El derecho de una mujer a ser un monstruo: lo que Netflix ha hecho con Cathy en ‘Al este del Edén’

“Creo que hay monstruos nacidos en el mundo de padres humanos”, escribió John Steinbeck en su novela Al este del Edén (1952), una saga familiar plagada de referencias bíblicas y debates morales. Todo en su adaptación al formato miniserie, realizada por Zoe Kazan y emitida en la plataforma Netflix, funciona como un reloj: es mayoritariamente fiel a la historia original y reúne grandes valores de producción, un implacable sentido narrativo y un reparto lleno de actores carismáticos. Solo hay en ella algo que ha chirriado a parte de la crítica, y es el personaje que interpreta Florence Pugh (también productora ejecutiva), el “monstruo” llamado Cathy Ames. En el libro de Steinbeck, Cathy se presenta desde su infancia como una encarnación del mal, y no necesita motivaciones que expliquen sus despiadados actos. En cambio, la serie le inventa una coartada en forma de trauma infantil para justificarlos. Un cambio sustancial en el personaje y en la propia arquitectura conceptual de la historia que no a todo el mundo le ha parecido una buena idea.

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 La versión en serie del clásico de John Steinbeck introduce una novedad: la gran villana clásica de la historia es, ahora, una mujer victimizada. Escritoras y espectadoras señalan que no era necesario  

“Creo que hay monstruos nacidos en el mundo de padres humanos”, escribió John Steinbeck en su novela Al este del Edén (1952), una saga familiar plagada de referencias bíblicas y debates morales. Todo en su adaptación al formato miniserie, realizada por Zoe Kazan y emitida en la plataforma Netflix, funciona como un reloj: es mayoritariamente fiel a la historia original y reúne grandes valores de producción, un implacable sentido narrativo y un reparto lleno de actores carismáticos. Solo hay en ella algo que ha chirriado a parte de la crítica, y es el personaje que interpreta Florence Pugh (también productora ejecutiva), el “monstruo” llamado Cathy Ames. En el libro de Steinbeck, Cathy se presenta desde su infancia como una encarnación del mal, y no necesita motivaciones que expliquen sus despiadados actos. En cambio, la serie le inventa una coartada en forma de trauma infantil para justificarlos. Un cambio sustancial en el personaje y en la propia arquitectura conceptual de la historia que no a todo el mundo le ha parecido una buena idea.

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