Sani Montahuano: “El saqueo de la Amazonía también fue de imágenes”

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 Las hermanas Sani y Mukutsawa Montahuano, cineastas sápara del colectivo Tawna, recorren la Amazonía por río con un festival que lleva cine a comunidades indígenas en Ecuador y Perú  

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Cuando eran niñas, Mukutsawa Montahuano (Pastaza, Ecuador, 24 años) y Sani Montahuano (Pastaza, 29 años) se escondían de las cámaras. En su territorio, en la Amazonía ecuatoriana, otros llegaban, grababan y prometían regresar con esas imágenes. “Nunca supimos qué contaron de nosotras”, adelantan en entrevista con EL PAÍS. Durante años, la Amazonía se narró así, desde afuera. “Nos han visto como objetos. El extractivismo y el saqueo de imágenes van juntos”.

Ahora, ellas están detrás de la cámara. Las hermanas Montahuano son sápara, un pueblo indígena reconocido por la Unesco con menos de 400 personas entre Ecuador y Perú. Su territorio enfrenta presión petrolera y su lengua está en riesgo de desaparecer. Allí aprendieron a hacer cine por sí mismas, para inmortalizar las imágenes que sueñan. “Los sueños nos avisan, protegen y guían decisiones. No están separados de lo cotidiano”, explican las fundadoras del colectivo de cine Tawna, integrado por artistas sáparas, kichwas y mestizos.

Desde 2023, navegan el río Pastaza en una canoa de energía solar con Kanua, el primer festival flotante de cine amazónico. Recorren comunidades de Ecuador y Perú, proyectan películas y enseñan a otros a contar sus historias.

Pregunta. Durante años otros contaron sus territorios. ¿Cómo lo vivieron ustedes?

Mukutsawa Montahuano. Nosotras ni siquiera sabíamos qué era una cámara. Nos grababan, nos tomaban fotos… Pasó en muchos territorios. Nunca supimos dónde terminaron esas imágenes.

Sani Montahuano. Era una mirada folclorizante, romantizada. No entendían el idioma, no traían intérpretes. Solo llegaban a grabarnos. Las mujeres se intimidaban, se escondían, era muy incómodo. El saqueo de la Amazonía también fue de imágenes. Fue un saqueo brutal.

P. Hablan de un “saqueo de imágenes”. ¿Cómo se conecta con otras formas de extractivismo en la Amazonía?

SM. El saqueo viene desde hace tiempo: el caucho, el petróleo, el oro, las plantas y también las imágenes. Desde afuera nos han visto como objetos. El extractivismo y el saqueo de imágenes van juntos. Vivimos en constante lucha. Pero no queremos vivir así. No queremos solo sobrevivir.

MM. Eso cambia incluso las historias que contamos. Yo imaginaba las historias que mi mamá nos contaba de niñas y pensaba que algún día caminaría la selva y las descubriría. Pero no puedo porque hoy intento contar para proteger mi territorio. En el cine contamos para no perder la esperanza, para no perderlo todo.

P. En el proyecto fotográfico Ñuka Shuti Man abordan la historia de su madre, Carmelina Ushigua. ¿Cómo trabajaron esa memoria?

SM: Aunque mi mamá se fue del mundo físico, no del mundo espiritual. Nosotras la soñamos. En este proyecto trabajamos con su memoria, los sueños y todo lo que ella nos enseñó. Lo que somos hoy es gracias a ella.

MM: Su memoria está en las plantas, la medicina, el cuerpo… Cómo nos curaba con el tabaco, nos bañaba con plantas, interpretaba los sueños. Así vivíamos. Contar esas memorias es una forma de mantener viva nuestra cultura.

P. Los sueños atraviesan todo su trabajo. ¿Qué lugar ocupan en su forma de entender el mundo y el cine?

MM. En la cultura sápara los sueños son muy importantes. Nos contábamos los sueños con mi mamá. Ella los interpretaba. Los sueños avisan, protegen y guían decisiones. No están separados de lo cotidiano. Son una forma de conocimiento, creación y conexión con nuestro mundo espiritual.

