Una noche al año: Una comedia romántica distópica (más todavía) (**)

Toda comedia romántica tiene algo de distópico. No decimos machista, que quizá también, pero sí de lugar y situación en la que no por fuerza uno quisiera estar jamás. Imaginar un mundo en el que todo está predestinado desde un primer encuentro casual entre dos personas que primero se odian (o no se entienden) y que, después de unas cuantas frases más o menos ingeniosas, acaban prometidas y felices suena bien, pero ¿y si sucediera de verdad? Instagram parece que lo está intentado y los resultados se antojan algo más que discutibles. Por otro lado, la base de todo este asunto es eso que se ha dado en llamar amor romántico y a estas alturas ni las tradwives (o solo ellas) pasan por esta bonita y muy romantizada trampa de sumisión, control y otras cosas tan reales como extremadamente distópicas. Aún así, a lo que nadie se había atrevido hasta el momento es a oficializar la comunión entre la romcom (comedia romántica en abreviatura boba) de toda la vida de los 90 y la distopía genuina. Hasta que llegó Una noche al año.

 Monica Barbaro y Callum Turner hacen lo que pueden con la más extraña, desconcertante y finalmente fallida mezcla de géneros en mucho tiempo  

Toda comedia romántica tiene algo de distópico. No decimos machista, que quizá también, pero sí de lugar y situación en la que no por fuerza uno quisiera estar jamás. Imaginar un mundo en el que todo está predestinado desde un primer encuentro casual entre dos personas que primero se odian (o no se entienden) y que, después de unas cuantas frases más o menos ingeniosas, acaban prometidas y felices suena bien, pero ¿y si sucediera de verdad? Instagram parece que lo está intentado y los resultados se antojan algo más que discutibles. Por otro lado, la base de todo este asunto es eso que se ha dado en llamar amor romántico y a estas alturas ni las tradwives (o solo ellas) pasan por esta bonita y muy romantizada trampa de sumisión, control y otras cosas tan reales como extremadamente distópicas. Aún así, a lo que nadie se había atrevido hasta el momento es a oficializar la comunión entre la romcom (comedia romántica en abreviatura boba) de toda la vida de los 90 y la distopía genuina. Hasta que llegó Una noche al año.

Lo primero es felicitar por la ocurrencia. No es la primera vez que el director Will Gluck se atreve a las mezclas explosivas. Peter Rabbit era ya animación salpimentada con acción real tan cruda y disparatada que nunca quedaba claro si tocaba reír o echarse las manos a la cabeza. Ahora el planteamiento resulta, cuanto menos, perturbador. En una sociedad no por fuerza futura, las autoridades de la moral y el orden permiten las relaciones sexuales fuera del matrimonio una única vez al año. Como en La purga, pero sin bragas. Ni calzoncillos, claro. La ocurrencia, pues eso es, gusta. Lógicamente, durante esa noche de permiso, el personal se muestra dispuesto a todo por desahogarse. Y ahí que van nuestros esforzados héroes, una cantante sin éxito y un pizzero mañoso, dispuestos a todo.

Sobre este punto de partida, Monica Barbaro y Callum Turner se arrojan al difícil arte de emular a Cary Grant y Deborah Kerr en Tú y yo, pero en un ambiente más propio de La noche de los folladores vivientes. El problema consiste básicamente en que desde el primero segundo la película equivoca el camino. Podría haber sido una farsa absurda, apocalíptica y ácida tipo No mires arriba, por poner un ejemplo reciente, o una comedia loca de terror al modo y manera de Rocky Horror Picture Show, por citar un clásico, o, mucho más serio, una fábula moral cercana incluso a El cuento de la criada.Y sin embargo, opta por ser exactamente lo que parece una comedia romántica en el más extraño, desconcertante y, por todo lo anterior, indigerible universo imaginable. Y claro, la cuestión no es que no resulte creíble (ninguna comedia romántica lo es), lo verdaderamente grave es que no llega a comedia. Y esto sí que no tiene remedio.

Pese a los esfuerzos de Barbaro y Turner (nada que objetar a su innegable entrega) ni un solo chiste entra a tiempo y cuando lo hace, uno duda entre reírse y poner una denuncia. Tampoco ayuda, por otra parte, que las escenas de sexo (que se supone que las hay) parezcan todas las tomas descartadas de un anuncio de lencería muy fino, muy heteronormativo y muy rancio. Sí, es cierto que toda comedia romántica tiene algo de distópico, pero no tanto, por dios.

Director: Will Gluck. Intérpretes: Monica Barbaro, Callum Turner, Maya Hawke. Duración: 102 minutos. Nacionalidad: Estados Unidos.

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