Solemos olvidar, llorones que somos, el hecho de que vivimos en un tiempo de extraordinaria abundancia musical. Hasta 2006, fecha de la puesta en marcha de Spotify, la idea de poder acceder más o menos gratuitamente a una fonoteca (teóricamente) universal parecía una fantasía de ciencia ficción. De hecho, el concepto ya había sido anticipado en los años cincuenta por maestros del género como Isaac Asimov o Arthur C. Clarke.
Para el disfrute de la música, ahora es el mejor de los tiempos. Pero también el peor si no sabemos discriminar entre tanta opulencia
Solemos olvidar, llorones que somos, el hecho de que vivimos en un tiempo de extraordinaria abundancia musical. Hasta 2006, fecha de la puesta en marcha de Spotify, la idea de poder acceder más o menos gratuitamente a una fonoteca (teóricamente) universal parecía una fantasía de ciencia ficción. De hecho, el concepto ya había sido anticipado en los años cincuenta por maestros del género como Isaac Asimov o Arthur C. Clarke.
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