SM. En los sueños también hay imágenes. Son escenas breves con significado. Entendemos el cine desde esa forma de ver las imágenes. Para nosotras, los sueños no son algo íntimo. Son colectivos. Sirven para protegernos, para entender el futuro.

P. ¿Qué cambió cuando ustedes empezaron a usar la cámara?

MM. Antes la cámara era algo lejano. Pero cuando empezamos a grabar, entendimos que podíamos hacer cine. Tenemos muchas historias que contar. A veces dicen que hacemos cine indígena, pero nosotras decimos: no, hacemos solo cine.

SM. Ahora que estamos detrás de la cámara ha cambiado todo. Hay confianza con las mujeres, con la comunidad. Aunque le teníamos miedo a la cámara, entendimos que es una herramienta más que se aprende usando y es lo que enseñamos.

P. ¿Qué significa hacer cine cuando un pueblo está en riesgo de desaparecer?

SM. Somos menos de 400 personas. La cultura sápara está en riesgo, pero seguimos transmitiendo. Hay esfuerzos por mantenerla viva, mediante historias y cantos. También por sueños. Y es muy importante tener a quién contar nuestros sueños.

MM. El proyecto que hicimos sobre mi mamá, por ejemplo, fue recorrer su memoria y recorrer el territorio sápara, porque ella conocía todo, las plantas, los seres, la interpretación de sueños. Así tratamos de existir. Cuando contamos nuestras historias, nuestros sueños, estamos resistiendo.

P. Con el festival flotante Kanua llevan cine a las comunidades. ¿Qué pasa cuando se proyecta en sus propios territorios?

SM. Al inicio, la gente imaginaba el cine que conocían. De niñas, veíamos películas en la pequeña televisión de alguna casa de la comunidad, y eran siempre las más comerciales. Ahora, cuando inflamos la pantalla grande, es increíble. Vemos cómo la gente señala la pantalla, se reconoce y empieza a conversar.

MM. Y lo más bonito es cuando mostramos lo que ellos mismos grabaron durante los talleres. Se ven en la pantalla, se ríen, se reconocen. No es solo ver cine, sino que ellos mismos empiezan a grabar, a contar sus historias.

P. En la última edición llegaron a Perú. ¿Cómo fue ese intercambio?

MM. Fuimos a Nuevo Andoas, una de las comunidades más grandes donde hemos estado. Querían que proyectáramos historias de otros territorios también afectados por derrames petroleros. El festival lleva películas contadas en otros territorios, pero con problemas similares. Entonces dicen: “No solo es mi problema. Otros luchan por lo mismo”.

SM. Lo más lindo del festival es que cuenta historias, trae historias, se lleva historias y el río nos une. El río es el canal de voz y memoria. El río nos conecta. Este festival no puede tener otro nombre, no puede dejar de existir tampoco.

P. En estas tres ediciones del festival, ¿qué ha sido lo más desafiante?

SM. Muchas veces piensan que un hombre está a cargo del festival. Cuando ven que somos nosotras no lo pueden creer. Hemos llegado a territorios con mucho machismo. Luego dicen: “Quiero que mi hija sea como ustedes”. Eso también importa, que vean a mujeres haciendo cine.

P. ¿Qué se viene para Tawna?

MM. Siempre hay gente nueva. Hay cineastas de otros territorios. Creamos juntos desde sus miradas. Ese es el concepto de Tawna, que en sí es la palanca para empujar la canoa. Lo más lindo sería que siga así, sumando gente, pueblos, creando desde lo que somos.

SM. Tawna va creciendo con nuevas personas, nuevas miradas. Ese es el futuro. Tawna ya es un ser andante por sí mismo que nos hace parte de él.

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