El Greco, bajo el microscopio de la IA: cuatro siglos después, una investigación reabre el misterio de su última obra maestra

Dicen que llegó como extranjero y se quedó como leyenda. En Venecia y Roma ensayó sus primeros trazos, pero fue en Toledo donde su pincel encontró, por fin, la libertad de un lienzo abierto. Doménikos Theotokópoulos se asentó en 1577 en la ciudad custodiada por el Tajo para convertirse, simplemente, en El Greco. Casi 450 años después, su rastro sigue vivo entre los muros donde firmó una de las obras que hoy vuelve a despertar la curiosidad, abrir el debate y plantear preguntas.

 Un sistema de aprendizaje automático cuestiona la participación del taller y de su hijo en uno de sus lienzos más enigmáticos. El análisis sugiere que las variaciones técnicas responderían al deterioro físico del artista  

Dicen que llegó como extranjero y se quedó como leyenda. En Venecia y Roma ensayó sus primeros trazos, pero fue en Toledo donde su pincel encontró, por fin, la libertad de un lienzo abierto. Doménikos Theotokópoulos se asentó en 1577 en la ciudad custodiada por el Tajo para convertirse, simplemente, en El Greco. Casi 450 años después, su rastro sigue vivo entre los muros donde firmó una de las obras que hoy vuelve a despertar la curiosidad, abrir el debate y plantear preguntas.

En 1608, Pedro Salazar de Mendoza, amigo y mecenas de El Greco, encomendó al pintor el corazón de la capilla del Hospital de Tavera, dedicada a San Juan Bautista. Aquel proyecto no solo confirmó el dominio del cretense, sino que legó una pieza que, siglos más tarde, sigue rodeada de misterio: ¿quién terminó realmente El Bautismo de Cristo?

Una incógnita que tampoco escapa a la inteligencia artificial. El artículo PATCH: A deep learning method to assess heterogeneity of artistic practice in historical paintings cuestiona que Jorge Manuel, hijo del artista, culminara la obra, en una época en la que los talleres operaban como espacios de creación colectiva: la autoría se diluía entre aprendices y oficiales, mientras el prestigio quedaba reservado al maestro.

Sin embargo, la investigación publicada en la revista Science Advances sugiere que las variaciones técnicas detectadas en un primer momento no responden necesariamente a la intervención de distintas manos, sino a cambios en la precisión motora del pintor. El análisis de sus autorretratos, respaldado por documentos históricos, a punta a que El Greco sobrevivió a dos accidentes cerebrovasculares. Las visibles secuelas, tanto en su rostro como en su destreza física, habrían condicionado su evolución artística hacia el final de su vida.

«Es muy complejo saber si fue El Greco quien concluyó la obra o si fue su hijo. Algunos autores sostienen que en 1608 sufrió un derrame que le impidió desarrollar su actividad con la misma intensidad. En cualquier caso, sí podemos afirmar que los dibujantes del taller tenían cada vez más participación. Había trabajos especializados que eran realizados por oficiales y aprendices, pero no hay manera de saber cuáles eran las tareas específicas que realizaba cada uno», explica José María Riello, profesor de Historia y teoría del arte en la Universidad Autónoma de Madrid.

El protagonista del estudio es PATCH (Pairwise Assignment Training for Classifying Heterogeneity), un sistema de aprendizaje automático que analiza la pintura a escala microscópica. Para lograrlo, utiliza perfilometría óptica, una técnica de metrología 3D que emplea luz para escanear la superficie de la obra y extraer datos precisos sobre su relieve, rugosidad y espesor.

«Es muy pronto para que esta tecnología pueda discriminar entre la mano del maestro y la de sus colaboradores. No obstante, se perfila como una herramienta prometedora y rigurosa, más eficaz como complemento del análisis de los historiadores, especialmente para aquello que el ojo humano no alcanza a percibir y que puede ayudar a formular nuevas preguntas», agrega Riello.

La interrogante sigue abierta, pues el inventario de bienes de 1614, tras la muerte de Doménikos Theotokópoulos, indicaba que los cuadros de la capilla y los dos lienzos destinados a los remates de los retablos aún se encontraban en proceso: «Incluso, la obra no se entrega hasta más tarde por cuestiones legales», señala el profesor de la UAM, una afirmación que se respalda en los archivos: en 1622 surgió un pleito entre el hospital y el taller, que ya había recibido más de 8.600 ducados, cuando el encargo estaba valorado en 7.000.

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