El arte de dominar los celos de Maggie Gyllenhaal o cómo dirigir a tu marido en las escenas de sexo

Maggie Gyllenhaal acaba de conceder a Lulu Garcia-Navarro una entrevista en la que habla de lo complicado que fue para ella dirigir a su marido, Peter Sarsgaard, en las escenas sexuales de la película La hija oscura. Confiesa que casi no le da el papel porque pensó que tener que enfrentarse a los celos en su primera película como directora era demasiado. Aunque barajó a otros actores, finalmente se convenció de que el papel era para su marido. “Tuve que ver a Jessie [Buckley] con mi marido desde un lugar muy emocionalmente desconectado. Les iba proponiendo que probaran cosas, y no solo en el sexo, sino en el cortejo. Les veía crear el amor como actores. Cuando tenía un segundo para parar, confieso que era algo difícil, pero teníamos que continuar”, explica.

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 La directora y actriz dirige ‘La hija oscura’, una película en la que Peter Sarsgaard, su marido en la vida real, tiene varias escenas eróticas. Gyllenhaal ha hablado de lo complicado que fue para ella  

Maggie Gyllenhaal acaba de conceder a Lulu Garcia-Navarro una entrevista en la que habla de lo complicado que fue para ella dirigir a su marido, Peter Sarsgaard, en las escenas sexuales de la película La hija oscura. Confiesa que casi no le da el papel porque pensó que tener que enfrentarse a los celos en su primera película como directora era demasiado. Aunque barajó a otros actores, finalmente se convenció de que el papel era para su marido. “Tuve que ver a Jessie [Buckley] con mi marido desde un lugar muy emocionalmente desconectado. Les iba proponiendo que probaran cosas, y no solo en el sexo, sino en el cortejo. Les veía crear el amor como actores. Cuando tenía un segundo para parar, confieso que era algo difícil, pero teníamos que continuar”, explica.

“Los celos son humanos. Otra cosa es qué haces con ellos”, dice la directora de cine adulto Erika Lust. Comenta que en un set, incluso en las escenas de sexo, en realidad nada es espontáneo. “No es intimidad privada, sino lenguaje cinematográfico. Y cuando realmente entiendes eso, algo cambia: ya no estás viendo a tu pareja con otra persona, estás viendo una escena que se construye plano a plano. Aun así… claro que puede ser desafiante”, asegura. “Para mí hay dos claves: hablarlo todo y confiar. Y cuando digo hablarlo todo, es todo: qué va a pasar, qué incomoda, qué excita, dónde están los límites. Porque el misterio puede ser sexy en la ficción, pero en la vida real suele generar inseguridad. Y luego está la confianza. No solo en la pareja, sino en el proceso. Entender que no hay traición en una escena, sino representación”, explica a S Moda.

Valérie Tasso, escritora, sexóloga y embajadora de LELO, señala que es un error pensar que la profesionalidad debería inmunizarnos frente a ciertas emociones. “Ser profesional no implica dejar de sentir, sino saber gestionar lo que sentimos sin que interfiera de forma disfuncional. Los celos, en este contexto, son una reacción comprensible porque activan varios ejes sensibles: el cuerpo del otro, la mirada externa, la exposición pública y la idea —a veces fantaseada— de sustitución o comparación”, asegura. “En un entorno profesional como el audiovisual, además, hay un elemento adicional: la disociación funcional. El intérprete no está ‘siendo’, está ‘representando’. Y eso cambia radicalmente la naturaleza de la experiencia. Sin embargo, el cuerpo del espectador —y más aún el de la pareja— puede reaccionar como si fuera real. Por eso, lo más saludable no es negar los celos ni dramatizarlos, sino integrarlos”, explica.

Maggie Gyllenhaal no es la única

Separar entre realidad y ficción no siempre es una tarea fácil y algunas figuras consagradas sin nada que perder pueden incluso renunciar por contrato a enfrentarse a escenas de sexo o incluso solo a besos. George Clooney, por ejemplo. explicó a Richard Eden, de Daily Mail, cómo planeaba afrontar su carrera cinematográfica a partir de ahora. “He estado tratando de seguir el camino que tomó Paul Newman y ya no voy a besar a ninguna mujer”, dijo el actor. Lo cierto es que lo habitual es que los actores tengan ciertas reglas con sus parejas acerca de cómo actuar en escenas de sexo. El actor Boris Kodjoe ha explicado cuáles son las que tiene con su mujer, la actriz Nicole Ari Parker. “Está la regla de no usar la lengua y la de No meter el pezón en la boca”, explicó. Tras filmar una escena en la que besaba a Kerry Washington, Scott Foley organizó una fiesta para verla con amigos y su esposa, la actriz Marika Domińczyk. “Después de la escena, hubo un silencio incómodo porque nadie sabía cómo iba a reaccionar Marika. Y ella rompió el silencio y dijo: ‘¿Por qué no traes un poco de es esa pasión a casa?’”, aseguró en The Ellen DeGeneres Show. Y cuando Rebecca Metz grabó una escena de sexo subida de tono en Maron, decidió verla junto a su marido, que no es actor. “Se rio, me abrazó y me dijo que había estado genial. No fue muy diferente a ver cualquier otro papel juntos. Sabe que a menudo me cuesta ver mi propio trabajo, siempre me siento cohibida y veo cosas que desearía haber hecho de otra manera. Así que, independientemente de lo que pudiera haber sentido, lo único que me dijo fue que lo había hecho genial y que estaba orgulloso de mí”, aseguró.

Erika Lust comenta que separar ficción de realidad es la base de la interpretación. “Nuestro trabajo consiste en hacer que algo parezca real, pero eso no significa que lo sea. Un beso en pantalla no es un beso en la vida real: es un gesto construido, consensuado, repetido, iluminado, editado. Está al servicio de la historia, no de la relación”, asegura. “Dicho esto, cada pareja tiene derecho a poner sus propios límites. Pero cuando alguien dice ‘no voy a besar a otra persona por respeto’, a mí me parece que la conversación no va solo de ficción… sino de inseguridades, acuerdos o dinámicas de pareja que van más allá del trabajo. Y eso ya es otra cosa. Y también revela algo interesante: quién puede permitirse poner esos límites sin que afecte a su carrera. Porque no todo el mundo tiene ese margen. A veces lo que se presenta como una cuestión de principios… también es una cuestión de privilegio”, explica.

Tasso considera que el problema aparece cuando el imaginario personal interfiere con esa lectura profesional. Es decir, cuando el cerebro emocional no distingue entre representación y vivencia. “No se trata de reprimir nuestros celos, sino de contextualizarlos. Es clave trabajar en tres niveles”, dice antes de enumerarlos. “En el plano cognitivo hay que entender que estamos ante una ficción performativa, no ante una infidelidad. En el emocional, es primordial identificar qué inseguridad concreta se activa (miedo a la comparación, al abandono, a la pérdida de exclusividad…). Por último hay que vincular, es decir, reforzar la comunicación en la pareja, estableciendo límites claros, acuerdos previos y espacios de validación emocional. En otras palabras, la clave no está en ‘no sentir’, sino en saber qué hacer con lo que se siente”, explica la sexóloga.

Al final, la clave para dominar los celos e incluso poder integrarlos de forma positiva radica en hablar con la pareja y en no esconder las inseguridades. Aunque la mayoría de nosotros no tendremos que dirigir a nuestras parejas en escenas de sexo ni tendremos que ver cómo se besa con otras personas en la pantalla, sí podemos aprender de quienes tienen que hacerlo por motivos laborales y recordar que lo más saludable no es no sentir celos, sino no ocultarlos.

 EL PAÍS

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