Montse Guallar y Ramon Madaula, abuelos de excepción en una comedia que reflexiona sobre los modelos educativos

A uno se le ocurren pocos abuelos mejores que Montse Guallar y Ramon Madaula, con la salvedad de que ninguno de los dos lo es todavía. Ambos encabezan el cartel de la producción Una bufetada a temps, obra de Marta Buchaca que dirige ella misma y que se representa desde hoy miércoles en la sala Villarroel de Barcelona. La pieza aborda desde el género de la comedia el debate tan actual sobre los modelos de educación y a partir de la situación a la que hace referencia el título: la bofetada que le propina un abuelo exasperado (Madaula) a su nieto de ocho años y que desencadena toda una serie inesperada de consecuencias.

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 ‘Una bufetada a temps’, escrita y dirigida por Marta Buchaca, se representa en la sala Villarroel de Barcelona con ganas de suscitar debate  

A uno se le ocurren pocos abuelos mejores que Montse Guallar y Ramon Madaula, con la salvedad de que ninguno de los dos lo son todavía. Ambos encabezan el cartel de la producción Una bufetada a temps, obra de Marta Buchaca que dirige ella misma y que se representa desde hoy miércoles en la sala Villarroel de Barcelona. La pieza aborda desde el género de la comedia el debate tan actual sobre los modelos de educación y a partir de la situación a la que hace referencia el título: la bofetada que le propina un abuelo exasperado (Madaula) a su nieto de ocho años y que desencadena toda una serie inesperada de consecuencias.

La presentación el lunes de la obra se convirtió en una reflexión sobre el sistema educativo y el papel de los padres y los abuelos, algo acorde a la intención del espectáculo de no solo entretener sino también incitar al público a deliberar sobre el tema. “Tras las funciones de prestreno que hemos hecho no había nadie que no tuviera una opinión”, subrayó en la presentación de Una bufetada a temps, la directora de la Villarroel, Tania Brenlle. “Siempre abordo cosas que me preocupan y que obligan a formular preguntas más que respuestas”, expresó por su parte Buchaca, con una larga trayectoria de dramaturga y guionista y que recalcó que “la guerra que tengo ahora es con mis hijos y con mis padres, los avis”. La autora y directora subrayó “lo difícil que es hoy ser madre, cuando todo el mundo se cree en el derecho de decirte cómo lo tienes que hacer”, y dijo expresivamente que a ella se la sudan (“me ne’fot”) los maximalismos, y que encuentra que en la educación no hay blanco y negro sino “una gran gama de grises, sin nada que sea al 100 % eficaz”. Apuntó que tan malo puede ser con los niños el contemporizador “¿quieres pasta o tortilla?” como la inflexibilidad, recordando cómo “antes íbamos a remolque de lo que decían y hacían los padres y ahora es al revés”.

Concretando, Buchaca explicó que la historia de la obra arranca cuando el abuelo (llamado también Ramon como el actor que lo interpreta) da esa bofetada a su nieto Roc y la escuela del niño convoca a la familia y anuncia la intención de presentar una denuncia contra el avi. La nuera (Saras Diego), que anda en malas relaciones con su suegro, está de acuerdo, pero el padre del niño (Marc Rius) no ve claro denunciar a su propio padre, mientras que la abuela trata de mediar. La acción transcurre, con unidad de espacio y de tiempo, en la sala de psicomotricidad de la escuela pública Es Roures, con todos los familiares (menos el niño, que no aparece en escena) y el maestro (Eudald Font).

Marta Buchaca recuerda que hasta 2007 los padres podían pegar con fines correctivos a sus hijos y hasta los años ochenta también podían hacerlo los profesores. Lo que le parece, como a toda la compañía de Una bufetada a temps, una barbaridad. “Pensé que en lo de la bofetada había una historia. En nuestro espectáculo es un abuelo que no ha pegado nunca, ni a su hijo, pero pierde los nervios por una cosa bastante grave que hace el nieto. En ningún momento justificamos ni por asomo que el personaje de Ramon pueda tener ni un punto de razón, nadie puede pegar a un niño, ni darle siquiera un clatellot, una colleja, no puedes perder nunca los papeles y la violencia jamás está justificada; lo que hacemos es aprovechar para suscitar el debate sobre la educación y si es mejor la más liberal o la más disciplinada”.

Buchaca, que apuntó que pese al tratamiento de comedia y a que la gente “es pixen de riure”, la obra invita a una reflexión profunda, destacó que es la primera vez que trabaja con actores, Guallar y Madaula, que no conoce de haberlo hecho antes y que no son de su edad (47 años). Pero la circunstancia le ha servido “para hacer amigos nuevos”.

Ramon Madaula dijo que le gusta mucho trabajar con autores de aquí y vivos, porque con los de otro país o muertos “te sientes más desamparado”. Añadió que cuando leyó la comedia le pareció “simétrica” en el sentido de las de Frank Capra, en las que todo el mundo es bueno pero pueden gestionarse mal. Y consideró que Una bufetada a temps es una obra hecha desde la ternura y el cariño por los personajes. “Todos se equivocan y tienen razón a la vez, todos hacen lo que pueden”, meditó. Aprovechó para contar que él siempre iba con miedo al colegio, “temblando, cagat”, y comentar que no está al corriente de cómo es la escuela hoy en día “pero seguro que es mejor que la nuestra”.

Preguntada sobre qué tipo de abuela es en la obra, Montse Guallar dijo que “una avia muy avia, mediadora, a la que no le gustan los conflictos hasta que le tocan el voraviu”. Señaló que ella, a la que tampoco le gustan los conflictos pero que piensa que si no te metes no se arreglan, se identifica con el personaje. Un personaje, la abuela, que “es más moderna que su marido y está más interesada en los caminos nuevos de la educación”. Sara Diego explicó que su personaje de la madre es una mujer de negocios defensora de la escuela libre y respetuosa con los niños, y consideró que el tema de la obra, la educación, el respeto a los niños y de los niños y adolescentes a los padres y maestros, “está en la calle”. Garantizó a los que vayan a ver la comedia que “luego la cena será interesante”.

Eudald Font, que encarna al director de la escuela, entregado a las nuevas maneras de educar y que se encuentra por primera vez en una situación como la que provoca la bofetada, resaltó lo complicado de tener que lidiar con algo así. “A la Supernanny hoy la meterían en la cárcel”, observó Buchaca, que señaló como en pocos años han cambiado mucho las formas de tratar a los niños. “La educación es un temazo”, concluyó.

 EL PAÍS

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