El coro de Praga: Cine desde una devastación silenciosa (****)

No es tanto lo que se dice como lo que muestra todo aquello que se dice y, quizá más importante aún, lo que se calla. Es decir, lo que sin poder decirse porque el propio lenguaje no alcanza queda en evidencia por la estructura y forma de nuestra manera de pensar, obrar o reflexionar. El director checo Ondrej Provazník se diría seguidor (o cuanto menos lector) del primer Wittgenstein convencido de que los límites del lenguaje son en la misma medida los límites del mundo. Y para que quede claro diseña una película enteramente construida desde las miradas, los silencios, los gestos apenas apuntados… No desde el diálogo o el guion simplemente. No es tanto que se quiera hacer el interesante, que quizá un poco sí, ni mucho menos que le pueda el pudor, simplemente está convencido de que los mecanismos del abuso y el machismo, de eso hablamos, están tan sólidamente anclados y ocultos en la forma cómo representamos y nos creemos el mundo que para hablar de ellos es preciso antes refutarlo todo, empezando por la misma forma cómo representamos y nos creemos el mundo. No se trata, por tanto, de decir, puesto que las palabras que usamos normalmente estaban infectadas, como mostrar. Y así.

 El director checo Ondrej Provazník explora los mecanismos del abuso machista en un drama sutil, preciso y crudo con alma de thriller modélico  

No es tanto lo que se dice como lo que muestra todo aquello que se dice y, quizá más importante aún, lo que se calla. Es decir, lo que sin poder decirse porque el propio lenguaje no alcanza queda en evidencia por la estructura y forma de nuestra manera de pensar, obrar o reflexionar. El director checo Ondrej Provazník se diría seguidor (o cuanto menos lector) del primer Wittgenstein convencido de que los límites del lenguaje son en la misma medida los límites del mundo. Y para que quede claro diseña una película enteramente construida desde las miradas, los silencios, los gestos apenas apuntados… No desde el diálogo o el guion simplemente. No es tanto que se quiera hacer el interesante, que quizá un poco sí, ni mucho menos que le pueda el pudor, simplemente está convencido de que los mecanismos del abuso y el machismo, de eso hablamos, están tan sólidamente anclados y ocultos en la forma cómo representamos y nos creemos el mundo que para hablar de ellos es preciso antes refutarlo todo, empezando por la misma forma cómo representamos y nos creemos el mundo. No se trata, por tanto, de decir, puesto que las palabras que usamos normalmente estaban infectadas, como mostrar. Y así.

El coro de Praga cuenta la historia de una joven que se incorpora a la coral formada íntegramente por mujeres jóvenes y adolescentes bajo la batuta de, en efecto, un hombre. La historia está basada en un hecho real: el caso de Bambini di Praga que en 2004 acabó con la condena a cinco años de prisión de Bohumil Kulínský por abuso sexual de menores, con un total de 49 víctimas entre 1984 y 2004. El asunto es lo suficientemente explícito para requerir pocas acotaciones y comentarios. Y Provazník antes que simplemente recrearlo, lo estudia, lo analiza y lo disecciona sin apenas hacerse notar, sin alzar la voz, sin más retóricas que las que arden. Desde la mirada de su soberbia protagonista Katerina Falbrová, la película se detiene en las complicadas redes de seducción, dominio y complicidades que se establecen durante el retiro de la coral en un apartado rincón de la montaña.

Con maneras casi de entomólogo y de la mano de una cuidadísima fotografía entre mística, arrebatada y solo hiriente, la película se extiende sobre la mirada del espectador como un puzle de pequeñas humillaciones, de exigencias levemente crueles, de esfuerzos inútiles y de aspiraciones ilusorias. Por momentos, la película recuerda a esa obra maestra reciente que atendía al título La chica del coro, de la eslovena Urka Djuki; a ratos, la imagen de la irrefutable Picnic en Hanging Rock, de Peter Weir, se hace presente en la recreación levemente irreal de lo turbio, y siempre la calculada precisión de todo lo callado se impone como una sabia advertencia de cada una de nuestras más serias y evidentes derrotas compartidas. No es verdad que seamos esclavos de lo que decimos y dueños de lo que callamos. El silencio, como la propia mirada, también nos delata. Y esclaviza. Y eso, en efecto, ya que no alcanzamos a decirlo, hay que mostrarlo.

Director: Ondej Provazník. Intérpretes: Katerina Falbrová, Juraj Loj, Maya Kintera. Duración: 106 minutos. Nacionalidad: Chekia.

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