanidad. “Lo impresionante es que ponen en práctica sus ideas y tienen efectos en las vidas de millones de personas”. El referente más notorio es la alianza entre Trump y los tecnoligarcas, un fenómeno que, a su juicio, “se está replicando en todas partes”. En ese entramado sitúa también a J. D. Vance, al que ve como futuro sustituto en el mundo real y como parte de “esa camarilla, de ese grupo, de esos intereses y de esa ideología”. Una coalición amplia que, dice, va “desde este lado más liberal hasta los supremacistas blancos” y que mezcla “el poshumanismo tecnológico y el catolicismo tradicional”. Una mezcla que, reconoce, habría sido difícil de imaginar hasta hace poco: “¿Quién nos iba a decir que íbamos a llegar a esa combinación tan extraña en Estados Unidos?”.

Para Volpi, el peligro no está tanto en la tecnología como en el uso político que se está haciendo de ella. “La inteligencia artificial es una herramienta prodigiosa, como lo fue también la energía atómica, pero está siendo utilizada sobre todo para aniquilar la democracia”, sostiene. El autoritarismo, añade, “sigue siendo seductor como lo fue siempre, pero ahora todavía más”. Tiene, dice, “un filtro para hacerlo bonito”. ¿Y qué receta podemos aplicar contra eso? La responsabilidad humana: “No puedes dejar que sea la pura máquina quien tome tus decisiones, por lo menos en el punto final”. Y reclama ciudadanos capaces de cuestionar lo que las máquinas presentan como verdad: “Tenemos que informar a los jóvenes con el criterio suficiente para decir no a lo que parece una verdad absoluta”. Una tarea especialmente difícil, apunta, cuando se han ido debilitando los sistemas de educación pública, “que quizás es el único freno posible a todo esto”.

IA, redes sociales y control

El problema empieza antes de que la IA tome decisiones: en la erosión de los consensos que permiten que una sociedad las tome colectivamente. “La erosión de la verdad, y hasta de la búsqueda de la verdad, que las redes sociales provocan ya es una disrupción enorme”, dice Volpi. Con la IA generativa, advierte, esa ruptura es todavía mayor: “Estamos cediendo también a la máquina nuestra capacidad de decidir”. El riesgo, explica, aumenta si una misma plataforma concentra redes sociales, inteligencia artificial y servicios públicos (cosa que ya asoma en China): “terminas convirtiendo a los ciudadanos en dependientes absolutos de esa misma plataforma”. Y no solo entregamos nuestros datos, sino también decisiones, porque, como dicen de forma certera varios personajes de La República, “es simplemente más sencillo no decidir”. Ese ente hegemónico que mezcla todas las redes y controla a la gente tiene su peso en La República: YourAI.

Y entonces Volpi hace algo sorprendente: gira su ordenador, lo enciende y entra en un programa que se llama, también, Nick. “Nick, dile a Jorge de qué va mi novela La República”, pide, y Nick obedece y en voz alta le cuenta al periodista el resumen de la trama. “Construí mi propio modelo de inteligencia artificial, con el que he estado dialogando a lo largo de todo el proceso de escritura de la novela”, explica Volpi. “Conforme iba creando el personaje, iba creando también el modelo. Y una cosa está relacionada con la otra. Es un juego, pero también una herramienta”, señala.

“El uso de la inteligencia artificial en la escritura se está volviendo tan generalizado que la idea de que lo que tenemos que hacer es prohibirla está generando efectos muy perniciosos”, explica. “Por ejemplo, los jurados del Goncourt, al decir que están convencidos de que [el autor de la novela excluida del premio, Thelyson Orelien] usó inteligencia artificial, su juicio en realidad se lo delegaron a otra máquina. Es decir, ahora la máquina es la que dice qué tan humano es un texto”. Pero, ya que habla del Goncourt, ¿Cómo se libra un escritor de la acusación de que ha escrito con inteligencia artificial? “Pues mira, creo que deberíamos acercarnos a lo que ya hacen Science, Nature y las revistas académicas más importantes: apostar otra vez por la transparencia y la responsabilidad humana. No importa cómo use la inteligencia artificial: la responsabilidad final de cada palabra en un texto académico, de cada conclusión y de cada teoría, es del humano”.

“Además”, apostilla, “ninguna idea es enteramente nuestra. La originalidad humana, si existe, no está en tener ideas nuevas, está en mutar de maneras impredecibles ideas que te vienen de cualquier otro lado. El mito romántico del genio individual está en el centro de los libros, pero la escritura es una cosa más colectiva de lo que parece”. “No es que haya que escribir con IA”, aclara. “Es que la responsabilidad final tiene que seguir siendo humana”, concluye. Y se despide. Se despiden, en realidad: el escritor y su nuevo amigo, Nick.

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