En pleno debate acerca de si las segundas partes y los remakes no son la señal inequívoca de la falta de creatividad de la industria del cine, Variety ha confirmado que la secuela de Cómo perder a un chico en 10 días, una de las películas que mejor encapsulan la fórmula de las comedias románticas, está ya en marcha. La protagonista de la película original, Kate Hudson, ejercerá en esta ocasión también como productora, y se espera que Matthew McConaughey vuelva a dar vida al atractivo y ambicioso publicista Benjamin Barry. Un hombre que en 2003, podría resultar atrayente al encajar en el perfil “canallita” que el cine se ha esforzado por señalar como irresistible pero que en 2026, no es tan fácil de aplaudir. Especialmente porque para lograr un cliente, apuesta con su jefe que enamorará a la mujer que se proponga en diez días.
En pleno debate acerca de si las segundas partes y los remakes no son la señal inequívoca de la falta de creatividad de la industria del cine, Variety ha confirmado que la secuela de Cómo perder a un chico en 10 días, una de las películas que mejor encapsulan la fórmula de las comedias románticas, está ya en marcha. La protagonista de la película original, Kate Hudson, ejercerá en esta ocasión también como productora, y se espera que Matthew McConaughey vuelva a dar vida al atractivo y ambicioso publicista Benjamin Barry. Un hombre que en 2003, podría resultar atrayente al encajar en el perfil “canallita” que el cine se ha esforzado por señalar como irresistible pero que en 2026, no es tan fácil de aplaudir. Especialmente porque para lograr un cliente, apuesta con su jefe que enamorará a la mujer que se proponga en diez días. Seguir leyendo
En pleno debate acerca de si las segundas partes y los remakes no son la señal inequívoca de la falta de creatividad de la industria del cine, Variety ha confirmado que la secuela de Cómo perder a un chico en 10 días, una de las películas que mejor encapsulan la fórmula de las comedias románticas, está ya en marcha. La protagonista de la película original, Kate Hudson, ejercerá en esta ocasión también como productora, y se espera que Matthew McConaughey vuelva a dar vida al atractivo y ambicioso publicista Benjamin Barry. Un hombre que en 2003, podría resultar atrayente al encajar en el perfil “canallita” que el cine se ha esforzado por señalar como irresistible pero que en 2026, no es tan fácil de aplaudir. Especialmente porque para lograr un cliente, apuesta con su jefe que enamorará a la mujer que se proponga en diez días.
Y cómo no, la ¿afortunada? no es otra que Hudson, que da vida a la chica cool por excelencia, un concepto que popularizó Gillian Flynn en Perdida(Debolsillo). “Ser la chica cool significa que soy una mujer atractiva, brillante y divertida que adora el fútbol, el póker, los chistes verdes y eructar, que juega a videojuegos, bebe cerveza barata y a la que le encantan los tríos y el sexo anal. Y engulle perritos calientes y hamburguesas si estuviera organizando la orgía gastronómica más grande del mundo, mientras logra mantener una talla 34, porque las chicas guays son, ante todo, atractivas”, escribe. Y casualmente, en una escena de la película, Kate Hudson mordisquea de forma exagerada y entre gemidos una inmensa hamburguesa y para demostrar que a ella, ni la compostura ni muchísimo menos, las calorías, le importan. Porque ella siempre tendrá una talla S.
La demonización de la feminidad
El personaje que interpreta se llama Andie Anderson y es la fantasía masculina por antonomasia: una mujer sexy, alérgica a los dramas y a la que le gusta lo que a su pareja le agrada. Jamás se quejará por pasar una tarde viendo un partido de fútbol y pensará que desayunar un trozo de pizza fría que sobró la noche anterior es perfecto. Por eso Anderson, que se vanagloria de no darle demasiada importancia a las citas, se escandaliza cuando su compañera de trabajo y amiga Michelle confiesa que lloró tras acostarse por primera vez con un hombre que acaba de dejarla y al que le dijo ‘te quiero’ en la segunda cita. Aunque posiblemente, lo que más inquietó a Andie Anderson es que su amiga hiciera algo que para ella es impensable: mostrar sin reparos su interés por un hombre. Aquí nace el punto de partida de la película: decide escribir un artículo para la revista en la que trabaja, Composure -claramente inspirada en Cosmopolitan– sobre cómo perder a un chico en 10 días. ¿La clave? Subrayar al máximo su feminidad, que en el largometraje es la innegable villana de la trama. Hoy, la película tendría que dejar de demonizar la feminidad para no seguir promoviendo esa femmefobia instaurada que como asegura Noemí López Trujillo, autora de Me dibujaron así (Península), “muchas veces aprendemos para ser parte del movimiento feminista, porque reina la idea de que para ser plenamente libres y feministas, tenemos que abandonar la feminidad”.
