Muere el fotógrafo Miguel Bergasa, que documentó la hermética vida de la comunidad menonita en Paraguay

Hay fotógrafos que se entregan en cuerpo y alma a un género y otros cuya obra orbita en torno a un motivo, a un tema recurrente. Este era el caso de Miguel Bergasa, quien decía que “el trabajo” de su “vida” había sido retratar a la cerrada comunidad religiosa de los menonitas en Paraguay, a los que descubrió en un viaje a Asunción, la capital del país, en 1983. Desde entonces, Bergasa, nacido en Pamplona en 1951, fotografió a este colectivo en varios periodos a lo largo de más de treinta años. Lamentablemente, Miguel ya no podrá seguir más la pista de sus queridos menonitas, anclados en el tiempo y renuentes a las comodidades más elementales de la vida moderna. Miguel Bergasa falleció este sábado a los 75 años en Pamplona después de una larga enfermedad, de la que era capaz de hablar con una sonrisa y entereza admirables. Deja mujer y una hija. Lo que nos queda es una obra en la que sobresale el retrato de las vidas cotidianas de los menonitas en unas magníficas fotografías que recordaban a los amish de la popular película Único testigo, de 1985, protagonizada por Harrison Ford.

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 Nacido en Pamplona en 1951, su obra se caracteriza por el documentalismo de fiestas y rituales de España y América con un blanco y negro pulcro y elegante  

Hay fotógrafos que se entregan en cuerpo y alma a un género y otros cuya obra orbita en torno a un motivo, a un tema recurrente. Este era el caso de Miguel Bergasa, quien decía que “el trabajo” de su “vida” había sido retratar a la cerrada comunidad religiosa de los menonitas en Paraguay, a los que descubrió en un viaje a Asunción, la capital del país, en 1983. Desde entonces, Bergasa, nacido en Pamplona en 1951, fotografió a este colectivo en varios periodos a lo largo de más de treinta años. Lamentablemente, Miguel ya no podrá seguir más la pista de sus queridos menonitas, anclados en el tiempo y renuentes a las comodidades más elementales de la vida moderna. Miguel Bergasa falleció este sábado a los 75 años en Pamplona después de una larga enfermedad, de la que era capaz de hablar con una sonrisa y entereza admirables. Deja mujer y una hija. Lo que nos queda es una obra en la que sobresale el retrato de las vidas cotidianas de los menonitas en unas magníficas fotografías que recordaban a los amish de la popular película Único testigo, de 1985, protagonizada por Harrison Ford.

A pesar de ser desconocido para buena parte de los aficionados al arte de la imagen, Bergasa era un gran fotógrafo, de un blanco y negro pulcro y elegante. Él pertenecía al grupo de amigos y colegas de oficio que fotografían las fiestas y rituales que perviven en la España de los pueblos y se resisten a desvanecerse. “Me gusta la imagen de aquello que sabes que el tiempo borra. Hay un componente de añoranza”, decía sobre su trabajo. Su otro amor fotográfico era la cultura hispanoamericana. Su trayectoria quedó marcada por el instante en el que, durante un viaje a Asunción para visitar a un antiguo compañero de colegio mayor, se fijó en un grupo de campesinos que vendían queso y que, por sus ropas, ellos con petos y sombreros vaqueros, ellas con largos y cerrados vestidos de flores y pamelas, parecían haber salido de un túnel del tiempo y, por su piel clara, no tenían nada que ver con el paraguayo medio. Ese encuentro con los menonitas, residentes en el Chaco paraguayo, fue “un choque visual”, recordaba.

