En Abiyán hay un cuarto donde el tiempo se guarda en vinilo, en fotografías antiguas y casetes. En la segunda planta interior de un edificio cualquiera, de tantos que rodean el histórico mercado de Cocovico fundado por mujeres, la ciudad guarda uno de sus mejores secretos: el Baoulécore Archive Center. Un archivo independiente, fundado en 2023, que recoge la memoria histórica musical tanto de Costa de Marfil como de África y sus diásporas. Más de 1.500 discos y 1.000 casetes, junto a fanzines, fotografías y objetos insólitos, representan la perseverancia del artista pluridisciplinar marfileño y fundador del Centro, Cédric Kouamé (34 años, Treichville), para evitar que la memoria de su tierra caiga en el olvido.
La colección reunida por el artista marfileño Cédric Kouamé conserva décadas de historia sonora a través de discos, publicaciones, imágenes y documentos que confrontan los relatos coloniales, en los que la música tradicional solía quedar marginada
En Abiyán hay un cuarto donde el tiempo se guarda en vinilo, en fotografías antiguas y casetes. En la segunda planta interior de un edificio cualquiera, de tantos que rodean el histórico mercado de Cocovico fundado por mujeres, la ciudad guarda uno de sus mejores secretos: el Baoulécore Archive Center. Un archivo independiente, fundado en 2023, que recoge la memoria histórica musical tanto de Costa de Marfil como de África y sus diásporas. Más de 1.500 discos y 1.000 casetes, junto a fanzines, fotografías y objetos insólitos, representan la perseverancia del artista pluridisciplinar marfileño y fundador del Centro, Cédric Kouamé (34 años, Treichville), para evitar que la memoria de su tierra caiga en el olvido.
En la penumbra del archivo hay un asiento, un banquito y diversos aparatos para escuchar casetes y vinilos. El lugar es pequeño, acogedor, con un toque retro, y sus paredes, cubiertas de artistas, invitan a pasar largas horas escuchando la infinitud de la música que ahí se conserva. Su apuesta es tan simple como radical: sin archivo no hay relato, y sin relato propio, la historia de un país termina siendo la que otros decidieron contar por él. En un continente donde gran parte del patrimonio se ha perdido o ha sido robado, Baoulécore se ha convertido en un lugar de paso entre memoria musical, creación contemporánea y transmisión cultural. Recibe artistas, investigadores, DJs y curiosos que acuden a este espacio para escuchar, hurgar y colaborar.
“Para mí, la historia no está contada, porque en un continente en el que la memoria es oral, se pierden muchas cosas, a veces de forma voluntaria, a veces no. Solo a través de los discos, casetes, etc., es posible recuperar lo que ha sido olvidado o borrado!
Cédric Kouamé, artista y fundador del Baoulécore Archive Center
“Para mí, la historia no está contada, porque en un continente en el que la memoria es oral, se pierden muchas cosas, a veces de forma voluntaria, a veces no. Solo a través de los discos, casetes, etcétera, es posible recuperar lo que ha sido olvidado o borrado”, explica Kouamé. El artista ha construido su archivo vinilo a vinilo, con sus propios medios, durante los últimos 14 años. A fuerza de visitar radios, casas privadas, de responder a avisos de que una familia iba a tirar su colección de fotos, vinilos o revistas viejas, Kouamé ha ido comprando y rescatando gran parte del patrimonio marfileño. Una labor que le ha permitido también confrontar los relatos coloniales de su propio país, en los que la música tradicional solía quedar marginada, cuando no abiertamente despreciada.
En este pequeño cuarto, donde no caben más de cinco personas, el Baoulécore Archive Center permite descubrir a los visitantes la música afrocubana creada en Guinea en la época poscolonial, la música electrónica marfileña de los años ochenta o incluso los discos más importantes de su propia etnia, Baoulé, en un entorno analógico, íntimo y accesible, en el que la música se escucha con tiempo y el tiempo se detiene con ella.
