
A finales de julio del año 711, las tropas del general Táriq ibn Ziyad derrotaron a las del rey don Rodrigo en la conocida como batalla de Guadalete o de las lagunas de La Janda. Comenzó asi la invasión islámica peninsular. Pero en el sudeste de Hispania, se mantenía un foco de resistencia, Tudmir, un área que abarcaba parte de las actuales provincias de Alicante y Murcia y que estaba gobernada por un noble visigodo llamado Teodomiro, que combatía con eficiencia a los invasores. Como el bocado territorial era demasiado grande de asimilar por los árabes, estos llegaron a un acuerdo con el godo. En abril del 713, se firmó el pacto de Teodomiro, por el que se permitía la existencia de una kūra o provincia de Tudmīr ―una entidad política, administrativa y territorial con población hispanorromana― bajo la protección del emirato y posterior califato. Los cristianos podrían seguir profesando su religión a cambio de un impuesto. El estudio La iglesia paleocristiana del Cerro de la Virgen (Calasparra, Murcia). Convivencia y fiscalidad en kūra de Tudmīr, publicado en la revista Salduie, da cuenta ahora del hallazgo de un templo cristiano que mantuvo, en dicho territorio, su actividad religiosa habitual hasta el siglo IX.


En el templo, ubicado en el municipio de Calasparra, se han encontrado monedas, pesos y la tumba de una joven fallecida durante un parto
A finales de julio del año 711, las tropas del general Táriq ibn Ziyad derrotaron a las del rey don Rodrigo en la conocida como batalla de Guadalete o de las lagunas de La Janda. Comenzó asi la invasión islámica peninsular. Pero en el sudeste de Hispania, se mantenía un foco de resistencia, Tudmir, un área que abarcaba parte de las actuales provincias de Alicante y Murcia y que estaba gobernada por un noble visigodo llamado Teodomiro, que combatía con eficiencia a los invasores. Como el bocado territorial era demasiado grande de asimilar por los árabes, estos llegaron a un acuerdo con el godo. En abril del 713, se firmó el pacto de Teodomiro, por el que se permitía la existencia de una kūra o provincia de Tudmīr ―una entidad política, administrativa y territorial con población hispanorromana― bajo la protección del emirato y posterior califato. Los cristianos podrían seguir profesando su religión a cambio de un impuesto. El estudio La iglesia paleocristiana del Cerro de la Virgen (Calasparra, Murcia). Convivencia y fiscalidad en kūra de Tudmīr, publicado en la revista Salduie, da cuenta ahora del hallazgo de un templo cristiano que mantuvo, en dicho territorio, su actividad religiosa habitual hasta el siglo IX.
Las primeras prospecciones arqueológicas realizadas en el cerro de la Virgen, rodeado casi en su totalidad por el curso del río Segura y localizado frente al actual santuario rupestre de Nuestra Señora de la Esperanza, se realizaron en 2021 y tuvieron continuidad con dos campañas de excavación en 2024 y 2025. Así se halló en la parte más elevada del asentamiento, donde se situaba la acrópolis, la iglesia paleocristiana. Era de una sola nave y con la cabecera tripartita en forma de rectángulo. El ábside era semicircular y a ambos laterales contaba con sacristías. La longitud del templo era de 15 metros y 8,70 de anchura máxima.
En el interior de la iglesia, se ha hallado una tumba del siglo VI con los restos de una joven y de un feto. El ADN mitocondrial apunta “a un linaje materno común”, un enterramiento compuesto por madre e hijo.
Los investigadores ―se explica en el estudio firmado por David Martínez Chico de la Universitat de València y Rubén Fernández Tristante―, han descubierto que las paredes de la nave estaban enlucidas con cal y que sus dos únicas columnas sujetaban una arcada frente al altar, si bien solo se ha encontrado in situ una de las basas.

“Esto representa un modelo arquitectónico con notables paralelos en iglesias visigodas como Santa Cristina de Lena [Asturias]”, afirman. “Las sacristías y los ábsides tienen notables paralelos en iglesias parroquiales y episcopales de Siria”.
Arquitectónicamente, el edificio responde a una única fase de edificación, datable en el siglo V, en la que se erigió una nave de planta rectangular articulada internamente en diversos espacios litúrgicos y rematada al este por una cabecera tripartita. A esta fase inicial se sumó, ya entre los siglos VI y VII, la incorporación de pequeñas estancias anexas, sobre todo en el flanco sur. Tanto la nave como los anexos muestran superposiciones de uso correspondientes a los siglos VIII y IX.
Tras su abandono y una vez en estado de ruina o desacralizado el edificio, los expertos han constatado una fase de reocupación residual entre los siglos X y XI, se lee en este informe enmarcado en un proyecto científico de la Universitat de València y del Ayuntamiento de Calasparra. Muchas de estas dataciones han sido respaldadas mediante análisis de carbono 14 financiados por el Banco Santander y la Fundación Palarq.

Tanto en el interior de la iglesia como en sus alrededores se han localizado también monedas de Galieno, Constancio II y Teodosio I, así como un dírham de Abderramán III. Igualmente, se ha desenterrado cerámica de entre los siglos VIII y X, un platillo de balanza y tres ponderales andalusíes de bronce así como una pesa de hierro. Todo apunta a un uso en el siglo IX y a un depósito producido a finales de esa centuria o inicios del X. Uno de los ponderales lleva la leyenda al-ʿadl li-llāh (“la justicia es de Dios”), presentando una epigrafía árabe ilegible en el resto de los pesos.
Los investigadores creen que “el registro cerámico, con presencia de contenedores y cerámica de cocina, no debe entenderse como evidencia de una desacralización del templo o de su conversión en viviendas islámicas. Al contrario, tales materiales deben ser analizados como indicadores de un uso continuado del espacio en prácticas comunitarias que incluían tanto el culto como la gestión de recursos. El estudio tipológico y estratigráfico de la cerámica apunta a una perduración del carácter litúrgico de la iglesia hasta bien entrado el siglo IX”.

La iglesia del Cerro de la Virgen encaja dentro de las poblaciones mozárabes que pervivieron hasta bien entrado el Califato de Córdoba (siglo X). Los investigadores afirman que “la jerarquía eclesiástica fue incapaz de sostener los pactos ventajosos del momento de la conquista, mientras que la creciente centralización y eficacia fiscal y la atracción urbana de Córdoba erosionaron la base productiva de iglesias, monasterios y élites cristianas”.
La población cristiana “fue quedando progresivamente atrapada entre dos dinámicas convergentes: por un lado, la creciente capacidad del Estado andalusí para reordenar el territorio y asegurar la extracción fiscal; por otro, la islamización operó también como una vía de acomodación social y jurídica”, ya que liberaba del pago de impuestos por sus creencias (gizya).
El Califato Omeya consiguió así una islamización plena. El resto de asentamientos cristianos de la kūra de Tudmīr, como Begastri (Cehegín, Murcia) o El Monastil (Elda, Alicante), pudieron haber pervivido hasta el siglo XI, si no antes, pero sus evidencias materiales son muy fragmentarias.Los dos expertos concluyen: “El cerro fue una comunidad cristiana sometida a los impuestos del Estado islámico y obligada a insertarse en los circuitos fiscales y comerciales regionales”.
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