<p>Desde 2018, <strong>Rodrigo Cuevas</strong> (Oviedo, 1985) ha entregado por completo su vida a la exploración del placer. Ocho años, y en verdad todos los anteriores, entregados a una disección total del disfrute humano para levantar una trilogía que transita sonoramente por el cortejo, por la romería y ahora por la belleza. Como un trío que conforma en sí mismo a uno de los autores más puramente aferrados al folklore y, por tanto, a los placeres humanos.</p>
El asturiano completa con ‘Manual de Belleza’ la trilogía del placer que comenzó en 2018 sin renunciar al folclore
Desde 2018, Rodrigo Cuevas (Oviedo, 1985) ha entregado por completo su vida a la exploración del placer. Ocho años, y en verdad todos los anteriores, entregados a una disección total del disfrute humano para levantar una trilogía que transita sonoramente por el cortejo, por la romería y ahora por la belleza. Como un trío que conforma en sí mismo a uno de los autores más puramente aferrados al folklore y, por tanto, a los placeres humanos.
Manual de Belleza, el disco que cierra esa exploración del asturiano, es al mismo tiempo una otra exploración: la de Rodrigo Cuevas por los géneros musicales sin renunciar a la esencia de su música. Porque, desde la reivindicación de la tierra, la búsqueda de la belleza, las declaraciones de amor y, claro, el placer carasterísticos, el artista ha pasado en las 10 canciones que componen su proyecto por el bolero, el rap o el post-punk. Y todo lo ha remezclado, con la ayuda del ex integrante de Calle 13 Eduardo Cabra, con su folklore.
«Llevo tiempo queriendo acercarme a estas personas con las que colaboro en el disco y también explorar otros géneros», expone el cantante tras un despliegue de contorsiones en una sofá de la sede de Sony en Madrid. Esas personas son La Mala Rodríguez, Massiel, Ana Belén, Grande Amore, Tarta Relena, los pandereteiros PAN. SEN. FRON y la antiinfluencer Celimonde. Todos con un espacio en un disco que es también una declaración de intenciones de su creador: «La belleza tiene que proponer sus principios, sus propios temas de diálogo y hacerlo desde muchos puntos de vista. No existe la belleza canónica, eso está claro. Y no podemos estar reaccionando al bombardeo que nos llega siempre de los mismos, es el momento de que hagamos nuestro propio debate».
- ¿Cuál es ese cambio de la reacción a la proposición y a qué se debe ese movimiento?
- Estoy harto de hablar de cosas que no me interesan porque me lo digan unos señores por la tele. Me niego, quiero que hablemos de otros muchos temas. Los que estamos en el lado bueno de la historia perdimos mucho tiempo y también la capacidad de proponer debates y temas de conversación, de decidir de qué se habla y qué es interesante. No podemos perder tiempo en debatir sobre derechos que estaban logradísimos. No quiero que nadie me arrastre a ese fango. Sé que es muy difícil porque a mí me llevan los demonios, pero estoy en ese ejercicio.
- ¿La belleza es su vehículo para ese cambio?
- A mí la belleza me rodea, vivo en un sitio que guapísimo. Ahora mismo, además, está como con la primavera a tope y me apetecía hacer un tributo a todo eso. Porque hay gente que se ha olvidado de lo que es la belleza metida en esta vorágine de noticias distópicas y terribles. En este momento, es importante pararse y contemplar la belleza.
- En la segunda canción, BLZA, también advierte de que la búsqueda constante de esa belleza puede ser una «desventaja», una «obsesión» y «te puede hundir».
- El amargo don de la belleza, claro. A veces la belleza puede ser dictatorial, te puede condenar y te puede aplastar. Sobre todo cuando hablamos de esta belleza de filtros, de cuerpos perfectos. Cada vez es más un yugo la belleza con tantos cánones establecidos. Parece que cada vez hablamos más de esto y, sin embargo, la gente tiene una necesidad mayor de operarse, de tener cuerpos perfectos y que ese sea su estilo de vida. Esa belleza que se basa más en cómo te perciben los demás o en cómo tú crees que te perciben es muy peligrosa. Porque la perfección no existe, no es posible y buscarla te lleva a una vorágine de complacencia hacia los demás que es inabarcable, infinita y acaba potenciando tus inseguridades. Sobre todo si eres mujer y joven, te meten mucha presión social.
- Desde el primer tema, Un mundo feliz, hay también una intención de plantear un modelo de sociedad distinto al actual.
- Ese es el primer paso de decir lo que yo quiera, yo quiero ese tipo de mundo. También te digo que me lo imagino y menuda distopía. El mundo en el que yo creo es un lugar donde el que parte no reparte. Eso me parecería tan maravilloso. Siempre recuerdo una cosa que me contó una amiga que le decía su madre cuando se peleaba con su hermano por un trozo de tortilla o de tarta. Uno parte y el otro escoge. Así debería ser el mundo. Además ese mundo estaría gobernado por señoras que juegan al parchís, con toda la compresión que tienen y no dejándose llevar por la ira.
- En este momento que se debate sobre el posicionamiento político de los artistas, ¿este disco plagado de debates sociales es el suyo?
