‘Oliva’, un juego de mesa al sabor del aceite mediterráneo

Para sobrevivir, al ser humano le basta con dos bebidas: la leche, al principio; y el agua, siempre. El resto de brebajes no se antoja obligatorio, al menos desde el punto de vista médico. Aunque millones de habitantes del planeta discreparían: han convertido vino, mate, té o sake en compañeros (más o menos) habituales de su existencia. Hace más de 6.000 años, en concreto, desde que los mediterráneos empezaron a producir aceite de oliva. No será necesario, pero vete tú a prescindir de él. Ya representa mucho más que un líquido: pausa, placer, hasta orgullo identitario o de Estado. Un asunto tan serio que los creadores portugueses Rôla y Costa lo han homenajeado con lo que mejor se les da: un juego. Sobre la mesa, en lugar de un cuenco y un buen pan, invitan a colocar Oliva. Pero nada impide aliñar la partida con una cata. Así, la victoria sabe mejor. Y la derrota, ni tan mal.

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Aceitunas en la Sociedad Cooperativa San Vicente de Mogón, en Jaén, en una imagen de 2023.  Dos creadores portugueses recrean en un tablero la recolección y producción del oro líquido para homenajear a uno de los signos identitarios de su país natal, pero tambien de España, Italia o Grecia  

Para sobrevivir, al ser humano le basta con dos bebidas: la leche, al principio; y el agua, siempre. El resto de brebajes no se antoja obligatorio, al menos desde el punto de vista médico. Aunque millones de habitantes del planeta discreparían: han convertido vino, mate, té o sake en compañeros (más o menos) habituales de su existencia. Hace más de 6.000 años, en concreto, desde que los mediterráneos empezaron a producir aceite de oliva. No será necesario, pero vete tú a prescindir de él. Ya representa mucho más que un líquido: pausa, placer, hasta orgullo identitario o de Estado. Un asunto tan serio que los creadores portugueses Rôla y Costa lo han homenajeado con lo que mejor se les da: un juego. Sobre la mesa, en lugar de un cuenco y un buen pan, invitan a colocar Oliva. Pero nada impide aliñar la partida con una cata. Así, la victoria sabe mejor. Y la derrota, ni tan mal.

Oliva (editado en castellano por Maldito Games)se remonta a los años cincuenta y sesenta, en cuatro regiones de Portugal. Época de molinos de piedra impulsados por agua, y de prensas manuales. De trabajo en los campos de Alentejo o Beira Interior, tan artesano como agotador. Y de un “crecimiento sin precedentes de olivares y rendimientos”, como recuerda el manual de instrucciones. A partir de ahí, sin embargo, depende del jugador convertirse en el productor que encabece ese boom. Con cartas, estrategia, suerte y paciencia, hay que gestionar el terreno, recoger, prensar, almacenar y vender. Para batir la competencia de rivales ―hasta cuatro usuarios, desde los 10 años, aunque también hay modalidad en solitario― y otros países del entorno, como Grecia, Marruecos o Turquía.

“Es difícil para un niño en Portugal, Italia o España no tener contacto con el aceite de oliva desde muy pequeño. Lo usamos mucho para cocinar, es un producto bonito y elegante, muy publicitado y etiquetado como saludable, y muy mediterráneo. Y luego está esta especie de memoria colectiva, como si un chorrito siempre hubiera fluido de la lámpara de nuestros abuelos hasta nuestros platos”, reflexiona Rôla, nombre artístico de José Carlos Santos. De ahí que juntaran el patrimonio común a cualquier orilla del Mare Nostrum con el suyo personal: el propio autor participaba de pequeño en la cosecha de aceitunas, que llevaba a una almazara cercana a su casa. Hasta que cerró, en los setenta, y acabó convertida en discoteca. Signo de los tiempos que pasan y que Oliva pretenderecuperar: “La idea es rendir homenaje a los hombres y mujeres que trabajaron duro, a menudo en condiciones difíciles y sin grandes beneficios, en las industrias más emblemáticas de Portugal”.

Así que, tras Café, en 2020, y Lata, en 2023, ahora Rôla y Costa juegan con el aceite. A falta de dos títulos más, aún sin concretar, que completarán su proyecto 5 Quinas (Esquinas). “Nos gusta partir del tema. Está claro que la fidelidad tiene que sacrificarse algo en aras de la jugabilidad, pero la génesis de muchos mecanismos surge de las etapas de vida de esos productos”, explica el autor. Entre ambos, juntaron indagaciones, vídeos de archivo, búsquedas en internet o preguntas a amigos. Una vez prensado todo, salió una declaración de amor al oro líquido. Un juego teñido de verde y amarillo, con aceitunas, garrafas, envases de metal y furgonetas en sus acciones y sus cartas, ilustradas por Marina Costa.

Aunque, a la vez, Rôla aclara que no precisaron demasiada investigación. A estas alturas, para cualquier mediterráneo, el aceite ya está en la sangre. Y justo por eso, quizás, la pasión que desata se contagia a debates gastronómicos, y hasta nacionalistas. Sobre la mejor forma de conservarlo hay acuerdo: lejos del calor, y de la luz solar. Respecto a la calidad, sin embargo, se amasan tantas opiniones como aceitunas en la prensa.

Últimamente, hasta Reino Unido ha lanzado su primer aceite de oliva nacional, desde la aldea de Roseland. Aunque la lista anual que elabora la guía Evooleum otorgó la puntuación más alta de 2025 al Monini Monocultivar Coratina, elaborado en el corazón ―literalmente― de Italia: cerca de Perugia, en el centro del país transalpino. Que también presume de colocar cuatro aceites entre los primeros 10 del mundo. España, eso sí, suma incluso más: cinco. Y el indiscutible liderazgo de la producción continental, como recogen las estadísticas de la Comisión Europea: medalla de oro para España, plata para Italia y un bronce disputado entre portugueses y griegos. Estos últimos, por otro lado, resultan ser los mayores consumidores per cápita: 12 kilos al año por ciudadano.

Oliva, sin embargo, no busca fomentar la rivalidad. Si acaso, la sana, que dure los 40 minutos de una partida media. Al revés, el juego trata de unir. Igual que Rôla: celebra el aceite mezclado con una gota de vinagre balsámico en Italia, el que baña el bacalao típico de sus tierras o las aceitunas con una cerveza que disfrutó hace unos días en Mérida. Y agrega: “Una de las facetas más destacadas que encontramos era esta característica tan portuguesa de tener uno o dos olivos, a menudo encaramados en un pequeño parterre con un muro de piedra. Tras la cosecha, había que llevar las aceitunas a una almazara, donde se reunían vecinos y gente de otras tierras. En el juego, es habitual ver a varios usuarios ‘recogiendo’ aceitunas en la misma ronda o yendo a la almazara en otra”. Juntos, por una pasión compartida. Es lo que tiene el aceite: basta un sorbo, y ganan todos.

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