Jane Birkin y la tristeza de una ‘it girl’

<p>Es primavera en la Costa Azul. Cannes, 1974. Él posa con la indolencia de quien lo ha vivido todo. Es ella la que se apoya sobre su hombro. Con la ilusión de los veinte. Los fotógrafos hacen corrillo. Son <a href=»https://www.elmundo.es/elmundo/2013/10/25/gentes/1382704236.html»>Serge y Jane</a>. Clic, clic, clic. <strong>Gainsbourg y Birkin</strong>. Clic, clic, clic. Se conocieron hace seis años en un rodaje. Un día, poco después, cena en el Régine, copas en un <i>night club</i> ruso, noche en el Hilton. Y ya no se separaron. Han grabado <strong>la </strong><a href=»https://www.elmundo.es/elmundo/2013/09/30/cultura/1380552581.html»><strong>canción</strong></a><strong> más escandalosa de la historia</strong>, han tenido una hija, se han amado… </p>

Seguir leyendo

 Empujados por el espejismo de las redes, hoy nos sentimos más cerca de nuestros ídolos que nunca. Pero muchas veces la realidad es muy diferente a la que imaginamos  

Es primavera en la Costa Azul. Cannes, 1974. Él posa con la indolencia de quien lo ha vivido todo. Es ella la que se apoya sobre su hombro. Con la ilusión de los veinte. Los fotógrafos hacen corrillo. Son Serge y Jane. Clic, clic, clic. Gainsbourg y Birkin. Clic, clic, clic. Se conocieron hace seis años en un rodaje. Un día, poco después, cena en el Régine, copas en un night club ruso, noche en el Hilton. Y ya no se separaron. Han grabado la canción más escandalosa de la historia, han tenido una hija, se han amado…

Birkin aún no luce el bolso de Hermès que llevará su nombre, pero ya es envidiada por su estilo. El flequillo del Swinging London, el cesto caótico que cuelga del brazo, la camiseta sencilla sin sujetador. Es una de las primeras it girls. Lo dice una biografía recién publicada: It girl: the life and legacy of Jane Birkin.

Qué diferente es esa fascinación de la verdadera Jane. Cuando leí sus Munkey diaries, intuí a una chica sensible, inmersa en relaciones tóxicas, con un sentimiento perenne de soledad. «En diez años estaré acabada, nadie me querrá. Mis problemas no le interesarán a nadie, ya no estaré de moda».

Tras la primera it girl, hemos seguido envidiando a chicas tristes. Copiábamos a Kate Moss mientras se autodestruía con Pete Doherty, a Sienna Miller mientras sufría por la infidelidad de Jude Law. Hace poco, Keira Knightley confesó en una entrevista que en su época de mayor fama «enloqueció» con el escrutinio. Era la segunda actriz mejor pagada de Hollywood cuando decidió parar. No aceptó guiones durante años.

Hoy, más que nunca, sentimos a esos ídolos que admiramos aún más cerca. En un mundo hiperconectado pero solitario, ha irrumpido lo «parasocial» -esas relaciones unidireccionales en las que uno siente un vínculo especial con un famoso, un personaje de ficción, incluso una IA-. El diccionario de Cambridge la ha elegido palabra del año. Lo que era un concepto académico ha saltado a los reels, las noticias y los fans. Se disparó en búsquedas con el compromiso de Taylor Swift, con la polémica entre un youtuber y una fan…

Empujados por el espejismo de las redes, pensamos que lo sabemos todo sobre ellos, pero no es así. Unos meses después de la foto de Cannes, Birkin escribe en su diario: «He preguntado a Serge: ‘¿Tú me quieres?’; y me ha respondido: ‘Evidentemente, si no ya te habría echado a la calle‘. Después de seis años y de todo lo que hemos pasado juntos, eso es todo lo que soy para él». La próxima vez que admires a una it girl, recuerda a Jane y su soledad. Tras esas fotos brillantes, puede esconderse la chica triste.

 Cultura

Interesante