- Los artistas no tenemos que estar todo el día posicionándonos, pero es importante que lo hagamos con algunas cosas. Estar en contra de un genocidio no requiere una gran profundidad. Puedes profundizar para conocer más detalles, pero estar en contra de un genocidio y del fascismo no requieren una complejidad de pensamiento muy grande. También es verdad que el público debe aprender que no todos los artistas tienen un pensamiento tan construido sobre ciertos temas y con que digan ‘No al genocidio’ ya vale. No podemos machacar a algunos artistas porque no vayan más allá de eso. Demos gracias de que una de las mejores artistas de la historia está de nuestro lado.
- ¿Se refiere a Rosalía?
- Me refiero a Rosalía, claro. Está de nuestro lado y debemos celebrarlo. No podemos seguir sobreanalizando todo porque los que están enfrente no lo hacen. A la mínima que un artista les da media lo reivindican como propio. Seamos inteligentes y no regalemos a una artista tan grande. No seamos tan exigentes, chicos, porque al final lo que conseguimos es que la gente no se pronuncie de nada.
- En La playa hay también una crítica clara hacia la obsesión de esta sociedad con el dinero y el peligro de que una región como Asturias se quede sepultada bajo el modelo de turismo masivo.
- En los años 2000 nos parecían ridículos todos estos raperos estadounidenses que fardaban con collar, cadenas de oro, descapotables y mujeres. Al menos, a mí. En España siempre ha sido ridículo ostentar de esa forma con el dinero, no sé en qué momento caló. Al final eso se traslada también en que ciertos territorios se masifiquen, se gentrifiquen y se vacíen de toda su identidad. Territorios que solo son para sacarse un selfie y en los que es guay estar. Para mí es muy triste ver que pasa eso con Asturias, que repetimos los errores de otros lugares. No entiendo que el Gobierno siga promocionando el turismo masivo con campañas tremendas. Si el turismo ya viene solo, lo que hay que es hacer es contenerlo y ordenarlo.
- ¿Eso está llevando a una pérdida de identidad de los territorios y, en este caso, de Asturias?
- Estamos vendiendo nuestros pueblo, nuestra costa y nuestro territorio a una industria totalmente estacional y que no le importa lo que deja detrás. Porque el turismo es muy perverso en ese sentido, busca el egoísmo del placer superficial y con el paso del tiempo no deja nada. La cuestión es que te das cuenta muy tarde, como pasa en la zona del Levante que ahora se preguntan qué han hecho con sus pueblos y con sus territorios.
- Pese a dar paso a otros géneros, buena parte de este disco sigue estando cantado en asturiano. ¿Es una reivindicación amplía de la lengua?
- Siempre me gusta hacer temas en asturiano porque es la producción cultural lo que mantiene viva la lengua. Fíjate que yo creo que la oficialidad del asturiano va a llegar, pero va a llegar en su peor momento, en el que menos hablantes patrimoniales hay. La gente que hablaba muy bien asturiano, el asturiano doméstico digamos, no ha aprendido en la escuela y ya va a estar muerte en muchos casos. Por eso digo que le va a llegar en su momento más débil. Tuvimos 40 años para hacerlo y nada, no hubo manera.
- En los últimos días le he escuchado decir que internet y la globalización parecía que venían a reforzar estas lenguas minoritarias y, sin embargo, han acabado afianzando las mayoritarias como el español o el inglés.
- Por eso debemos hacer canciones, series y películas como hacen en Cataluña, en País Vasco o en Galicia. Pero eso requiere una inversión muy fuerte en producir cultura en tu lengua propia para que la gente la consuma y tenga calidad. Si no haces producción de calidad, la gente no lo escucha o no lo ve. Y para que haya calidad hace falta dinero y no hacer baratijas porque tenemos acceso a cosas muy buenas. Hay que meter mucha pasta, contar con los mejores guionistas y directores que tengamos en Asturias y producir en asturiano. No vale que sea algo residual.
- ¿Por qué ha decidido hacer una mezcla de folclores de toda España en este disco?
- El folklore está muy vivo en muchas partes de este país, las folclóricas de diferentes sitios tenemos muy buen rollo, podemos permitirnos juguetear y hacer cosas muy divertidas. En Castilla hay gente haciendo cosas muy chulas ahora. También en Andalucía, en Galicia, en Cataluña, en Baleares, en Canarias… Ahora todo el mundo se suma a hacer folclore y a mí me parece genial. Yo también me puse a hacer folclore de repente, el folklore no es patrimonio de nadie y es tan amplio que todo cabe ahí, desde lo más popular y tradicional hasta las propuestas más cercanas al pop y la electrónica.
- Como parte de ese folclore también está la reivindicación de figuras muy populares en este país como Ana Belén, Massiel, Rocío Jurado, Lina Morgan…
- Las folcloricas de este país hay que reivindicarlas porque son las estrellas de nuestro firmamento. Yo hago eso que ahora llaman name-dropping, pero me gusta tener ahí en un altarcito a toda esa gente. Muchas de ellas me encantaría que estuvieran cantando en este disco si no hubieran muerto. Yo soy una folclórica fuera de su tiempo. Nací tarde, chico, tardaron en hacerme.
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