Grietas y boñigas en la Pirámide de los Italianos, el monumento fascista que Vox se empeñó en proteger en Castilla y León

La Pirámide de los Italianos, en el municipio de Valle de Valdebezana, al norte de la provincia de Burgos (Castilla y León).

Alguien ha dejado un mensaje de gran carga política tan solo poniendo boca abajo una señal de “¡Peligro! Desprendimientos”. El rótulo se encuentra en el vallado de la Pirámide de los Italianos, un monumento fascista del norte de Burgos, en el Valle de Valdebezana, que sirvió de mausoleo para cientos de soldados de las tropas que el dictador italiano Benito Mussolini, que también terminó boca abajo, mandó a la Guerra Civil española. La construcción, erigida entre 1938 y 1939, fue catalogada en 2024 como Bien de Interés Cultural (BIC) por parte de la Junta de Castilla y León como exigencia del consejero de Cultura, Gonzalo Santonja, de Vox. Esta protección acarrea unas exigencias de cuidado y apertura al público incumplidas, dejando la desvencijada pirámide expuesta al deterioro y vandalismo. Así, se une a múltiples elementos patrimoniales en riesgo de destrucción con escasa respuesta autonómica.

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Grafiti en uno de los muros de la Pirámide de los Italianos.La Pirámide de los Italianos (Castilla y León) rodeada por una valla metálica.Pegatina de Burgos Nacional sobre la señalización de Propiedad Privada en la Pirámide de los Italianos (Castilla y León).La pirámide con el embalse del río Ebro al fondo. La Junta nombró al conjunto, situado en el Valle de Valdebezana, Bien de Interés Cultural, pero se mantiene desatendido y vallado  

Alguien ha dejado un mensaje de gran carga política tan solo poniendo boca abajo una señal de “¡Peligro! Desprendimientos”. El rótulo se encuentra en el vallado de la Pirámide de los Italianos, un monumento fascista del norte de Burgos, en el Valle de Valdebezana, que sirvió de mausoleo para cientos de soldados de las tropas que el dictador italiano Benito Mussolini, que también terminó boca abajo, mandó a la Guerra Civil española. La construcción, erigida entre 1938 y 1939, fue catalogada en 2024 como Bien de Interés Cultural (BIC) por parte de la Junta de Castilla y León como exigencia del consejero de Cultura, Gonzalo Santonja, de Vox. Esta protección acarrea unas exigencias de cuidado y apertura al público incumplidas, dejando la desvencijada pirámide expuesta al deterioro y vandalismo. Así, se une a múltiples elementos patrimoniales en riesgo de destrucción con escasa respuesta autonómica.

El viento hace tambalear una valla metálica anclada sobre el hormigón de la base de la pirámide —pese a que los BIC deben respetarse en conjunto—, cuyo chirrido parece un lamento por su escasa eficiencia: las pintadas de aspecto reciente revelan que la protección apenas sirve. Cierta agilidad basta para saltar la barrera y, pintura en mano, plasmar las proclamas. Hay de todo: dibujos del yugo y las flechas falangistas, símbolos anarquistas, ultraderechistas cruces celtas, mensajes como “Fuera fascistas asesinos” o “Fatxa muerto, fatxa bueno”. Incluso un “Lola y Mónica, te kiero mucho” con un corazón. Hay que escudriñar más para leer restos del mensaje: “Scutum Ense Fractum Ibi Confregit Potentias Arcuum Scutum Gladium Et Bellum [sic]”. Un salmo que significa: “La espada rompió el escudo, y allí rompió a la vez los poderes de los arcos, el escudo, la espada y la guerra”.

Dentro y fuera del monumento hay abundante simbología fascista, como una M de Mussolini o cruces abiertas por donde entra la luz e ilumina un “presente, presente, presente”. Los soldados enterrados permanecieron allí hasta 1971, cuando el Gobierno italiano los trasladó, algunos de vuelta a Italia y otros a la torre-osario de San Antonio en Zaragoza. Lo hicieron porque, pocas semanas antes, el autobús donde viajaba un grupo de excombatientes y familiares italianos que habían visitado el monumento sufrió un grave accidente en el que murieron 11 personas.