La dinámica de poder se esboza de forma inmediata al contraponer a Andie, superior gracias a su actitud relajada y emocionalmente esquiva, a Michelle, inferior al ser vulnerable y tener muchos de los rasgos que se vinculan con esa feminidad que la premisa de la película asegura que asusta a todos los hombres heterosexuales. El arquetipo de mujer que bebe con descaro cerveza mientras juega con maestría al billar y tiene una silueta envidiable se enfrenta a esas mujeres a las que el cine tanto ha desprestigiado al retratarlas como bobaliconas y superficiales. Mujeres que serían las que posiblemente, leerían la revista en la que trabajan. Para disgusto, por cierto, de Andie, que repite incesantemente que ella quiere ser “una periodista” seria. Porque al parecer, una revista enfocada al público femenino es un chiste. “Quiero escribir sobre otros temas. Quiero escribir sobre política, medio ambiente o asuntos internacionales. Eso sí me interesa”, dice al comienzo de la película a una de sus compañeras. A lo largo de la trama, eso sí, jamás habla de algo que no tenga que ver con el amor.
“Solo pienso limitarme a hacer todo lo que las chicas hacen mal en una relación. Fundamentalmente, lo que ellos no soportan: seré pegajosa y dependiente”, explica a sus amigas. Y así lanza la idea de que las mujeres son las responsables de que las relaciones no funcionen por su cansino empeño en verbalizar lo que les incomoda. Para convertirse en el arquetipo de mujer que según el largometraje, horroriza a los hombres, su vestuario se feminiza de manera radical y su voz termina por adquirir un tono infantil. Por descontado, cuando vuelve a ser ella misma, la mujer que el propio Barry define como “sexy, genial, divertida e inteligente”, cambia sus lady dresses por vaqueros, tank tops sencillos y deportivas. De repente, su cabello se transforma al tener unas envidiables ondas surferas que se enfrentan al pelo lacio, liso y repleto de infantiles pinzas que llevaba durante su interpretación de la mujer dependiente y cansina. La chica cool demoniza así la feminidad. Cuando Andie no finge ser esa mujer destinada a espantar a los hombres, bebe cerveza, disfruta viendo partidos de baloncesto entre hombres y devora burritos mientras grita a la pantalla con la boca llena.
Kate Hudson cree que la película es feminista
Sin embargo, Kate Hudson cree que la película es realmente feminista. “Durante la promoción de Glass Onion, muchas periodistas jóvenes -porque ahora hay una nueva generación de periodistas- me decían: ‘Andie Anderson hizo que quisiera ser periodista’. Esa película tenía un enfoque muy feminista; realmente inspiró a chicas jóvenes y eso me hace muy feliz”, dijo la actriz en su paso por el programa TODAY. Parece obviar que como hicieron otras películas como Nunca me han besado, Cómo perder a un chico en 10 días retrata a las periodistas como a mujeres que desconocen los límites éticos de su profesión y cómo no, son incapaces de comportarse de manera profesional en el instante en el que un interés romántico aparece.
Por supuesto, las directoras de las revistas femeninas son siempre mujeres de hielo que ven a sus empleadas como máquinas de producción cuyas vidas les importan absolutamente nada. “Representar a las periodistas como mujeres moralmente frívolas o totalmente ajenas a los límites éticos de su profesión perpetúa la idea de que somos poco profesionales, volubles, propensas a distraernos y dispuestas a incurrir en conductas cuestionables simplemente porque alguien nos atrae”, escribe Alex Zaragoza en un artículo publicado en Vice.
Clichés y la necesidad de la mirada femenina
La película refuerza el cliché de las relaciones como una batalla entre los sexos en la que las mujeres quieren una relación seria mientras que ellos, huyen del compromiso y buscan rollos de una noche. Al plantear que inequívocamente, hombres y mujeres buscan algo completamente diferente, se insinúa que por eso, tantas relaciones no llegan a buen puerto. Otra idea delicada es la de que incluso el hombre más inalcanzable puede terminar queriendo una relación seria si la mujer se esfuerza. Aunque esa mujer, claro, ha de ser cool. En realidad, cuando un hombre repite que no quiere tener algo serio, lo mejor es escuchar lo que dice y no andar detrás de alguien que no está disponible emocionalmente. Como explica en un estudio sobre las repercusiones de las comedias románticas, Julia Lippman indicó que estas películas promueven un mito peligroso que siempre ha acompañado al amor romántico: “Da igual cuán grande sea un obstáculo: el amor puede con todo”.
