<p>Para <strong>Julia González Cabrera </strong>(Málaga, 2003), <strong>la etiqueta de «rapera famosa» suena anómala, casi ajena</strong>. Pese a que sus éxitos recientes hacen que esta descripción se le ajuste a la perfección, ella sigue viéndose como la joven de 14 años que empezó a hacer su propia música en el barrio de Huelin. Sus seguidores la conocen como <strong>Faenna</strong>, aunque en lo esencial poco ha cambiado: todavía vive cerca de su familia y amigos, aunque ahora tenga 22 años y sus viajes a Madrid se hayan vuelto más frecuentes, especialmente desde el lanzamiento de su nuevo álbum,<i> Hasta mañanita si Dios quiere</i>.</p>
La cantante malagueña estrena su nuevo disco ‘Hasta mañanita si Dios quiere’, y comienza su gira por España
Para Julia González Cabrera (Málaga, 2003), la etiqueta de «rapera famosa» suena anómala, casi ajena. Pese a que sus éxitos recientes hacen que esta descripción se le ajuste a la perfección, ella sigue viéndose como la joven de 14 años que empezó a hacer su propia música en el barrio de Huelin. Sus seguidores la conocen como Faenna, aunque en lo esencial poco ha cambiado: todavía vive cerca de su familia y amigos, aunque ahora tenga 22 años y sus viajes a Madrid se hayan vuelto más frecuentes, especialmente desde el lanzamiento de su nuevo álbum, Hasta mañanita si Dios quiere.
Estos días la artista se encuentra alojada en la capital española, haciendo malabares entre el estudio de grabación y las reuniones que confirman que el suyo ya es un nombre que resuena en el panorama musical emergente. Aún así, consigue despejar un hueco de su agenda para conversar en una cafetería, lejos del bullicio de la ciudad. Allí es donde, sin apenas llamar la atención del resto de comensales, reflexiona sobre su disco y la gira que está llevando a distintas ciudades de España durante estos primeros meses del año. «Ha sido intenso y ha sido un reto porque me he salido de los ritmos a los que estaba acostumbrada. Ha sido mucho curro», confiesa, con ese acento tan característico del sur, sobre el proceso de creación del proyecto.
Hasta mañanita si Dios quiere salió hace apenas unas semanas, aunque el despertar creativo de Faenna se remonta a 2024. El título del álbum, explica, nace de un recuerdo familiar: «Se llama así porque es la típica frase que me decía mi abuela y siento que tiene mucho significado». A partir de esa evocación cotidiana, el disco se articula como un recorrido por los pensamientos y emociones que confluyen en su mente. «Es un álbum sobre las distintas conclusiones que saco a lo largo del día», dice. Y no son pocas, pues la obra en sí está formada por 19 canciones distintas, todas con algo en común: transmitir identidad y autenticidad. «Básicamente, por eso hago música, la verdad. Creo que algo que defiendo en casi todos los temas es llevar la verdad por delante, mantenerme puro. Eso es muy importante y muy hippie a día de hoy», señala.
Cuando empezó a trabajar en el nuevo disco, Faenna no tenía claro cuál sería el eje central del proyecto, aunque si algo sabía era que necesitaría espacio para crearlo. En la generación de la efimeridad musical, Julia se resistía a dejar ideas sin escribir. El resultado es una rebelión contra la fugacidad y la temporalidad. «Yo me he criado escuchando álbumes largos y siento que es importante. Por eso mismo, porque me atrevía, yo quería hacer un álbum largo», recuerda. Hasta mañanita si Dios quiere deja de ser una idea abstracta para convertirse en un reto técnico y vocal que combina el rap con otros géneros, como el flamenco o el R&B, mientras utiliza lo cotidiano para inspirarse y se rodea de colaboradores como Tensei One, Lost Twin y hasta $kyhook.
La artista debuta en solitario en su carrera musical, una que se conformó oficialmente en 2022 con su primer tema, Papel y Mechero. Su evolución es palpable desde entonces: «He cambiado mucho. Y no hablo solo de mi forma de ver la música. Obviamente, mi vida ha cambiado y no hablo de las mismas cosas, pero, sobre todo… ahora sí me lo tomo en serio. Antes era un hobby y ahora lo veo también como una salida». Lo que sí se mantiene estable es su inspiración: «Contar mi vivencia y llevar mi verdad por delante». Eso, y su absoluta pasión por la música: «El día que la aborrezca dejaré de hacerla. Meterme en el estudio, crear…Todo eso me encanta», sentencia.
Conectar los auriculares y repasar los 58 minutos que dura el álbum se convierte en una experiencia inmersiva en la que el oyente viaja por un sinfín de pensamientos que, aunque aparentemente caóticos, construyen un relato coherente y han de ser escuchados en un orden específico para descubrir todas las aristas que hacen de Julia su personaje artístico. De sus letras se desprende lo que le motiva a seguir pero también sus inseguridades, lo que le pesa y lo que aborrece de la industria musical, de forma que volcar sus reflexiones en una libreta llega a ser un desahogo. Fue lo que le sucedió al componer Tengo que hacer algo, el tercer tema del disco y el más sincero.
Me parece muy bonito que haya gente a la que le haya llegado mi mensaje o que me digan que les he arreglado el año
«Tengo que traer dinero a casa, saldar las multas; tengo que hacer las tareas, limpiar, fregar, tender, hacer la compra; tengo que ser creativa, ir al estudio, escribir y acabar la obra…», recitan los versos del single. Faenna también menciona en el tema su relación ambivalente con las redes sociales, que para ella no son más que una inconveniencia: «Soy consciente de que es lo que me toca y es parte de mi trabajo, pero si por mí fuera ni las tendría«, explica resignada. La crítica no se detiene ahí. La rapera también dirige su mirada al negocio musical y su parte más oscura. «Hay un montón de discográficas que se te acercan e intentan colártela, y te encuentras un montón de interesados, de gente falsa, de caretas y poses…Lo llevo regular también y lo critico siempre en mis canciones porque es algo que me afecta».
Su carrera musical no ha surgido de la noche a la mañana, sino que ha sido más gradual. Ella misma asegura que sigue aprendiendo durante las nuevas etapas del camino, aunque ahora las oportunidades sean mayores y haya podido experimentar de primera mano el efecto de la fama. Su música ya es un producto con una demanda incalculable y miles de fans ya han pagado por verla brillar sobre los escenarios en esta nueva gira. La primera ciudad fue Sevilla y a Madrid llegará en unas pocas semanas -el 20 de marzo-, aunque lo que más le apetece es «el final épico» de Málaga. «Ahora mismo siento que lo que me toca es girar, hacer el show y darlo todo. Después, quiero sentarme y meditar qué significa haber hecho un disco tan largo; quiero experimentar y conocerme a mí misma».
Faenna, mientras tanto, espera seguir componiendo rap por amor y disfrutando con sus seguidores: «Me parece súper bonito que haya gente a la que le haya llegado tanto mi mensaje o que me digan que les he arreglado el año. No sé, es muy reconfortante». Y es que, a pesar de los casi 100.000 seguidores en redes y de sus continuos éxitos profesionales, Julia insiste en verse de una forma más sencilla. En el fondo, nada ha cambiado y ella sigue siendo aquella «chavala normal a la que le gusta la música, vive por ella y quiere seguir haciéndolo».
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