El anuncio de una nueva ley de cine -que reemplazará a la de 1992-, y un plan de incentivos fiscales para que se filmen más películas en el país, ha puesto a la industria en la primera línea de las noticias esta semana. En conferencia desde Palacio Nacional, Claudia Sheinbaum resaltó que una de las intenciones es que “las producciones independientes tengan más salida”. No obstante, la información que ha sido difundida hasta el momento por el Gobierno no apunta en esa dirección. A pesar de que la ley ya incorpora un espacio mínimo del 10% en las salas para el cine mexicano, y de que ahora se busque un apartado especial para las producciones nacionales en las plataformas digitales que facilite su visualización, el mayor problema de la industria independiente se mantiene: la distribución.
La nueva ley de cine y los incentivos fiscales anunciados por el Gobierno no atajan el mayor problema que enfrenta este sector de la industria.
El anuncio de una nueva ley de cine -que reemplazará a la de 1992-, y un plan de incentivos fiscales para que se filmen más películas en el país, ha puesto a la industria en la primera línea de las noticias esta semana. En conferencia desde Palacio Nacional, Claudia Sheinbaum resaltó que una de las intenciones es que “las producciones independientes tengan más salida”. No obstante, la información que ha sido difundida hasta el momento por el Gobierno no apunta en esa dirección. A pesar de que la ley ya incorpora un espacio mínimo del 10% en las salas para el cine mexicano, y de que ahora se busque un apartado especial para las producciones nacionales en las plataformas digitales que facilite su visualización, el mayor problema de la industria independiente se mantiene: la distribución.
De acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (Canacine), el año pasado se estrenaron 112 películas mexicanas, cuyas ganancias representaron apenas un 4.4% del total de ingresos en taquilla. Nina Wara, directora y productora, explica que se generan muchas cintas en México, pero las trabas están en que no todas se pueden ver. “Estamos sujetos a los fondos audiovisuales porque no tenemos ventanas suficientes de exhibición”, afirma. No todas las películas independientes que se producen llegan a los cines y, las que lo logran, normalmente no obtienen las mejores condiciones para su visualización.
Los malos horarios, los pocos días que se mantienen en cartelera y las escasas salas en las que se pueden ver, son algunos de los factores que obstaculizan la distribución del cine independiente en México. Fernando Montes de Oca, fundador de la distribuidora Benuca Films, comenta que posicionar a este sector de la industria, con “actores desconocidos [y] de bajo presupuesto”, es complicado, sobre todo considerando que los exhibidores le dan preferencia a los filmes más comerciales porque les otorgan más ganancias. “Por más que le eches ganitas y que la gente vaya a ver la película… Si tienes un horario de la 1 de la tarde versus la de Videocine que tiene siete horarios, pues no hay forma de que compitas”, manifiesta.

César Bárcenas Curtis, especialista en la industria cinematográfica en México, cree que, en el caso de las plataformas digitales que dominan el mercado global en una dinámica corporativa, debería de existir una política pública orientada a los proyectos independientes. “Ubicarlos en una plataforma que no tenga una necesidad económica, que no te cobre una suscripción o que haya una aportación voluntaria”, describe. Apuesta por un modelo similar al del servicio de streaming británico MUBI, con un catálogo de filmes emergentes y no comerciales.
Curtis, Wara y Montes de Oca coinciden en que los incentivos fiscales anunciados son positivos para incrementar la producción cinematográfica en México, pero Montes de Oca es claro: “Esos nuevos apoyos no tienen nada que ver con el cine independiente”. El también director señala que este tipo de producciones normalmente no alcanzan las erogaciones que el decreto establece para obtener las ventajas tributarias, por lo que, en realidad, la medida está dirigida a las grandes producciones.
A este complicado panorama, Wara agrega un elemento más que dificulta que este cine más pequeño llegue a las personas: la publicidad. “El fondo de distribución de México te da dos millones de pesos para publicidad, […] y Videocine, que es la cadena más grande de distribución de Televisa, invierte más o menos 20 o 30 millones de pesos. No hay forma de competir con eso cuando eres una película independiente”, sostiene.
Con pocas opciones de visualización en los cines grandes y presupuestos más bajos para su promoción -en comparación con otras películas comerciales, incluso mexicanas-, el cine independiente en el país sobrevive, en su mayor parte, gracias a los festivales y las salas locales. Para la productora Paula Astorga, el cine independiente debe mirar más a estos “agentes culturales” que, aunque tienen un foco más local, respetan más las obras de este sector. Sobre el 10% de representación mexicana en cines, y que la nueva ley mantiene, Astorga opina que no es suficiente: “Eso no hace a una industria saludable”, y agrega que México tendría que seguir el ejemplo de Francia, donde la cuota mínima de proyección nacional es del 40%.
Wara y De la Oca coinciden en que se tienen que crear nuevas audiencias para que los filmes independientes tengan mayor salida. Así, confían en que el público mexicano descubrirá también la diversidad que hay en la industria nacional y dejarán de encasillarlo. “Tú hablas de cine mexicano y la gente, en general, piensa que es una película de Martha Higareda o Eugenio Derbez, […] o el tipo de cine más festivalero de temas densos como narco y violencia”, asegura De la Oca. Y es tajante en la deuda pendiente que los últimos apoyos anunciados por el Gobierno aún tienen con el eslabón de la distribución en el cine independiente mexicano: “Pero para crearlas [las audiencias], tienes que dejar que vean las películas”.
EL PAÍS
