Con la mayor parte de su gira europea cancelada y en plena controversia, Kanye West aterriza finalmente en España. El rapero estadounidense, actualmente conocido como Ye, actuará esta noche en el estadio Riyadh Air Metropolitano de Madrid, una de las pocas citas que han logrado mantenerse en pie tras la cadena de polémicas que ha protagonizado en los últimos años. En entrevistas y redes sociales el artista ha ensalzado el nazismo: ha elogiado en varias ocasiones a Adolf Hitler —llegó a titular una canción Heil Hitler— y ha diseñado camisetas con esvásticas. También calificó como una “estafa” el movimiento antirracista Black Lives Matter. Estas controversias le han costado en los últimos meses conciertos en países como Reino Unido, Francia, Polonia, Suiza e Italia.
El rapero estadounidense actúa ante 65.000 espectadores, según la organización, en una de las pocas citas que han superado el veto en Europa
Con la mayor parte de su gira europea cancelada y en plena controversia, Kanye West aterriza finalmente en España. El rapero estadounidense, actualmente conocido como Ye, actuará esta noche en el estadio Riyadh Air Metropolitano de Madrid, una de las pocas citas que han logrado mantenerse en pie tras la cadena de polémicas que ha protagonizado en los últimos años. En entrevistas y redes sociales el artista ha ensalzado el nazismo: ha elogiado en varias ocasiones a Adolf Hitler —llegó a titular una canción Heil Hitler— y ha diseñado camisetas con esvásticas. También calificó como una “estafa” el movimiento antirracista Black Lives Matter. Estas controversias le han costado en los últimos meses conciertos en países como Reino Unido, Francia, Polonia, Suiza e Italia.
Varios colectivos han intentado que España se sumara a esa lista de vetos. Especialmente, tras los primeros anuncios de cancelaciones en Europa el pasado abril, la Federación de Comunidades Judías envió una carta al ministro de Cultura, Ernest Urtasun, en la que solicitaba una reflexión institucional y la cancelación del evento. Ayer, esta misma organización volvió a expresar en un comunicado su “profunda preocupación y rechazo” ante la celebración del concierto. “Hemos escrito al Ministerio, a la Comunidad de Madrid y al Ayuntamiento y nos han dicho que no podían hacer nada al tratarse de un evento privado”, señaló una portavoz de la organización a EL PAÍS, recordando las decisiones adoptadas por otras democracias europeas, que “han entendido el peligro de los personajes que utilizan su notoriedad para lanzar proclamas peligrosas”. Y añadió: “España no debe ser una excepción ni un refugio para quienes han contribuido a difundir mensajes que alimentan el antisemitismo”.
El Ministerio de Cultura reiteró también ayer a este periódico la postura que mantiene desde hace meses: Urtasun calificó en su momento de “repugnantes” las declaraciones del artista, aunque subrayó que no corresponde a su departamento prohibir su actuación. El panorama sería distinto si esas declaraciones se hubieran producido en España, donde podrían constituir un delito de odio, según el Código Penal, pero la legislación no contempla la censura previa por palabras dichas fuera del territorio.

West solo ha actuado una vez en el país, hace dos décadas, en la sala Razzmatazz de Barcelona, ante unos 2.000 asistentes. Ahora, el rapero —también conocido como Ye— se presentará ante unas 65.000 personas, según cuentan fuentes de Roller Group, una de las tres promotoras del evento. Se espera que entre ellos haya muchos rebotados de las cancelaciones en otros países europeos. Este jueves aún quedaban en torno a un millar de entradas a la venta, con precios entre 200 y 300 euros.
El estadio Metropolitano acogerá un “montaje enorme que se ha comido todo el espacio abajo y se ha tenido que mover gente a la grada”, explican desde la promotora. Es decir, no hay localidades en pista. A cambio, el espectáculo adoptará uno de los formatos más grandes de la gira. Según la promotora, esto depende de cada recinto. En Estambul (Turquía), Arnhem (Países Bajos), Tiflis (Georgia) y Tirana (Albania), últimas ciudades donde ha actuado, el despliegue fue diferente.
Lo que el propio Kanye West (Atlanta, 49 años) había planteado como su gran regreso en 2026 —con el lanzamiento de su nuevo disco, Bully, y una gira internacional— ha quedado marcado por la polémica. El rapero ha intentado pedir disculpas varias veces. La más reciente fue una publicación en X el pasado abril, en la que apelaba a la reconciliación: “Sé que lleva tiempo comprender la sinceridad de mi compromiso de enmendar mis errores”, escribió de cara a varias presentaciones europeas que terminaron canceladas. “Asumo toda la responsabilidad por lo que me corresponde, pero no quiero meter a mis fans en medio de todo esto. Mis fans lo son todo para mí”.
En ese mismo texto, West asegura estar “deseando que lleguen los próximos conciertos”. Los previstos —por ahora— después de la cita madrileña son: el 7 de agosto en Almancil (Portugal), el 14 en Almati (Kazajistán) y el 28 en Nueva Orleans (Estados Unidos); el 3 y 4 de septiembre en Chicago y el 24 de octubre en Yakarta (Indonesia). “Nos vemos en lo más alto del mundo”, añadió, en una frase que remite también al elemento más llamativo del espectáculo Ye Live, una enorme esfera (de casi 30 metros de diámetro) que simula la Tierra, elevada en el centro del recinto y convertida en pantalla con proyecciones y efectos de luz.
Otro intento de enmienda fue la carta que publicó en enero bajo el título To those I’ve hurt (A aquellos a quienes he hecho daño). El anuncio, a página completa en The Wall Street Journal, incluía una petición de disculpas en la que el artista atribuía parte de su comportamiento a su diagnóstico de trastorno bipolar tipo 1, que, según explicaba, le provocó “un episodio maniaco de cuatro meses de duración con comportamiento psicótico, paranoico e impulsivo”. “Eso destruyó mi vida”, añadió. “Perdí el contacto con la realidad”.

