El archivo cinematográfico que recupera la memoria histórica de Costa Rica

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 Un pequeño equipo del Centro Costarricense de Cine y Audiovisual resguarda y digitaliza decenas de películas con capítulos perdidos del país centroamericano  

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La primera imagen de El negro en Costa Rica, un documental de 1977, es un primer plano de una mujer mayor de Limón, la provincia caribeña del país, que canta en criollo limonense con una voz rasposa y expresiva: “Mama, mama. Dem catch papa”. (“Mamá, mamá. Atraparon a papá”). Al escuchar esa melodía, Vania Alvarado cuenta que lloró de la emoción, conmovida y a la vez satisfecha, al ver el resultado del trabajo del equipo que ella coordina para recuperar aquel audiovisual que por décadas estuvo guardado en una bodega.

El Archivo de la Imagen del Centro Costarricense de Cine y Audiovisual —un órgano del Ministerio de Cultura dedicado a la conservación del cine nacional— lleva un lustro sumergido en la recuperación del patrimonio audiovisual costarricense y, ahora, esta importante herencia cultural está siendo puesta al alcance de todos. Al igual que El negro en Costa Rica, otros 90 documentales costarricenses producidos entre los años setenta y ochenta fueron restaurados, digitalizados y subidos a la web.

El grueso de la colección del Archivo son las obras de la llamada Producción Estatal, que corresponde a los audiovisuales elaborados por el mismo Centro de Cine —como se le conoce popularmente— a partir de 1973, cuando este órgano nació con el nombre de Departamento de Cine. La impulsora del proyecto fue la cineasta María de los Ángeles “Kitico” Moreno, quien tras hacer sus estudios en Londres convenció al Gobierno de incursionar en la producción cinematográfica y, entonces, la nombraron a ella para dirigir el proyecto.

Moreno reclutó a un grupo de profesionales de diversas disciplinas, como fotógrafos y periodistas, y los dotó con el equipo para que registraran la otra cara de la idílica Costa Rica de mediados del siglo XX, abordando temas tabú de aquel entonces como la condición de la mujer, el racismo y las luchas sociales. Los audiovisuales de aquella generación de cineastas costarricenses resuenan con el presente del país centroamericano: denunciaron el abandono de los sectores populares y señalaron las costuras del Estado de bienestar costarricense.

“De alguna forma son películas para crear una conciencia nacional. Podés ver en Wacá, la tierra de los bribríes cómo la problemática indígena del robo de las tierras no ha cambiado en nada desde 1979. O cómo en Dos veces mujer la directora Patricia Howell denunció el doble trabajo de la mujer. Nada de eso ha cambiado”, explica Alvarado, quien dirige el pequeño equipo del Archivo de la Imagen, que completan David Rodríguez, encargado de posproducción y digitalización, y Alonso Castro, archivista.

El Archivo de la Imagen nació en 1989 como una nueva dependencia del que dos años antes pasó a llamarse Centro Costarricense de Producción Cinematográfica, pero que para ese momento veía llegar el fin de sus años dorados. El objetivo del archivo era resguardar las películas producidas entre 1973 y 1989, ya que tras la crisis económica que azotó a Costa Rica en los años ochenta vinieron recortes de presupuesto que impidieron que el Centro de Cine siguiera funcionando como la productora estatal y, por tanto, continuara incomodando al poder con sus historias.

Un proceso lento y minucioso

En 2025, el Centro de Cine fue rebautizado nuevamente, y ahora lleva el nombre de Centro Costarricense de Cine y Audiovisual. Si bien nunca volvió a ser una productora, este departamento cultural vive otra vez. Al pasar la puerta principal, un gran afiche de El retorno, la primera película costarricense, de 1930, recibe a los visitantes. Al fondo del salón hay una pequeña sala de cine y, justo antes, un lobby decorado con las cámaras de película de 16 mm con las que se filmaron varios de los documentales de antaño. En la tercera planta están Alvarado, Rodríguez y Castro trabajando con los próximos rollos de película que van a digitalizar.

El último, el archivista, revisa minuciosamente el negativo de una entrevista de 1938 de Clodomiro Picado, un destacado científico costarricense. Materiales como este anteceden por décadas a la fundación del Centro de Cine, pero llegaron al Archivo de la Imagen con el paso de los años por medio de donaciones y han sido incorporados al catálogo.

Todos los materiales audiovisuales pasan por un proceso extenso, que comienza con su valoración, clasificación y descripción, para después dar paso a la limpieza y digitalización fílmica. Tras un saneamiento manual exhaustivo, donde se revisa cada metro de película con paños de microfibra y químicos específicos según el daño del soporte, el material pasa a un escáner de alta resolución que digitaliza la cinta, permitiendo calibrar la luz, corregir el color y sincronizar el sonido antes de exportar el archivo definitivo para su preservación.

“Pero no solo se trata de preservarlo digitalmente, sino que ya empieza una posproducción de la película: hay que revisar si los valores de color están correctos, si hay que editar la película, si hay que sincronizar el audio o si hay que hacer subtítulos”, detalla Rodríguez, experto en posproducción.

Ninguno de los tres miembros del equipo tiene una educación formal en restauración cinematográfica, ya que esa disciplina no se enseña en ninguna universidad costarricense. Rodríguez es productor audiovisual, Castro es archivista tradicional y Alvarado es gestora cultural. “Aprendimos con prueba y error, y mucha suerte”, afirma la coordinadora.

Hace cuatro años, se jubiló el que había sido el único encargado de resguardar el archivo durante tres décadas, William Miranda. A pesar de que eventualmente se formó en archivística cinematográfica, Miranda trabajó con recursos muy limitados para conservar el material audiovisual. Aun así, el archivista histórico logró conservar en buen estado prácticamente todas las películas y, como última herencia, consiguió que el Centro de Cine comprara el escáner con el que posteriormente se digitalizaron las obras.

La historia en una bodega

En la bodega del Centro de Cine están apiladas decenas de latas con negativos que contienen la historia de Costa Rica. Están desde las primeras películas nacionales, El retorno (1930) y Elvira (1955), hasta el material de la visita de John F. Kennedy al país en 1963, o el traspaso de poderes presidenciales de 1914, el documento más antiguo de todo el archivo.

“Esto es, por un lado, una colección de cine costarricense, y también una serie que llamamos cine de registro, que no es exactamente cine documental, sino un registro histórico. Por ejemplo, entrevistas o visitas de personajes importantes de la historia”, explica Castro. Aunque algunos materiales pueden haber perdido trozos de película o sonido, él cuenta orgulloso que casi todo el material se encuentra prácticamente completo y en buen estado.

Ahora que el equipo del Archivo de la Imagen culminó la recuperación y digitalización de la colección de documentales, la siguiente fase de su trabajo es dedicarse a otros materiales históricos no estatales que han llegado, incluso, desde los hogares de ciudadanos.

“Nos da una gran alegría descubrir estos materiales, porque es como descubrir tesoros. Cada vez descubrís algo nuevo y te vas enamorando de esta profesión y de lo que representa construir un archivo”, comenta Alvarado.

Rodríguez, como productor, compara el proceso de restaurar con el de hacer una película propia. “Cuando vos vas al cine y vas a presentar tu primera peli, conectás con cada una de las escenas, y en este caso pasa lo mismo, se vuelve algo propio. Es muy emocionante porque estás rescatando algo que tal vez pensabas que podía estar perdido o que ni siquiera sabías que existía”.

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