“Queríamos crear un momento de maravilla y bajar el ritmo de la gente”: ‘Shy Society’, la instalación que flota sobre el Gran Canal de Venecia

El Puente de la Academia, sobre el Gran Canal de Venecia, ofrece al atardecer uno de los panoramas más saturados de Venecia. Cerca de 5 millones de personas lo cruzan cada año, y la afluencia se dispara en momentos específicos como la inauguración de la Bienal de arte, que precisamente tiene lugar esta semana en un ambiente políticamente muy caldeado: el who’s who de la comunidad del arte contemporáneo internacional se concentra aquí estos días, y transita apresurado de un evento a otro, de una exposición a otra, siguiendo las exigencias de una programación inabarcable. A veces, la densidad del tránsito humano resulta imposible para quien necesite cruzar el puente por motivos prácticos.

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 El Puente de la Academia, sobre el Gran Canal de Venecia, ofrece al atardecer uno de los panoramas más saturados de Venecia. Cerca de 5 millones de personas lo cruzan cada año, y la afluencia se dispara en momentos específicos como la inauguración de la Bienal de arte, que precisamente tiene lugar esta semana en un ambiente políticamente muy caldeado: el who’s who de la comunidad del arte contemporáneo internacional se concentra aquí estos días, y transita apresurado de un evento a otro, de una exposición a otra, siguiendo las exigencias de una programación inabarcable. A veces, la densidad del tránsito humano resulta imposible para quien necesite cruzar el puente por motivos prácticos. Seguir leyendo  “Queríamos crear un momento de maravilla y bajar el ritmo de la gente”: ‘Shy Society’, la instalación que flota sobre el Gran Canal de Venecia | ICON Design | EL PAÍSIr al contenido

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Arte

La obra de Studio Drift, anclada en el histórico Palazzo Balbi-Valier, puede contemplarse tanto desde las embarcaciones que navegan el canal como desde el cercano puente de la Academia

Los elegantes movimientos de la instalación ‘Shy Society’ generan un fuerte contraste con el ritmo frenético que impera en el centro histórico de Venecia.
Ianko López

El Puente de la Academia, sobre el Gran Canal de Venecia, ofrece al atardecer uno de los panoramas más saturados de Venecia. Cerca de 5 millones de personas lo cruzan cada año, y la afluencia se dispara en momentos específicos como la inauguración de la Bienal de arte, que precisamente tiene lugar esta semana en un ambiente políticamente muy caldeado: el who’s who de la comunidad del arte contemporáneo internacional se concentra aquí estos días, y transita apresurado de un evento a otro, de una exposición a otra, siguiendo las exigencias de una programación inabarcable. A veces, la densidad del tránsito humano resulta imposible para quien necesite cruzar el puente por motivos prácticos.

Por el contrario, pocas cosas más delicadas y armónicas conocemos que ese movimiento de las flores que se abren lentamente durante el día y que por la noche vuelven a plegarse, siguiendo el ciclo natural de luz y oscuridad. A esto se le llama nictinastia, ocurre en determinadas especies florales, y posee una cualidad hipnótica que Lonneke Gor­dijn y Ralph Nauta, dúo artístico neerlandés conocido como Studio Drift, recrean en una de sus series más conocidas, Shylight. Del 3 al 10 de mayo, los creadores contribuyen con un poco de esa delicadeza al complejo panorama veneciano gracias a su instalación Shy Society, un conjunto de flores artificiales iluminadas que realizan un movimiento de ascenso y descenso y se van abriendo y cerrando suavemente sobre las aguas del Gran Canal, generando un clima de intimidad y ensoñación. La obra puede contemplarse tanto desde las embarcaciones que navegan el canal como desde el cercano puente de la Academia, y su montaje, sumamente arduo, se ha anclado en uno de los muchos edificioshistóricos de Venecia, el Palazzo Balbi-Valier.

La instalación ‘Shy Society’ en la Bienal de Venecia

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La instalación ‘Shy Society’ en la Bienal de Venecia

“Esto ha sido posible gracias a que la parte superior del edificio, que es privado, actualmente está vacía y deteriorada, lo que nos daba más margen”, explica Lonneke Gordijn a ICON Design. Su pieza, de aluminio, acero inoxidable, seda, luces LED y elementos robóticos, parece flotar frente a la fachada del edificio, y sus elegantes movimientos generan un fuerte contraste con el ritmo frenético que impera en el entorno. “Las esculturas exteriores siempre se hacen de materiales como piedra o metal, porque son más resistentes a los cambios, pero nosotros hemos elegido un camino muy difícil, porque llevamos materiales blandos y tecnología”, prosigue Gordijn. “Sabíamos que era lo más complicado, porque ya lo habíamos experimentado antes. Pero queríamos hacerlo aquí para crear un momento de maravilla y contribuir a bajar el ritmo de la gente que pase”.

