Una Carmen Maura en estado de gracia regresa al festival de Venecia: “Me gusta el mundo del cine mucho menos que antes”

Entre otras cosas, a Carmen Maura siempre le han gustado mucho dos: ser libre, y ponerse delante de la cámara. Hoy, con 79 años, no ha cambiado sus pasiones: las ama igual que hace décadas. Es el mundo del cine, sin embargo, que no es el mismo. “Me gusta mucho menos que antes”, lamentó ayer en un encuentro con periodistas, recogido por la agencia Efe, en el festival de Venecia. Han pasado 37 años desde que la intérprete acudió al certamen con Mujeres al borde de un ataque de nervios, de Pedro Almodóvar. Ahora vuelve como protagonista de Calle Málaga, de la hispano-marroquí Maryam Touzani, en la sección Giornate degli Autori. Y dice que ha detectado una diferencia radical. Por lo pronto, al final de la proyección, le metieron prisa y no le dejaron saludar a quienes la esperaban. “Me encanta el contacto con la gente, me parece fundamental. Hablo con todo el que me para en la calle, me divierte. He conquistado a la gente por la calle, es uno de los éxitos de mi carrera”, se quejó. La buena noticia de la película, eso sí, es que su talento también sigue idéntico.

Hace días la actriz ha contado a la prensa italiana que se cuida, se mantiene en forma. Tal vez por eso le sigan lloviendo proyectos. Aunque, presumiblemente, será sobre todo porque es Carmen Maura. Touzani, de hecho, la ha incluido en prácticamente todos los planos. La actriz califica a la directora de “muy exigente” y al rodaje como uno de los más duros de su trayectoria: “No sabes la cantidad de tomas que rodé y que no están en la película”. El resultado, eso sí, ha compensado el esfuerzo: la intérprete aparece en estado de gracia.

Encarna a María Ángeles, una mujer española vive en Tánger, como tantos que huyeron del franquismo hasta Marruecos. Todo el barrio la conoce, reparte sonrisas a cada esquina. Y recibe otra razón para la alegría: su hija (Marta Etura) viene a verla desde Madrid. Trae, sin embargo, un rostro glacial. Y noticias pésimas: el sueldo no le da para cuidar de sí misma y dos hijos, hay que vender la casa de Tánger. A la madre ofrece dos opciones: volverse con ella o una residencia. Pero la señora prefiere un tercer camino: ni hablar, ahí se queda. El agrio arranque de Calle Málaga promete conflicto, estímulos, complejidad. Y una clase magistral de Maura. Sin embargo, el filme apuesta pronto por una vía mucho más fácil: la comedia buenista. El accidentado guion lastra, además, a la mayoría de las interpretaciones. Puede que se gane alguna risa, pero se pierde fascinación. Queda, finalmente, solo una película entretenida. Y la sensación de que la premisa, y sobre todo la protagonista, merecían algo más.

Porque Maura ocupa siempre la pantalla, y la llena. De luz, gracia, desparpajo, carisma. De calidad, en definitiva. Ahí está la única actriz española capaz de ganar tres Goya como protagonista (Mujeres al borde de un ataque de nervios, ¡Ay Carmela!, La comunidad), y en plena forma a sus 79 años. Hasta se lanza a una secuencia de desnudo completo, que ella misma ha confesado que habría rechazado en otros tiempos. En el encuentro en Venecia también se mostró arrolladora: una reflexión tras otra, incluso sin preguntas, hasta abordar la situación “bastante horrible” que se vive en España, y que según ella está llevando al mundo entero a perder el respeto por el país, la crisis de la vivienda ―habló de su nieta, de 22 años, que tiene “imposible independizarse”― o su rechazo a la discriminación positiva: “Las mujeres están súper capacitadas, siempre he apoyado que la mujer es más lista, que somos más completas, pero no me resulta justo que un chico que va a hacer su primera película no tenga las mismas oportunidades que una mujer”.

Su cuarto Goya llegó en 2007, por Volver. Desde entonces, suma más de 50 papeles, según la web especializada Imdb. Ella misma reconoce que trabaja “demasiado”. Pero nunca ha vuelto a ser nominada siquiera. Ni tampoco sus interpretaciones más recientes han dejado un impacto inolvidable. La de Calle Málaga, sin duda, sostiene la película entera. Después de Venecia se irá al festival de Toronto y Sitges, con Vieja Loca, de Martín Mauregui. Y acaba de terminar La cuidadora, de Alex de la Iglesia. Así que vuelve Carmen Maura. O mejor dicho: nunca se fue.