“Los archivos populares, como el del señor Kouamé, son muy valiosos porque documentan la historia cultural vista por y para los propios marfileños, a través de la música popular que ha marcado el ritmo de su vida cotidiana”, explica Marie Madeleine Beda, investigadora independiente y doctora en musicología por la Universidad Félix Houphouët-Boigny de Abiyán. El compromiso del artista es particularmente estimable en un país en el que no existe un verdadero centro nacional que se dedique a esa tarea, estima Beda. “Por lo general, la conservación de los archivos sonoros populares requiere importantes recursos técnicos y financieros para la digitalización, la conservación, y la gestión de derechos; unos medios de los que disponen pocas instituciones en todo el mundo, no solo en Costa de Marfil”, señala.
“Por lo general, la conservación de los archivos sonoros populares requiere importantes recursos técnicos y financieros para la digitalización, la conservación, y la gestión de derechos; unos medios de los que disponen pocas instituciones en todo el mundo, no solo en Costa de Marfil”
Marie Madeleine Beda, investigadora independiente y doctora en musicología por la Universidad Félix Houphouët-Boigny de Abiyán
“Hace años compré un casete sin saber lo que era, y un señor nigeriano que vino a visitar el centro hace poco me explicó que se trataban de cuentos narrados por Griots [narradores y guardianes de la tradición oral] antes de la guerra de Biafra [la guerra civil de Nigeria, entre 1967 y 1970]. Me pareció súper interesante, porque justamente ese tipo de cosas son las que se pierden”, cuenta Kouamé. Las visitas gratuitas que organiza el Centro se han convertido también en un espacio de intercambio entre visitantes y archivistas, que comparten información y datos curiosos en torno a la colección.
Kouamé se dedica a tiempo completo a las visitas guiadas, divulgación en redes sociales, jornadas enteras en busca de archivos nuevos y sesiones de escucha. También organiza noches temáticas en las que ejerce de curador musical y DJ, para democratizar la riqueza de la música marfileña y dar a conocer su valor histórico.
Sin embargo, el centro comienza a tener sus limitaciones. “Hay muchas cosas que me gustaría hacer pero no he podido porque el espacio es demasiado pequeño”, admite. Para Kouamé, el objetivo nunca fue hacer un archivo solo de música y sus próximos pasos pasarán por encontrar un lugar más amplio donde cada formato ―música, fanzines, fotografías, etcétera,― tenga su propio espacio.
El interés de Kouamé por rescatar ese patrimonio musical nació en 2012, cuando, desde su pequeña habitación de estudiante, descubrió una radio en línea de Los Ángeles de aquellas que tenían un chat en vivo. “La música que ponían me flipaba; toda aquella escena del neo soul de los noventa en la que a veces invitaban a artistas y productores, que explicaban de dónde procedían los samples [los fragmentos de grabaciones que incorporaban a sus temas] que utilizaban”, recuerda. El artista, que en aquella época comenzaba sus estudios universitarios en Francia, apuntaba todo en una pequeña libreta y se iba a las tiendas de discos a preguntar por las fuentes originales de esos samples. “Y como las muñecas rusas que abres una y sale otra, fui descubriendo que esas referencias musicales me llevaban hasta aquí, a África”, cuenta.
Kouamé comenzó entonces a comprar vinilos porque quería hacer música. Como todo principiante, buena parte de sus primeras experiencias no fueron precisamente un éxito. “Muchos se ríen hoy de los malos vinilos que me vendieron en aquella época, pero yo estoy super contento,Así, en ese camino de volverse coleccionista y archivista, también encontró un nuevo arte: el de buscar y encontrar. Y poco a poco, en sus salidas de rescatista de vinilos, fue desarrollando una habilidad para detectar joyas. “Es como quien va al mercado todos los días, versus quien va una vez por semana. Uno acaba desarrollando una habilidad para saber cuáles son los mejores tomates, de qué zona vienen… ”, explica entre risas.
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