<p>Ya no queda ninguna duda. <strong>Benito Antonio Martínez Ocasio</strong> ha hecho su actuación estelar e histórica en el espectáculo del medio tiempo del <i>Súper Tazón</i> este domingo. Tenía 14 minutos para deslumbrar al mundo y no desperdició ni uno. Desde esas letras que abrían el inicio del espectáculo (todas en español, incluida la traducción de la <i>Super Bowl</i>) hasta el mensaje que apareció en inglés para que todo el mundo pudiera entenderlo: «Lo único más poderoso que el odio es el amor».</p>
Con razón Trump se puso como se puso. Bad Bunny enseñó al mundo en 14 minutos el orgullo de ser latino y de ser puertorriqueño
Ya no queda ninguna duda. Benito Antonio Martínez Ocasio ha hecho su actuación estelar e histórica en el espectáculo del medio tiempo del SúperTazón este domingo. Tenía 14 minutos para deslumbrar al mundo y no desperdició ni uno. Desde esas letras que abrían el inicio del espectáculo (todas en español, incluida la traducción de la SuperBowl) hasta el mensaje que apareció en inglés para que todo el mundo pudiera entenderlo: «Lo único más poderoso que el odio es el amor».
Benito llevó Puerto Rico al centro del corazón estadounidense y nos contó la historia de su vida y la de sus padres (no hay nada más político que lo personal), a través de una pareja que iba pasando por distintas etapas. Esa pareja que se pide matrimonio, que se casa, que se mudan a su Casita en Puerto Rico y que tienen un hijo que un día recibirá un Grammy.
Reivindicó La gasolina, de Daddy Yankee, la canción de la que se había apropiado Trump hace unas semanas para promocionar la bajada de la gasolina después del arresto de Maduro. Hizo un Baile inolvidable con la reina Lady Gaga. Cantó Yo perreo sola, mientras varias mujeres bailaban solas en el escenario. Enseñó el apagón y los cortes de luz de los tendidos eléctricos. Puso a Ricky Martín cantando Lo que le pasó a Hawaii, con ese verso estrella contra la gentrificación que dice «Quieren quitarme el río y también la playa, quieren al barrio mío y que abuelita se vaya». Y acabó acompañado de todas las banderas de los países que conforman América y miró a la cámara para decir: God Bless America.
Con razón Trump se puso como se puso. Bad Bunny enseñó al mundo en 14 minutos el orgullo de ser latino y de ser puertorriqueño. Y lo hizo con la mayor de las alegrías, que es posiblemente lo que más puede molestar, cuando la reivindicación es alegre y es una fiesta.
A Trump le parecen repugnantes los bailes de Bad Bunny, pero no le parecen repugnantes todas sus fotos con el criminal sexual Epstein ni las 4.500 veces que sale en sus documentos. Tampoco le parecen repugnantes los asesinatos a civiles inocentes a cargo de su policía paramilitar ni los arrestos a niños. No le parece repugnante Alligator Alcatraz, el centro de detención migratoria, que ha rodeado de cocodrilos para que nadie escape.
Ha dicho Trump que la actuación de Bad Bunny la alabarán los críticos que «no tienen ni idea de lo que está sucediendo en el mundo real». Pero no es verdad, la alabamos los que creemos que el mundo todavía puede ser un lugar alegre, hecho para todos y no solo para unos pocos.
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