Mito omnipresente

Pocos mitos tan omnipresentes como ella en el cine español. María del Carmen García y Maura nació el 15 de septiembre de 1945, apenas 12 días después del cese definitivo de la Segunda Guerra Mundial. Y empezó enseguida su propia batalla. Criada en una familia de clase alta, ha contado estos días en Venecia que cuando su padre la vio por primera vez en el escenario entendió enseguida lo bien que se le daba. Y, justamente por eso, se lo prohibió tajantemente. Pero Maura decide por sí misma, siempre. Como cuando pide prolongar el encuentro con los periodistas en Venecia, que una agente pretendía cortar. O como cuando empezó a lanzarse ante la cámara, un idilio que aún continúa. No hubo clases previas de actuación, el talento brotó autodidacta. Tampoco quiso representantes. Aunque ha declarado a menudo que debe de tener en algún lado “un ángel de la guarda”.

No pudo, eso sí, protegerla de todo. Maura sufrió dos divorcios turbulentos: tras el primero, le quitaron durante años la custodia de sus dos hijos porque se suponía que no tenía una profesión bastante “honorable”; con el segundo, se descubrió también que su marido le había estado robando. Aunque ella ha contado que tantas preocupaciones serias le ayudaron a relativizarlo todo. “Tenía una vida personal muy complicada y el cine me ha salvado. Actuar siempre fue un juego para mí, hacía un filme o el otro, contaba trabajar. Hice cosas mejores y peores, pero en todas metí toda mi alma”, dijo a La Repubblica. “Cuando empecé, tenía problemas muchísimo más grandes de los que ocuparme”, apuntó hace años a S Moda.

Aunque su relación ―y conflicto― más sonados se dieron con Pedro Almodóvar. Ambos integrantes de la Movida madrileña, se conocieron en la obra teatral Las manos sucias. Ella la protagonizaba, él tan solo tenía una aparición menor. A ese chico no se le daba tan bien la actuación, pero sí filmarla. Empezaron con algún corto, luego vino Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, en 1980. A Maura le desaconsejaron abandonar el teatro, entonces mucho más prestigioso, por seguir esa aventura. Le llegaron a decir que era “una locura”. La historia del cine español demuestra que, una vez más, hizo lo que quiso. Y tuvo razón. “Nunca pensé que sería actriz de cine. No tenía ambición, pero conocí a Pedro y era un mundo tan diferente… eran libres, estaban todos locos, era tan divertido, fascinante. Ese mundo me ayudó mucho al lado del drama que tenía en mi vida”, declaró en Venecia.

Vino Entre tinieblas, que justamente se estrenó en la Mostra, con tal escándalo que algunos pidieron su retirada del certamen. Luego, ¿Qué he hecho yo para merecer esto? y Matador, cuya versión restaurada se proyecta estos días en el festival. Su colaboración con Almodóvar continuó con La ley del deseo y Mujeres al borde de un ataque de nervios, que compitió por el León de Oro aquí en el Lido en 1988. Y supuso un punto de inflexión. Catapultó la fama de ambos. Pero también quebró su relación.

“Fue una de las experiencias más duras de mi vida. Pedro cambió completamente la forma en que me trataba. No le gustaba lo que hacía y me lo decía enfrente de todo el mundo. Ya no conectábamos. Me planteé dejarlo para siempre”, señaló la actriz a The Hollywood Reporter. Hubo reconciliación, con el célebre trozo de muro que el director le regaló en plena gala de los Goya de 1990. Se volvieron a juntar, por suerte del séptimo arte, para Volver. Luego, cada uno siguió su camino. “Estoy feliz por él y orgullosa de haber sido parte de su carrera. No guardo rencores”, apuntó a la revista estadounidense.

La actriz asegura que está satisfecha con lo que tiene. Dice que le encanta vivir sola, con su perra, aunque tiene 15 años y se “despista”. Ni mucho menos está esperando, como en Calle Málaga, un romance en la tercera edad: “A mí no me apetece nada que entre un señor en mi casa, pero es bonito”. Seguirá, eso sí, parándose a hablar con la gente por la calle. Y haciendo lo que quiera. Por mucho que cambie el mundo del cine, no va a cambiar a Carmen Maura.