Los menonitas son una secta religiosa surgida en Holanda en el siglo XVI tras la reforma luterana, liderada por el sacerdote católico Menno Simons. Desde entonces llevaron una vida errante por varios países de Europa hasta que se asentaron en Rusia. Sin embargo, tras la Revolución comunista de 1917 fueron perseguidos, por lo que emigraron a América, donde se establecieron en colonias en varios países, principalmente Paraguay. Allí, en Nueva Durango, Bergasa convivió con ellos; se ganó la confianza de familias que vivían en casas de madera, sin electricidad ni televisión, dedicadas a la ganadería y al cultivo del maíz y la soja. Con la Biblia como pilar de sus vidas, hablaban un antiguo dialecto alemán, se casaban muy jóvenes y cada matrimonio tenía muchos hijos. No fumaban ni bebían alcohol. Él logró mostrarlos en su intimidad, a las mujeres en las cocinas, a los niños en la escuela, a los hombres en los trabajos del campo; en fiestas y entierros.

Cinco años después del primer contacto, Bergasa regresó a Paraguay en 1988 dispuesto a documentar sus vidas. Un esfuerzo que dio como fruto un trabajo fotográfico y un documental que emitió Televisión Española.

El fotógrafo pamplonés, en su eterno retorno, volvió en 2003, 2011 y 2017 y comprobó progresivamente que los menonitas se habían escindido entre aquellos que querían seguir aferrados a la forma de vida del pasado y los más jóvenes, quienes preferían incorporar a su existencia algunos de los adelantos más básicos. Amplió el foco de su proyecto a otras colonias de Paraguay, Bolivia y México.

De aquello y de sus más de 30 viajes por América, Bergasa hablaba con pasión. Era una persona de gran bonhomía, con un carácter jovial y una cercanía difíciles de olvidar una vez se le había conocido. Como han destacado en las redes sociales tras conocer su fallecimiento, los fotógrafos y premios nacionales Juan Manuel Castro Prieto —al que le unía una gran amistad— y Gervasio Sánchez, Miguel era un tipo cariñoso y entrañable. Eso sí, no soportaba “ni el nacionalismo ni los politiqueos”, afirmaba. “He vivido dos dictaduras, la de Franco y la de estos”, añadía en alusión al terrorismo de ETA.

Bergasa comenzó a interesarse por la fotografía a comienzos de los setenta, cuando era un habitual en las actividades que organizaba la Agrupación Fotográfica de Navarra, donde afinó sus habilidades para el revelado y la impresión. Ya en Madrid, para estudiar Ingeniería de Telecomunicaciones, acudía a las jornadas fotográficas que organizaban los colegios mayores. Sin embargo, lo que le marcó fue una gran exposición en la capital sobre Latinoamérica en la que vio, por primera vez, fotos en blanco y negro de figuras como Sebastião Salgado, Martín Chambi, Graciela Iturbide o Manuel Álvarez Bravo.

Amante del blanco y negro, que dota a las fotografías de ese halo que parece alejarlas en el tiempo, aunque sean actuales, ahí están, además de las de Paraguay, sus imágenes del carnaval de Oruro, en Bolivia; del desfile de las Comparsas por la Virgen de la Candelaria, en Puno, Perú; de la devoción por el Cristo negro de Portobelo, en Panamá; del Día de Difuntos, en México; o de las calles y gentes de Uruguay, Ecuador o Cuba, tomadas a lo largo de más de 30 años.

Desde su primera muestra individual, en 1977, en la Real Sociedad Fotográfica de Madrid, hasta el reconocimiento que supuso la gran exposición sobre los menonitas en el Centro de Arte Alcobendas (Comunidad de Madrid), en 2025, las imágenes de Bergasa se han podido ver, entre otros, en el Museo Universidad de Navarra, el festival PHotoEspaña o Casa de América (Madrid). Además del documental sobre los menonitas, realizó otros sobre el río Paraguay, de las misiones cristianas en Bolivia o de un piloto de avión boliviano encargado de trasladar carne hasta la capital del país, La Paz.

Sus fotografías se han publicado en revistas como El País Semanal, XL Semanal, Viajar, Nueva Lente, Cambio 16 y periódicos como Diario 16 y El Sol. En los últimos años había decidido autoeditar sus libros en vista de que, como lamentaba entre risas, publicar un fotolibro en España con una editorial era un viaje a la melancolía por lo oneroso del proceso para su autor. Lo que a él le importaba en realidad, como subrayaba, era “contar historias” con sus fotos.

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