Ahora hay un sinfín de excrementos de vaca, que pastan alrededor, y más carteles indicando el riesgo de desprendimientos —evidente por las desconchadas placas de hormigón que componen la pirámide— y una simple puerta cerrada, tras la cual se encuentran los nichos vacíos.

Una especie de quitamiedos de carretera trata de impedir el acceso a la parcela, aunque con ponerse de perfil basta para entrar tras revisar un sinfín de pegatinas como “Burgos nacional”, con simbología nazi, o lemas como “Muerte al fascismo”. En un martes lluvioso y frío no hay visitas durante la estancia de los periodistas, pero la historiadora burgalesa Carlota Martínez apunta que la afluencia ha aumentado en los últimos años y que suele haber gente. “Iker Jiménez hizo un programa y los coleccionistas han saqueado y se han llevado trozos de lápidas. Mucha gente subía por las escaleras de la pirámide para hacerse fotos y las lascas se han desprendido”, explica la experta, que asegura que hasta hace pocos años apenas había público y que más que el vandalismo “son el viento y la humedad”, junto a la desatención, los causantes del deterioro.

El portal Hispania Nostra, especializado en micromecenazgos para patrimonio en riesgo, computa que 541 elementos —no todos BIC— en Castilla y León están amenazados o destruidos. Es la comunidad con más problemas y donde se han vivido recientes destrozos, como el derrumbe en la iglesia mudéjar de Muriel de Zapardiel (Valladolid) o el desprendimiento de un muro de la iglesia románica de San Andrés (Ávila), parte de un conjunto Patrimonio de la Humanidad.

La historiadora especializada en la Guerra Civil en Burgos recuerda que los cuidados y la gestión de la pirámide recayeron en el colectivo reaccionario Asociación para la Reconciliación y la Verdad Histórica a razón de 500 euros anuales. La agrupación, que reniega de las leyes de Memoria Histórica, pactó la cesión del mausoleo por parte de la Hermandad de la Rivera de Herbosa, propietaria del terreno. Esa agrupación ha creado la Asociación Pirámide de los Italianos, desde donde pide donaciones para llegar a 100.000 euros para salvar “un monumento histórico que se está desmoronando por el silencio y el abandono oficial”, aunque de ellos depende su mantenimiento. Ninguna de las dos asociaciones ha respondido a EL PAÍS. Martínez reconoce que no duda “que quieran protegerlo, aunque queda poco por proteger”, y afea que con tanto terreno disponible hayan taladrado el BIC para instalar las vallas: “No te cargues lo que quieres proteger”.

Las apariciones en prensa están atrayendo a más interesados aunque la asociación, expone la historiadora, no cumple con la ley, pues se debe facilitar una visita gratuita al menos cuatro días al mes y con cuatro horas por jornada, cosa que no ocurre. Portavoces de Patrimonio de la Junta responden con brevedad: “Tiene la misma protección que cualquier otro BIC, como recoge la Ley de Patrimonio”. Eso, dice Martínez, “es un vacío legal”. Y ejemplifica: “En Castilla y León hay muchas iglesias, por ejemplo, que nunca se abren”. Propone que se ponga “un panel explicando que el mausoleo es uno de los puntos más importantes de las batallas de Castilla y León”, y dice que ha “pedido hacer una aplicación porque es una zona interesante de trincheras y puede ser zona turística, como Normandía, yendo más allá de la pirámide”.

La carretera transita junto al pantano y atraviesa varios pueblos con sus correspondientes bares. Rocío Fernández, de 46 años, indica que “viene mogollón de gente, sobre todo en verano, con coches o caravanas”. Mientras Conchi González, de 49, agrega que “en los últimos años está hecho un asco: dijeron que iban a restaurarlo, aunque la gente de aquí no va y nunca le hemos dado importancia”.

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