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 La intérprete ofrece con 79 años una nueva muestra de su talento en ‘Calle Málaga’, de Maryam Touzani, en el mismo certamen donde deslumbró con ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’  

Entre otras cosas, a Carmen Maura siempre le han gustado mucho dos: ser libre, y ponerse delante de la cámara. Hoy, con 79 años, no ha cambiado sus pasiones: las ama igual que hace décadas. Es el mundo del cine, sin embargo, que no es el mismo. “Me gusta mucho menos que antes”, lamentó ayer en un encuentro con periodistas, recogido por la agencia Efe, en el festival de Venecia. Han pasado 37 años desde que la intérprete acudió al certamen con Mujeres al borde de un ataque de nervios, de Pedro Almodóvar. Ahora vuelve como protagonista de Calle Málaga, de la hispano-marroquí Maryam Touzani, en la sección Giornate degli Autori. Y dice que ha detectado una diferencia radical. Por lo pronto, al final de la proyección, le metieron prisa y no le dejaron saludar a quienes la esperaban. “Me encanta el contacto con la gente, me parece fundamental. Hablo con todo el que me para en la calle, me divierte. He conquistado a la gente por la calle, es uno de los éxitos de mi carrera”, se quejó. La buena noticia de la película, eso sí, es que su talento también sigue idéntico.

Hace días la actriz ha contado a la prensa italiana que se cuida, se mantiene en forma. Tal vez por eso le sigan lloviendo proyectos. Aunque, presumiblemente, será sobre todo porque es Carmen Maura. Touzani, de hecho, la ha incluido en prácticamente todos los planos. La actriz califica a la directora de “muy exigente” y al rodaje como uno de los más duros de su trayectoria: “No sabes la cantidad de tomas que rodé y que no están en la película”. El resultado, eso sí, ha compensado el esfuerzo: la intérprete aparece en estado de gracia.

Encarna a María Ángeles, una mujer española vive en Tánger, como tantos que huyeron del franquismo hasta Marruecos. Todo el barrio la conoce, reparte sonrisas a cada esquina. Y recibe otra razón para la alegría: su hija (Marta Etura) viene a verla desde Madrid. Trae, sin embargo, un rostro glacial. Y noticias pésimas: el sueldo no le da para cuidar de sí misma y dos hijos, hay que vender la casa de Tánger. A la madre ofrece dos opciones: volverse con ella o una residencia. Pero la señora prefiere un tercer camino: ni hablar, ahí se queda. El agrio arranque de Calle Málaga promete conflicto, estímulos, complejidad. Y una clase magistral de Maura. Sin embargo, el filme apuesta pronto por una vía mucho más fácil: la comedia buenista. El accidentado guion lastra, además, a la mayoría de las interpretaciones. Puede que se gane alguna risa, pero se pierde fascinación. Queda, finalmente, solo una película entretenida. Y la sensación de que la premisa, y sobre todo la protagonista, merecían algo más.

Porque Maura ocupa siempre la pantalla, y la llena. De luz, gracia, desparpajo, carisma. De calidad, en definitiva. Ahí está la única actriz española capaz de ganar tres Goya como protagonista (Mujeres al borde de un ataque de nervios, ¡Ay Carmela!, La comunidad), y en plena forma a sus 79 años. Hasta se lanza a una secuencia de desnudo completo, que ella misma ha confesado que habría rechazado en otros tiempos. En el encuentro en Venecia también se mostró arrolladora: una reflexión tras otra, incluso sin preguntas, hasta abordar la situación “bastante horrible” que se vive en España, y que según ella está llevando al mundo entero a perder el respeto por el país, la crisis de la vivienda ―habló de su nieta, de 22 años, que tiene “imposible independizarse”― o su rechazo a la discriminación positiva: “Las mujeres están súper capacitadas, siempre he apoyado que la mujer es más lista, que somos más completas, pero no me resulta justo que un chico que va a hacer su primera película no tenga las mismas oportunidades que una mujer”.

Su cuarto Goya llegó en 2007, por Volver. Desde entonces, suma más de 50 papeles, según la web especializada Imdb. Ella misma reconoce que trabaja “demasiado”. Pero nunca ha vuelto a ser nominada siquiera. Ni tampoco sus interpretaciones más recientes han dejado un impacto inolvidable. La de Calle Málaga, sin duda, sostiene la película entera. Después de Venecia se irá al festival de Toronto y Sitges, con Vieja Loca, de Martín Mauregui. Y acaba de terminar La cuidadora, de Alex de la Iglesia. Así que vuelve Carmen Maura. O mejor dicho: nunca se fue.

