Si se lo dicen antes de la corrida no se lo cree: ¡una oreja a Borja Jiménez por una gran estocada al primero de su lote! Con la de trofeos que ha perdido este torero por errores de bulto con la espada; con la de veces, en esta plaza y en muchas otras, que ha emborrado faenas de triunfo con pinchazos unos detrás de otros.
Martín/Uceda, Ureña, Jiménez
Toros de Victorino Martín, bien presentados y astifinos, mansos en varas a excepción del quinto, blandos, sosos, nobles, descastados y deslucidos.
Uceda Leal: casi entera baja (silencio); pinchazo y estocada (ovación).
Paco Ureña: _aviso_ pinchazo y estocada baja (gran ovación); media atravesada (pitos).
Borja Jiménez: gran estocada (oreja); pinchazo y estocada (silencio).
Plaza de toros de Las Ventas. 4 de octubre. Cuarto festejo de la Feria de Otoño. Lleno de ‘no hay billetes’ (22.964 espectadores, según la empresa).
El diestro sevillano cortó la única oreja de la tarde a una corrida astifina, mansa, descastada y deslucida de Victorino Martín
Si se lo dicen antes de la corrida no se lo cree: ¡una oreja a Borja Jiménez por una gran estocada al primero de su lote! Con la de trofeos que ha perdido este torero por errores de bulto con la espada; con la de veces, en esta plaza y en muchas otras, que ha emborrado faenas de triunfo con pinchazos unos detrás de otros.
Ojalá que esta de hoy sea el inicio de una buena amistad de Jiménez con el estoque, figura imprescindible en la carrera de un torero y la llave de los triunfos que lo convierten en figura.
El público pidió con entusiasmo el trofeo, sorprendido y feliz porque, por fin, ha podido ver con sus propios ojos una buena estocada de un torero que, hasta ahora, se ha caracterizado por fallos continuados en la suerte suprema. Pero nunca es tarde, y la dicha de hoy es muy buena para que adquiera la confianza necesaria.
El suceso acaeció en el tercer toro de la tarde, noble y soso, como todos los demás, que no se dejó torear con el capote, pasó sin pena ni gloria por el caballo y acudió con codicia, lo que son las cosas, en banderillas. Jiménez brindó a su compañero Uceda Leal, y los primeros compases por bajo, largos y elegantes, abrochados con el de pecho, despertaron una ilusión momentánea. La faena no levantó el vuelo deseado, pues si bien el toro acudía humillado, su viaje era muy corto y con muy escaso celo. Algunos naturales sueltos quisieron sin conseguirlo levantar el ánimo hasta que llegó el momento sorprendente de la estocada, de la que el victorino salió muerto.
Otro momento sobresaliente de la tarde lo protagonizó Paco Ureña con el segundo, un animal con las fuerzas muy justas, protestado por una parte del público, y que el torero brindó a los tendidos con gran sorpresa de la mayoría.
Pero algo le vería cuando la impresión reinante es que era un marmolillo inservible. Dobló las manos en los primeros muletazos por bajo, pero Ureña, muy tranquilo, sin prisa alguna, con ánimo de enfermero entrañable, lo citó con la mano derecha en tres tandas en las que llegó a interesar al respetable con muletazos limpios, carentes de la necesaria tensión, pero desbordantes de naturalidad y buen gusto. Cuando se echó el engaño a la izquierda, se había hecho el silencio y la expectación subía como la espuma. En este ambiente dibujó hasta cuatro naturales garbosos; pero no quedó contento, soltó la espada simulada y trazó cuatro derechazos de cartel, y un largo natural después, y un remate torerísimo cuando ya el presidente le comunicaba que se habían agotado los diez minutos. Mató mal y el premio se redujo a una gran ovación, pero allí quedaron destellos toreros de enorme intensidad.
Y se acabó. El quinto empujó con fiereza en el primer encuentro con el picador Cristian Romero, y acudió al relance al siguiente entre el enfado lógico del respetable. Ureña quiso colocarlo bien, pero el toro no le obedeció y el encanto inicial desapareció. Los banderilleros no estuvieron acertados en el segundo tercio, en el que resultó volteado Álvaro López Azuquita, y el toro llegó a la muleta con todos los defectos posibles. Ureña abrevió, lo pasaportó de una media atravesada y escuchó pitos.
Uceda pechó con el peor lote. No tuvo ocasión de lucirse en ningún momento, ni con el deslucido primero ni con el muy soso cuarto, al igual que le sucedió a Borja Jiménez con el sexto, complicado y sin clase.
En suma, una decepcionante corrida de Victorino Martín, que solo destacó por su presentación; todos, a excepción del citado quinto, mansearon en los caballos, muy justos de fortaleza, sosos y descastados, inválidos para el toreo actual.
Toros de Victorino Martín, bien presentados y astifinos, mansos en varas a excepción del quinto, blandos, sosos, nobles, descastados y deslucidos.
Uceda Leal: casi entera baja (silencio); pinchazo y estocada (ovación).
Paco Ureña: _aviso_ pinchazo y estocada baja (gran ovación); media atravesada (pitos).
Borja Jiménez: gran estocada (oreja); pinchazo y estocada (silencio).
Plaza de toros de Las Ventas. 4 de octubre. Cuarto festejo de la Feria de Otoño. Lleno de ‘no hay billetes’ (22.964 espectadores, según la empresa).
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