“La discusión no es una batalla en la que uno debe ganar”, apunta un lector

Cambiar de tema, hacer como si nada hubiera pasado o desaparecer durante unos días. Hemos perfeccionado maneras de evitar aquello que nos incomoda hasta convertir el silencio en una herramienta para aplazar nuestros conflictos. Tengo 28 años y crecí en una época en la que es preferible evitar una conversación incómoda a atravesarla. Es más sencillo dejar un mensaje sin responder que decir “esto no me ha gustado”. Defiendo la discusión no como una batalla en la que uno debe ganar sino como el lugar donde dos personas pueden poner sobre la mesa sus diferencias, encontrar un punto en común y decidir cómo seguir avanzando. Entender al otro no significa darle la razón, sino ser capaz de mirar las cosas desde su lugar.

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Cartas al director

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Los actores Jean Richard y Albert Rémy en el montaje de ‘Buen provecho, señor’, de Gilbert Laporte, en el Théâtre de l’Athénée de París en 1956.Lipnitzki (Roger Viollet / Getty Images)

Cambiar de tema, hacer como si nada hubiera pasado o desaparecer durante unos días. Hemos perfeccionado maneras de evitar aquello que nos incomoda hasta convertir el silencio en una herramienta para aplazar nuestros conflictos. Tengo 28 años y crecí en una época en la que es preferible evitar una conversación incómoda a atravesarla. Es más sencillo dejar un mensaje sin responder que decir “esto no me ha gustado”. Defiendo la discusión no como una batalla en la que uno debe ganar sino como el lugar donde dos personas pueden poner sobre la mesa sus diferencias, encontrar un punto en común y decidir cómo seguir avanzando. Entender al otro no significa darle la razón, sino ser capaz de mirar las cosas desde su lugar.

Guillermo Castillo Gutiérrez. Barcelona

Sobredosis de belleza

Jamás antes una película me había dejado muda. La pantalla se quedó en negro, salieron los créditos y una sala petrificada los miraba tratando de entender qué hacer con esa bola en el pecho. Sin moverse. Nadie se levantó. Una lágrima. Una bola en el pecho, otra en la garganta. ¿Qué acabo de ver? ¿Y ahora qué hago con esto? Una palabra se repetía en mi cabeza, en numerosas escenas: “Bello”. Esa sobredosis de belleza nos ha dejado extasiados. Los Javis, gracias.

Alejandra Ruiz García. Madrid

Otra impertinencia

Hemos asumido que es impertinente preguntar a los demás por sus proyectos de familia. Estamos sensibilizados con los problemas de fertilidad y pensamos que, llegados a una edad, la ausencia de hijos e debe a ello o a la decisión de no tenerlos. No obstante, hay un motivo al que nadie presta atención: las rupturas sentimentales en edades reproductivas cruciales. Hay una frase que me resulta lapidaria y que asumo que seguiré escuchando muchos años más (cumpliré 42). Otra impertinencia, la de quien, teniendo hijos, espeta a modo de halago: “Qué suerte tienes de llegar a casa y estar sola”. Padres: no siempre la soledad es una suerte, ni es deseada.

Ángela Ruiz Jiménez. Sevilla

Confiar en la IA o temerla

Dijo Sam Altman, uno de los gurús de la inteligencia artificial: “El mundo hace bien en tener miedo, pero debe confiar en nosotros”. Son dos ideas contradictorias. Si debemos tener miedo, según nos aconseja el director ejecutivo de OpenAI, es porque no debemos confiar en ellos. Si confiáramos, no tendríamos miedo. Altman se hace trampas a sí mismo.

Rafael Dal Re Saavedra. Madrid

La sala de espera de los lunes

Hay un momento en el que el domingo deja de ser fin de semana y se convierte en la sala de espera del lunes. A última hora se abre un pequeño hueco en la agenda y recordamos el trabajo al que no queremos volver, la persona a quien echamos de menos, esa llamada pendiente o el cambio que llevamos meses evaluando. Si una parte de nuestra semana se estropea únicamente porque se aproxima la siguiente, convendría preguntarnos qué estamos haciendo con nuestros días, por qué nos obsesiona que ocurra algo extraordinario mientras la vida transcurre discretamente. Otra semana se ha escapado sin que pasara nada y quizá algún día descubramos que eso era precisamente lo que echaríamos de menos.

Adrián Bravo Gómez. Madrid

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