Mito omnipresente

Pocos mitos tan omnipresentes como ella en el cine español. María del Carmen García y Maura nació el 15 de septiembre de 1945, apenas 12 días después del cese definitivo de la Segunda Guerra Mundial. Y empezó enseguida su propia batalla. Criada en una familia de clase alta, ha contado estos días en Venecia que cuando su padre la vio por primera vez en el escenario entendió enseguida lo bien que se le daba. Y, justamente por eso, se lo prohibió tajantemente. Pero Maura decide por sí misma, siempre. Como cuando pide prolongar el encuentro con los periodistas en Venecia, que una agente pretendía cortar. O como cuando empezó a lanzarse ante la cámara, un idilio que aún continúa. No hubo clases previas de actuación, el talento brotó autodidacta. Tampoco quiso representantes. Aunque ha declarado a menudo que debe de tener en algún lado “un ángel de la guarda”.

No pudo, eso sí, protegerla de todo. Maura sufrió dos divorcios turbulentos: tras el primero, le quitaron durante años la custodia de sus dos hijos porque se suponía que no tenía una profesión bastante “honorable”; con el segundo, se descubrió también que su marido le había estado robando. Aunque ella ha contado que tantas preocupaciones serias le ayudaron a relativizarlo todo. “Tenía una vida personal muy complicada y el cine me ha salvado. Actuar siempre fue un juego para mí, hacía un filme o el otro, contaba trabajar. Hice cosas mejores y peores, pero en todas metí toda mi alma”, dijo a La Repubblica. “Cuando empecé, tenía problemas muchísimo más grandes de los que ocuparme”, apuntó hace años a S Moda.

Aunque su relación ―y conflicto― más sonados se dieron con Pedro Almodóvar. Ambos integrantes de la Movida madrileña, se conocieron en la obra teatral Las manos sucias. Ella la protagonizaba, él tan solo tenía una aparición menor. A ese chico no se le daba tan bien la actuación, pero sí filmarla. Empezaron con algún corto, luego vino Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, en 1980.A Maura le desaconsejaron abandonar el teatro, entonces mucho más prestigioso, por seguir esa aventura. Le llegaron a decir que era “una locura”. La historia del cine español demuestra que, una vez más, hizo lo que quiso. Y tuvo razón. “Nunca pensé que sería actriz de cine. No tenía ambición, pero conocí a Pedro y era un mundo tan diferente… eran libres, estaban todos locos, era tan divertido, fascinante. Ese mundo me ayudó mucho al lado del drama que tenía en mi vida”, declaró en Venecia.

Vino Entre tinieblas, que justamente se estrenó en la Mostra, con tal escándalo que algunos pidieron su retirada del certamen. Luego, ¿Qué he hecho yo para merecer esto? y Matador, cuya versión restaurada se proyecta estos días en el festival. Su colaboración con Almodóvar continuó con La ley del deseo y Mujeres al borde de un ataque de nervios, que compitió por el León de Oro aquí en el Lido en 1988. Y supuso un punto de inflexión. Catapultó la fama de ambos. Pero también quebró su relación.

“Fue una de las experiencias más duras de mi vida. Pedro cambió completamente la forma en que me trataba. No le gustaba lo que hacía y me lo decía enfrente de todo el mundo. Ya no conectábamos. Me planteé dejarlo para siempre”, señaló la actriz a The Hollywood Reporter. Hubo reconciliación, con el célebre trozo de muro que el director le regaló en plena gala de los Goya de 1990. Se volvieron a juntar, por suerte del séptimo arte, para Volver. Luego, cada uno siguió su camino. “Estoy feliz por él y orgullosa de haber sido parte de su carrera. No guardo rencores”, apuntó a la revista estadounidense.

La actriz asegura que está satisfecha con lo que tiene. Dice que le encanta vivir sola, con su perra, aunque tiene 15 años y se “despista”. Ni mucho menos está esperando, como en Calle Málaga, un romance en la tercera edad: “A mí no me apetece nada que entre un señor en mi casa, pero es bonito”. Seguirá, eso sí, parándose a hablar con la gente por la calle. Y haciendo lo que quiera. Por mucho que cambie el mundo del cine, no va a cambiar a Carmen Maura.

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