Semana criminal en Lyon. La elegante ciudad francesa se metamorfosea durante tres días, sus calles se inundan de asesinos, ladrones y corruptos de ficción y el mal gobierna mientras miles de lectores buscan a sus autores preferidos. Entre los más de 130 escritores invitados, dos rostros se repiten en marquesinas y publicaciones especializadas alrededor de la sede del Quais du Polar, el festival de novela negra más importante de Europa. Son dos rostros conocidos por el lector español, reyes de la república noir de las letras: Dolores Redondo y Víctor del Árbol. Ella es Premio Planeta y una de las autoras españolas más vendidas del mundo; él ganó el Premio Nadal, entre otros reconocimientos. Los dos viven, sin embargo, un idilio especial con Francia.
Los autores españoles triunfan en el Quais du Polar, el festival de ficción criminal más importante de Europa
Semana criminal en Lyon. La elegante ciudad francesa se metamorfosea durante tres días, sus calles se inundan de asesinos, ladrones y corruptos de ficción y el mal gobierna mientras miles de lectores buscan a sus autores preferidos. Entre los más de 130 escritores invitados, dos rostros se repiten en marquesinas y publicaciones especializadas alrededor de la sede del Quais du Polar, el festival de novela negra más importante de Europa. Son dos rostros conocidos por el lector español, reyes de la república noir de las letras: Dolores Redondo y Víctor del Árbol. Ella es Premio Planeta y una de las autoras españolas más vendidas del mundo; él ganó el Premio Nadal, entre otros reconocimientos. Los dos viven, sin embargo, un idilio especial con Francia.
“A este país le debo sentirme escritor, en la concepción que yo tengo de serlo. Y creo que eso tiene que ver con la tradición literaria francesa y que aquí, más allá del entretenimiento, siento que aporto algo. Más allá de la fama, de que vendas muchos libros, siento que mi opinión importa”, cuenta a EL PAÍS Del Árbol, designado Caballero de la Orden de las Artes y las Letras en 2017. Es un viernes espléndido de sol y los lectores acuden en masa al festival, compran toneladas de libros (algunos cargados en carros de la compra o maletas con ruedas), las librerías dispuestas en el vestíbulo del imponente Palais de la Bourse rebosan, los fans aguardan con paciencia su turno con su autor preferido. Redondo se incorpora a la conversación después de una primera ronda de tres horas de firmas. A los dos les espera un fin de semana estajanovista: conferencias, encuentros con los lectores… Es el ritmo de un festival que no hace prisioneros: en esta 22ª edición están previstos 250 actos públicos, hasta seis a la vez, en tres días. El aficionado tiene que elegir, y no parece importarle.
Caminos diferentes han caracterizado las dos carreras de fondo de estos autores hacia el reconocimiento en Francia. Del Árbol triunfó en 2012 con su segunda novela, La tristeza del samurái, Prix du Polar Européen (la mayor distinción del festival) y un éxito instantáneo de ventas. Publicado desde entonces en Actes Sud, su presencia ha sido constante, el flujo de lectores también. Redondo, autora perteneciente a la mítica Série Noire de Gallimard, resume así su experiencia Lyon, un recorrido que se puede ampliar a todo el mercado francés: “Lo que más me gusta es cómo ha cambiado la historia de los lectores y con ellos la mía. Me acuerdo del primer año, cuando no me conocía nadie y se acercaban tímidamente, cariñosos, correctos, pero había una distancia porque todavía no me habían leído. Ahora llegan muy emocionados, tienen historias que contar, mis libros los han leído familias enteras, han ido al Baztan [escenario central de la trilogía que la lanzó a la fama], estamos unidos”.
En novela negra, como ellos tienen mucha tradición y llevan un recorrido muy amplio, son además más sofisticados en cuanto a lo que buscan, piden un pelín más, media vuelta de tuerca
Dolores Redondo
Todo autor adora a sus lectores, o como mínimo los necesita, pero el caso francés es particular. “En novela negra, como ellos tienen mucha tradición y llevan un recorrido muy amplio, son además más sofisticados en cuanto a lo que buscan, piden un pelín más, media vuelta de tuerca”, resume Redondo, quien tiene en su haber dos premios otorgados por comunidades lectoras: el de la revista Elle (2021) y el 813 (2025), organizado por un grupo de aficionados al noir especialmente exigentes y exquisitos. “Más que opinar, tienen una visión crítica y a mí me gusta mucho. No te dicen si les ha gustado tu novela o no, te la desgranan. Son más exigentes y eso te exige más a ti”, completa Del Árbol.
Vuelta a la tarea de las firmas, las sensaciones se multiplican. Ha dado la casualidad de que los dos se sitúen en puestos aledaños, separados solo por una montaña de ejemplares de sus libros. Una lectora que no conoce a Redondo apuesta por Esperando al diluvio, aconsejada por quien la precedía en la fila, una mujer que traía las obras completas de la autora donostiarra para que se las dedicase. “Lo que más me gusta de Dolores es lo misterioso. Y el hecho de que sea un universo en el que perderse. Leí la Trilogía del Baztan y ahora estoy con la otra”, relata Christine con un ejemplar de Las que no duermen en sus manos.

En una esquina un poco apartada, mientras busca el mejor ángulo para una foto, Henriette, una seguidora “de siempre” de Del Árbol, cuenta su historia de amor con el autor de Las buenas intenciones: “Me encanta la perspectiva histórica, lo que se aprende sobre la guerra de España y las dificultades que ha tenido la gente y sobre todo esos conflictos sin resolver, el odio que viene de los años de Franco. Él explica muy bien el dolor que guarda la gente dentro y que no terminan de sobrellevar. Creo que es muy emocionante. Y creo, quizás esto sorprenda, que hay cierto romanticismo en algunos de sus personajes”.
Las emociones son el nexo de unión de estos dos autores, que comparten editorial en España (Destino) y que son tan diferentes en casi todo lo demás. Redondo lo tiene claro: “Hay una frase de Víctor que dijo hace años sobre los escritores que ponemos mucha emoción en lo que estamos narrando y que estableció dónde está el equilibrio: en no hacer nunca pornografía de las emociones, ahí está el límite. Creo que el lector lo percibe, creo que ahí es cuando sabe que eres veraz”. Del Árbol asiente, la sintonía es perfecta, como el día, que toca poco a poco su fin. “Somos dos personas muy apasionadas en la vida y eso lo trasladamos a la escritura”, remata.
Queda un asunto, quizás el más espinoso y recurrente, aquel que desde tiempos inmemoriales cuestiona la relación entre la ficción criminal y la literatura. Del Árbol, siempre beligerante con este tema, ataca: “La novela negra tiene hoy en día una exigencia no solo ya ética, que siempre ha tenido, sino también literaria. Siempre he defendido lo mismo: cualquier género es un vehículo para cosas más profundas. Creo que eso ya se ha entendido y solo tienes que ver aquí el tipo de escritores a los que se rinde culto: gente como Pierre Lemaitre o Nicolas Mathieu, que hace unos años era imposible pensar que pudieran ganar un premio literario como el Goncourt”.
En las escaleras de acceso al Palais de la Bourse una mujer reconoce a Del Árbol y se detiene. “Lo descubrí en 2023 y me encanta. Y Dolores Redondo también”, cuenta, entusiasta, mirada cómplice, en un español chapurreado. Aquel año el país invitado fue España. Ellos ya estaban, y ahí siguen, reyes por tres días de la república de las letras criminales.
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