West, exmarido de la empresaria Kim Kardashian, con quien tuvo cuatro hijos durante siete años de matrimonio, no detalló en ese texto a quiénes se dirigían sus disculpas. Más allá de la controversia, sigue siendo una de las figuras más influyentes del hip hop contemporáneo. Ganador de 24 premios Grammy, es el artista del género con más estatuillas en la historia de estos galardones, solo superado por muy poco por Jay-Z. Consolidó su éxito mundial con discos como Late Registration (2005), Graduation (2007) y, especialmente, My Beautiful Dark Twisted Fantasy (2010), y ha firmado algunos de los mayores éxitos de la industria, como Stronger, Gold Digger o Runaway.
Elogios al nazismo, esvásticas y racismo
Esta rutilante trayectoria se ha visto ensombrecida por las polémicas. En 2022, Kanye West y varios modelos lucieron camisetas con el lema “White Lives Matter” —consigna asociada a sectores supremacistas blancos y en oposición al movimiento Black Lives Matter, surgido tras el asesinato de George Floyd— durante una presentación en París de su marca Yeezy.
Además, Twitter (que entonces no era X ni propiedad de Elon Musk) canceló su cuenta por incitación al odio tras publicaciones que incluían una esvástica superpuesta a la estrella de David. Estas acciones le costaron, semanas después, la cancelación de su lucrativo acuerdo con la firma alemana Adidas. La ruptura supuso un fuerte impacto económico para el rapero, que dejó de figurar entre los milmillonarios.
Entre las controversias de West destacan, sobre todo, sus reiterados elogios al nazismo y a Adolf Hitler, expresados en entrevistas y redes sociales. En 2025, el ministro de Asuntos Internos e Inmigración de Australia, Tony Burke, reveló que su oficina canceló la visa de West tras la publicación del tema Heil Hitler. Antes, ese mismo año, el artista encadenó durante horas una serie de mensajes en sus redes sociales que incluyeron comentarios sobre su entonces esposa, Bianca Censori —“Domino a mi mujer”—, y arengas antisemitas como “Amo a Hitler” o “Soy nazi”.

También en 2025, a través de su cuenta de X, el cantante anunció —como “su última pieza de arte performativo”— unas camisetas con una esvástica en el centro. En su página web, el resto de las prendas de la marca Yeezy desaparecieron, y esas camisetas pasaron a ser el único artículo a la venta, catalogado bajo la referencia HH-01 (asociada al saludo Heil Hitler).
El veto en Europa
El pasado abril, el Gobierno del Reino Unido impidió a West la entrada al país para encabezar un festival. En Francia, el propio rapero se adelantó y suspendió el recital después de que el ministro del Interior, Laurent Nuñez, asegurara que estaba buscando “medidas legales para que no se celebrase”. En Suiza, el recinto —propiedad del club de fútbol Basel— dio marcha atrás y comunicó: “De acuerdo con nuestros valores, no podemos ofrecer una plataforma al artista en este contexto”. Polonia también tomó la iniciativa tras una recomendación de la ministra de Cultura, Marta Cienkowska, que señaló: “En un país marcado por la historia del Holocausto no podemos fingir que esto es solo entretenimiento”. Italia ha sido el último de los países europeos en anular los conciertos del estadounidense, alegando motivos de seguridad, orden público y controversias políticas.

Pero no todas las fechas en Europa se han cancelado. El rapero ofreció en Estambul (Turquía), el pasado 30 de mayo, su primer concierto en el continente en más de una década, ante más de 100.000 seguidores. El propio artista llegó a definir la cita como “el mayor concierto en un estadio de la historia”. Los días 6 y 8 de junio, West actuó en Arnhem (Países Bajos), después de que las autoridades locales concedieran los permisos necesarios para ambos conciertos, pese a la oposición política y de organizaciones judías por su historial de declaraciones “reprobables” de tono antisemita.
El 12 de junio, el artista continuó su gira en Tiflis (Georgia), donde ofreció un concierto con todas las entradas agotadas (70.000 asistentes), dentro de Starring Georgia, una iniciativa impulsada por el Gobierno para atraer turismo y proyectar la imagen del país a través de grandes eventos internacionales. En la parada en Tirana (Albania), el 11 de julio, el Gobierno albanés destinó cuatro millones de euros de fondos de emergencia para evitar la cancelación del concierto, una decisión que generó críticas por el uso de dinero público en favor de un artista marcado por la controversia. El espectáculo se celebró en un recinto temporal construido específicamente para la ocasión, con capacidad para unas 60.000 personas, aunque solo se vendieron alrededor de 25.000 entradas, en su mayoría a público extranjero.
Para cubrir la diferencia y garantizar la celebración del evento, el Ejecutivo adquirió un lote de localidades. El primer ministro socialista, Edi Rama, defendió la medida como una inversión y no como un gasto, al considerar que permitiría proyectar la imagen del país y atraer ingresos al sector turístico. “Algunos siguen hablando de un gasto de cuatro millones de euros para una sola noche, pero solo alguien que se niega a entender no ve que esos cuatro millones son una inversión que se recuperará”, afirmó en un mensaje en las redes sociales, aludiendo al impacto en hoteles, restaurantes y otros servicios en los días previos al evento.
Feed MRSS-S Noticias
