Menos habitaciones y más luz: las claves de la ambiciosa reforma del mítico hotel Waldorf Astoria de Nueva York

Dos velocidades distintas marcan el paso del tiempo en el Waldorf Astoria. Una es la del histórico reloj comisionado por la reina Victoria para la Exposición Universal de Chicago de 1893, que despliega su imperial encanto en el callejón Peacock, conexión entre las avenidas de Lexington y Park. Con escenas deportivas talladas en sus costados y una estatua de la libertad en miniatura como pinácu­lo, marca la hora para las llegadas y salidas de los huéspedes, da turno cada tarde al sonido del piano donde Cole Porter compuso Night and Day y delimita las reuniones de negocios que dominan las mañanas. Son las Waldorf en punto: turismo, arte y poder.

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 El establecimiento neoyorquino, cruce de caminos entre el lujo y la Historia, ha reabierto tras ocho años de renovación. El lugar donde se alojaron Churchill, Arafat o Marilyn Monroe conserva toda su opulencia.  

Dos velocidades distintas marcan el paso del tiempo en el Waldorf Astoria. Una es la del histórico reloj comisionado por la reina Victoria para la Exposición Universal de Chicago de 1893, que despliega su imperial encanto en el callejón Peacock, conexión entre las avenidas de Lexington y Park. Con escenas deportivas talladas en sus costados y una estatua de la libertad en miniatura como pinácu­lo, marca la hora para las llegadas y salidas de los huéspedes, da turno cada tarde al sonido del piano donde Cole Porter compuso Night and Day y delimita las reuniones de negocios que dominan las mañanas. Son las Waldorf en punto: turismo, arte y poder.

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