
Se llama Ilustración Oscura (o Neorreacción) a las ideas que pretenden acabar con la democracia e instaurar un régimen tecnofeudal en el que los estados sean manejados al modo de corporaciones lideradas por un CEO monarca. Suena a ciencia ficción, pero es lo que proponen algunos magnates de Silicon Valley, como Peter Thiel, aupado en oscuros teóricos como Curtis Yarvin o Nick Land.
El ensayista argumenta contra los tecnooligarcas que, bajo ideas utópicas, esconden una ofensiva anarcocapitalista. Se puede leer en ‘Contra la Ilustración Oscura’ (Arpa)
Se llama Ilustración Oscura (o Neorreacción) a las ideas que pretenden acabar con la democracia e instaurar un régimen tecnofeudal en el que los estados sean manejados al modo de corporaciones lideradas por un CEO monarca. Suena a ciencia ficción, pero es lo que proponen algunos magnates de Silicon Valley, como Peter Thiel, aupado en oscuros teóricos como Curtis Yarvin o Nick Land.
A combatir esas ideas, y a rescatar las figuras de Nietzsche o Marx de las corrientes de la derecha aceleracionista, se dedica la nueva obra de Carlos Fernández Liria, Contra la Ilustración Oscura (Arpa). Fernández Liria (66 años, Zaragoza), que comparece en Lavapiés con su perrita Lasca, muy maja, dice que no le gusta cumplir años y lo cierto es que lleva unos cuantos enseñando filosofía en la Universidad Complutense de Madrid.
En otros tiempos fue guionista de La Bola de Cristal, junto con su amigo Santiago Alba Rico. Y sigue siendo un fiel defensor de las letras de la banda punk La Polla Records. “Siempre he sido admirador de Evaristo, ya en su momento escribí que eran los únicos que estaban haciendo historia de la filosofía en todo el mundo: sus canciones eran irreprochables”.
Pregunta. ¿Qué es la Ilustración Oscura?
Respuesta. Una cosa es lo que dicen que es, los planes de superar al ser humano, de alcanzar la inmortalidad, de establecernos en Marte o en paraísos digitales en la red… Pero yo creo que es una ofensiva anarcocapitalista: mientras llegan esas utopías están aplicando las recetas de la extrema derecha mundial. Trump, Argentina… Todo se resume en las motosierras de Javier Milei y de Elon Musk. Recortes al estado del bienestar, a cualquier regulación estatal, suprimir la educación pública, la sanidad pública, el derecho laboral… Lo más grave y profundo: acabar con todas las instituciones republicanas pensadas por el proyecto político de la Ilustración.
P. ¿Trump está enterado?
R. No creo que lea a Nick Land porque no lo entendería, de hecho nadie le entiende porque es un pensador que hace gala de su oscuridad. Se entiende mejor cuando Curtis Yarvin se quita la careta y empieza a hablar de medidas racistas, golpes de estado o de suprimir la ONU y todas las instituciones internacionales. Pues 66 de ellas ya han sido abandonadas por la Casa Blanca.
P. O sea, que sigue las directrices de la Neorreacción.
R. Es un programa que va ganando. Se creen reyes filósofos, el oráculo de Delfos, porque tienen todo el dinero del mundo para cumplir sus profecías.
P. La Ilustración está continuamente en solfa: vuelven las creencias y supersticiones, la Ilustración Oscura… Hay quien dice que lo woke niega la Ilustración, hay quien dice que la amplía… En cualquier caso, la Ilustración está en la conversación.
R. Ojalá lo estuviera más. Yo llevo toda mi vida intentando desarrollar, también junto a Luis Alegre, una lectura republicana de Marx, es decir, entender a Marx desde la perspectiva de la Ilustración. Se trata de compartir los medios de producción para reducir la jornada laboral y así llegar al “reino de la libertad”. Para mí esa es la verdadera realización del programa político de la Ilustración, que fue derrotado a sangre y fuego.
P. ¿Cómo?
R. Por ejemplo, los que guillotinaron a Robespierre en la Revolución Francesa fueron los traficantes de esclavos, los partidarios de la esclavitud en las colonias. Y Robespierre, el jacobinismo, había dicho: “Perezcan las colonias antes que renunciar a un principio”. Según la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, había que liberar a los esclavos (y, por tanto, perder las colonias). Robespierre, además, defendía el “derecho a la existencia”, que hoy sería la Renta Básica que te permitiría no depender del mercado laboral.

P. ¿Qué implicaciones tiene esa independencia?
R. Quien depende del mercado laboral no es un ciudadano, sino un proletario. Garantizar la independencia civil de la población era un proyecto ilustrado, pero esa fraternidad fue eclipsada por el triunfo de la burguesía. Ahora llamamos ciudadanos a los proletarios, cosa que ni la ilustración de izquierdas ni de derechas hubieran aceptado.