El trabajo de Studio Drift se caracteriza por reunir naturaleza y tecnología en unas obras que algunas veces remiten al ilusionismo clásico (como cuando hicieron levitar un bloque de hormigón de cuatro metros), y otras generan intensas sensaciones poéticas (sus intervenciones el año pasado en el MUSAC de León). Pero sobre todo mantienen un discurso sobre la relación entre el ser humano y su medio natural que en Venecia encuentra un marco propicio para desplegarse. El cambio climático acelera la subida del nivel del mar que amenaza con hundir la ciudad, frente a lo cual se han planteado propuestas como reubicarla en bloque, incluyendo sus monumentos y también sus habitantes. Del mismo modo, recientemente la NASA ha alertado de un problema similar en Ciudad de México, como consecuencia de la sobreexplotación de los acuíferos de la zona.

Los artistas de Studio Drift tenían en mente esta problemática al concebir la instalación de su pieza y la incorporaron a ella: “Si sacamos el mar de un sitio para construir edificios, el mar encontrará el modo de recuperar su espacio, porque quiere estar en él. Venecia es el lugar perfecto para hablar de estos temas, porque aquí se aprecia perfectamente el cambio del entorno. La ciudad se hunde lentamente y está bajo esa perpetua amenaza, y no sabemos cómo responder a ella. Con esta obra pretendemos crear conciencia sobre la naturaleza, decir que es importante tenerla en cuenta en nuestras vidas, y respetar sus ritmos y su cambio constante: los humanos necesitamos encontrar una forma de coexistir en equilibrio con la naturaleza, pero hemos impactado masivamente en nuestro planeta, y ahora eso se vuelve contra nosotros. Hay incluso quien niega que exista el cambio climático, por mucho que el impacto sea evidente”.

Un discurso particularmente interesante por provenir de unos artistas que viven en el país de los polders (terreno ganado artificialmente al mar). “Otra idea bastante loca, si se piensa”, responde Lonneke Gordijn. “Por una parte es brillante, con ese sistema de diques que constituye una inmensa organización que hay que gestionar constantemente, y por otra es algo que no debería ocurrir. Precisamente, yo ahora estoy buscando una casa y no quiero vivir en zona de polders, quiero vivir en tierra real. Por ejemplo, allí no puedes plantar lo que quieras, no crece cualquier cosa”.

El Palazzo Balbi-Valier Sammartini, frente a cuya fachada se ha instalado la pieza, también ofrece a Studio Drift unas connotaciones particulares. En origen era un palacio gótico-bizantino sobre el que en el siglo XVII se reconstruyó el edificio en piedra de Istria -típica de las edificaciones señoriales venecianas-, según un estilo neoclásico. Desde entonces fue incorporando diversas reformas y adiciones, entre ellas un jardín, al ampliarse la propiedad a la parcela adyacente. Hoy, su fachada con series de ventanales con arcos y balcones de balaustradas es una de las más elegantes del Gran Canal. Pertenece a diversos propietarios privados, y su uso mayoritario es el de vivienda. “Es una casa donde vive gente, lo que era importante para nosotros”, explica Lonneke Gordijn. “Queríamos montar nuestra obra en un lugar donde hubiera interacción con la gente y la ciudad, y a ser posible que no se hubiera usado antes para la Biennale, y ese es el caso. Pretendemos crear un momento de sorpresa para quienes lo vean. Siempre nos interesa ver cómo responde la gente y qué conversaciones les genera nuestra obra. Nos dará mucha información de hacia dónde ir y qué hacer después”.

En este sentido, el próximo gran paso de Studio Drift consistirá en abrir su propio museo. Su ubicación será un inmenso almacén industrial del centro de Ámsterdam que están reformando según un proyecto de zU-studio, estudio de arquitectura fundado por el donostiarra Javier Zubiria. Preveían inaugurarlo a finales del pasado año, pero las fechas se han retrasado. “Es un proyecto enorme”, afirman. “Y cuando haces algo tan grande y por primera vez pasan cosas que no esperabas, así que necesitaremos más tiempo. Aún no estamos listos para comunicar la fecha, pero esperamos que sea a finales de 2026. Tras hacer muchas exposiciones concluimos que nuestro trabajo es demasiado caro y requiere demasiado tiempo, y ahora con el museo tendremos más posibilidades a la hora de llevar nuestras obras a la realidad. No lo abrimos por un motivo egocéntrico, sino que responde a la necesidad artística de llevar las obras a donde siempre quisimos que llegaran. Y llevamos casi ocho años trabajando para conseguirlo”.

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