Anoche conquisté Tebas: Un peplum de nuestro tiempo (****)

Pensar del revés puede producir o monstruos o prodigios. O monstruos prodigiosos incluso. Anoche conquisté Tebas es básicamente una película contra las normas, contra la etiqueta y contra ese empeño tan nuestro y tan digital de estar siempre en contra. Y de ahí su monstruosidad. Y su prodigiosidad también. De entrada es una película fuera del tiempo, que igual llama a cuando los romanos caminaban por la península y se bañaban en sus aguas termales que al presente más urgente donde las viejas construcciones de la Roma imperial quedan como vestigios del pasado y avisos para futuros visitantes. Su periplo entre tiempos sucede sin solución de continuidad, sin rupturas, sin falsos decorados, sin nada más que la noche, la conversación, el agua, las estrellas y la sensación detenida del tiempo. Porque, y sobre todo, es una película consciente desde su planteamiento más radical que el tiempo no forma parte de la vida, sino que es la propia vida la que adquiere su carácter de tal, de vida, gracias a, precisamente, el tiempo. De nuevo, todo al revés.

 Gabriel Azorín confecciona una brillante anomalía de épica lírica en latín, a oscuras y con una confianza ciega en el valor cinematográfico de la palabra  

Pensar del revés puede producir o monstruos o prodigios. O monstruos prodigiosos incluso. Anoche conquisté Tebas es básicamente una película contra las normas, contra la etiqueta y contra ese empeño tan nuestro y tan digital de estar siempre en contra. Y de ahí su monstruosidad. Y su prodigiosidad también. De entrada es una película fuera del tiempo, que igual llama a cuando los romanos caminaban por la península y se bañaban en sus aguas termales que al presente más urgente donde las viejas construcciones de la Roma imperial quedan como vestigios del pasado y avisos para futuros visitantes. Su periplo entre tiempos sucede sin solución de continuidad, sin rupturas, sin falsos decorados, sin nada más que la noche, la conversación, el agua, las estrellas y la sensación detenida del tiempo. Porque, y sobre todo, es una película consciente desde su planteamiento más radical que el tiempo no forma parte de la vida, sino que es la propia vida la que adquiere su carácter de tal, de vida, gracias a, precisamente, el tiempo. De nuevo, todo al revés.

Se cuenta cómo unos romanos se cuentan sus miedos, sus deseos y sus renuncias. Y, a la vez, se cuenta cómo unos jóvenes portugueses contemporáneos se cuentan lo mismo: deseos, miedos y renuncias. Todo discurre en las termas de Bande, en Orense, unos cubículos tan parecidos a las bañeras como a los sarcófagos. En una tarde de invierno, dos legionarios rememoran su última batalla. Pero el agua caliente parece ablandarles y lo que empieza como una ruda conversación de veteranos luchadores se convierte en una charla íntima a la luz de las estrellas que poco a poco aparecen y traen consigo el temor de perder para siempre al mejor amigo. A su lado, siglos más tarde que apenas son un instante, unos amigos confiesan en el presente, en el mismo sitio y acunados por el mismo agua idénticos abismos.

A contracorriente de todo y del cine que ahora pasa por nuevo, siempre empeñado en sacrificar diálogos en el altar del verismo, Anoche conquisté Tebas vive toda ella en la palabra. La de Gabriel Azorín, un director que cita antes a Margarida Cordeiro y António Reis que a Mia Hansen-Love, es una propuesta tan pendiente de lo que se escucha como atenta a todo aquello que la cámara habitualmente desprecia. Es un cine de luz entregado a la laboriosa tarea de desvelar misterios y silencios, pero rodado en su mayor parte en la oscuridad, en lo profundo de una noche plagada de estrellas. Es un cine irónica y líricamente épico, casi péplum, pero solo pendiente de los gestos íntimos. Es cine atravesado por el tiempo, pero, ya se ha dicho, sin tiempo. Y en latín; el latín de las declinaciones y el rosa rosae que, de repente, se antoja la voz natural de la plegaria, la confesión, el propio cine y, ya se ha dicho, el tiempo. Sin duda, el más bello y prodigioso de los monstruos bellos y prodigiosos.

Director: Gabriel Azorín. Intérpretes: Santiago Mateus, Antonio Gouveia, Oussama Asfaraah. Duración: 112 minutos. Nacionalidad: España.

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