P. Esto de llegar al liberalismo a través del marxismo a muchos les sonará rarísimo.
R. Sí, eso ha pasado. Pero podemos ver a Marx, no como un pensador antiliberal, sino como el que verdaderamente se tomó en serio el proyecto político liberal, el liberalismo ilustrado, no el económico. El que quiere dar libertad a las personas y no al dinero, que es lo que se hizo en el siglo XX. Como dijo Eduardo Galeano, se ha encarcelado a mucha gente para que el dinero sea libre.
P. ¿El socialismo real es el estado de bienestar?
R. Sí, ¿por qué no? Es la gran excepción del siglo XX. Se demostró que el socialismo era compatible con la división de poderes y con el orden constitucional moderno. Eso sí, gracias a un intercambio desigual con el Tercer Mundo, eso es lo que habría que remediar, lo que quedó pendiente. Pero De Gaulle cargó a las grandes fortunas con un 96% de impuestos. Eso es hoy una utopía irrealizable.
Podemos ver a Marx, no como un pensador antiliberal, sino como el que verdaderamente se tomó en serio el proyecto político liberal, el liberalismo ilustrado, no el económico.
Carlos Fernández Liria
P. En la vida cotidiana entendemos republicanismo como la ausencia de monarquía. Pero es algo más amplio.
R. Evidentemente. Identifico el programa republicano con unas instituciones a la medida de la ciudadanía y data de Sócrates, Platón y Aristóteles. Tiene que ver con que haya tiempo libre para la república. Ya decía Jenofonte que el trabajo ocupaba todo el tiempo y que no quedaba tiempo libre para la república y para los amigos. La república necesita ante todo del tiempo libre de la población, para crear instituciones en las que se pueda participar. Y un pueblo capaz de argumentar, que llegue a acuerdos a los que llamamos razón.
P. A pesar de todo, es aceptado que nuestro mundo es hijo de la Ilustración.
R. Es una ficción y una impostura. El capitalismo se ha vestido con esos ropajes ilustrados eludiendo el tema de las condiciones materiales, que no le conviene a la burguesía. Aún así es una ficción con efectos: gracias a ella seguimos teniendo, mal que bien, una educación pública, una sanidad pública, un derecho laboral… Si suprimes esa ficción aparece la motosierra anarcocapitalista.
P. Por cierto, Mike Carney, primer ministro de Canadá, dijo en el Foro de Davos —en un contundente y aplaudido discurso— que se había caído la ficción del orden internacional.
R. Es un caso similar: es mejor vivir con la ficción de que existe la ONU, aunque sea impotente, que vivir en un mundo sin ONU. A eso nos encaminamos ahora que Trump quiere puentear a las Naciones Unidas con esa especie macroempresa, la Junta por la Paz, para reconstruir países en crisis, empezando por Gaza. Ahora es como en la frase de Tucídides: los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben.
P. ¿Son compatibles los superricos con la democracia?
R. Se la pueden cargar cuando quieran. Es la historia del siglo XX: siempre que los resultados no han convenido a los superricos, se han pagado un golpe de estado a medida. En España Juan March, banquero y contrabandista, financió el golpe de Franco. Eso es un modelo: las grandes desigualdades económicas siempre han sido incompatibles con la democracia. Dice Evgeny Morozov que estas grandes fortunas distorsionan los límites físicos de la realidad. La fortuna de Peter Thiel o Marc Andreessen distorsionan la realidad económica y política. Establecer ahí una república es como intentar aplicar las leyes de Newton a un agujero negro: es una causa perdida.
El capitalismo se ha vestido con esos ropajes ilustrados eludiendo el tema de las condiciones materiales, que no le conviene a la burguesía.
Carlos Fernández Liria
P. ¿Confundimos innovación con progreso?
R. Soy gran defensor del término progreso, creo que es el hilo conductor más interesante de la historia de la filosofía. Siempre y cuando sea progreso moral de la humanidad. O jurídico; la capacidad de dotarse de leyes cada vez mejores. Llamar progreso al progreso tecnológico es algo gratuito y contingente: no estamos seguros de que nos haga más libres o más humanos. No estoy seguro de que el teléfono móvil o las redes sociales me hayan hecho más feliz.
P. Una queja de los tecnooligarcas es que no tomamos suficientes riesgos.
R. Steve Bannon, que es de la extrema derecha, pero tradicionalista, dice que las grandes fortunas de Silicon Valley apoyaron a Trump por miedo a la regulación de la IA. Viendo que estos señores tienen planes utópicos, que quieren alcanzar la inmortalidad para ellos mismos, lograr el superhombre sobre una población sobrante, uno lo que piensa es que la IA está demasiado poco regulada. La tecnología no tiene por qué agotar sus posibilidades, muchas veces hemos contenido los avances tecnológicos de la humanidad. Por ejemplo, con las centrales nucleares. Podemos pensar sobre la tecnología antes de llevarla a cabo.
P. Eso de la población sobrante suena inquietante.
R. El mamarracho de Curtis Yarvin, ideólogo de la Ilustración Oscura, ha bromeado con utilizar a la población en biodiesel, o conectarla a un interfaz para que crean que son felices, como en Matrix. Porque, también lo dice Bannon, parece que estos funcionan con las películas de ciencia ficción, parece que estén jugando a Dragones y Mazmorras.
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