Es imposible ser feminista y ver la película en 2026 sin fruncir el ceño, por eso, en en su regreso, las premisas han de cambiar radicalmente para no resultar un despropósito. “La película nunca trató sobre una redacción; se centraba en las relaciones entre hombres y mujeres de la década de 2000 y en la evolución de las costumbres sociales, una época en la que ellas buscaban compromiso al tiempo que disfrutaban de una mayor libertad sexual, mientras que ellos intentaban eludir dicho compromiso al tiempo que disfrutaban de la libertad sexual femenina”, asegura la periodista Ruby Feneley. “En este panorama político, la actitud de chico malo de Benjamin resulta menos divertida con el auge de la manosfera. De hecho, si trasplantáramos a Benjamin a Australia en 2026, probablemente sería un graduado de una escuela de élite para chicos, con una visión más abierta de la realidad, que cubriría incidentes poco graciosos relacionados con clubes deportivos de Sídney. Andie estaría sufriendo un agotamiento extremo por el uso de aplicaciones de citas, además de preocuparse por su libertad reproductiva. El argumento fundamental de la ‘batalla de los sexos’, inherente al funcionamiento de la película original, resulta bastante deprimente”, asegura.
En 2019, Andie J. Christopher publicó la novela Not the girl you marry (Berkley), inspirada en Cómo perder a un chico en diez días. Confesó que al ver la película, le llamó la atención cuánto habían cambiado los tiempos. “El tema central era que las mujeres heterosexuales hacen todas esas cosas que ahuyentan a los hombres al principio de una relación, y esa no ha sido en absoluto mi experiencia ni la de mis amigas”, dijo. Inspirándose en la película, creó una versión moderna que reflejara cómo ha cambiado el mundo de las citas. “En gran medida, parece que son los hombres cishetero quienes sabotean sus propias oportunidades enviando fotos de sus genitales, comportándose de forma poco fiable y mostrándose, por lo general, irrespetuosos, sobre todo en las aplicaciones de citas. Por eso pensé que a este cliché le vendría muy bien una actualización”, asegura. Y por eso, en 2026, sería inaceptable que la actitud dañina, tóxica e irresponsable de algunos hombres no fuera subrayada.
La diversidad es otra de las ausentes en la película original, donde todos los personajes son heterosexuales y normativos. La protagonista de Not the girl you marry, por cierto, es una mujer biracial. Y aunque en las comedias románticas se suele aceptar que las premisas sean algo disparatadas y que los personajes no siempre se comporten de la manera adecuada, en su regreso, convendría reivindicar la conquista de la feminidad e imponer una mirada femenina que permita que la feminidad sea libre. También habría que derribar el tropo de la chica cool cuya personalidad ha sido creada para satisfacer el deseo de los hombres y cuyos gustos funcionan como una identidad que ha sido cuidadosamente diseñada para gustar. “Los hombres no quieren realmente una mujer auténtica; quieren una versión idealizada que refleje sus fantasías y valide constantemente su ego”, escribía Flynn. Aunque el mensaje de Cómo perder a un chico en 10 días parecía ser que para encontrar el amor, hay que ser una misma, la letra pequeña advertía que eso solo funcionaba si ser una misma suponía ser una chica cool como Andie, no esa antítesis a la que da vida para ahuyentar a los hombres. El mensaje venía a ser que para perder a un hombre, basta con mostrarse vulnerable, mostrar interés, ser exigente y no parecer una mujer salida de un anuncio de cerveza de la Super Bowl. Y por supuesto, lo deseable en la actualidad sería señalar también la cantidad de hombres que a causa de su falta de responsabilidad afectiva y su miedo al compromiso, espantan a las mujeres. Porque en el amor, no son solo ellos los que salen corriendo. El mensaje con el que convendría quedarse y el que tendría que estar presente en este esperado regreso es que las mejores relaciones comienzan cuando cae el telón y cada parte muestra su vulnerabilidad y su verdadero yo sin caretas. Pero claro, hay que ser muy valiente para eso… Y esperar que la gente se comporte así por norma tendría más de ciencia ficción que de comedia romántica.
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